ORANDO JUNTOS

por Ray C. Stedman


Esta es la séptima de esta serie sobre la oración. Es posible que algunos de ustedes se estén diciendo: "¿Cuánto tiempo tendré que esperar, Señor, cuánto tiempo? Si es así, me siento tentado a responder con el relato del predicador, que era nuevo en su iglesia, y su congregación se sintió profundamente conmovida por él. El domingo siguiente por la mañana predicó exactamente el mismo mensaje y la congregación se preguntó por qué y al tercer domingo volvió a predicar de nuevo el mismo mensaje. Después de esto, el comité de diáconos le esperó a la salida y le preguntaron si no tenía ningún otro mensaje y él les respondió que sí, que tenía muchos. El comité le preguntó entonces ¿cuánto tiempo va a estar usted predicando acerca del robo? a lo que les contestó "voy a continuar haciéndolo hasta que dejen ustedes de robar y cuando lo hagan entonces cambiaré mi mensaje.

No estoy intentando hacer algo por el estilo con el tema de la oración, puesto que me he sentido animado por el número de personas que han comenzado a asistir a las reuniones de oración semanales en las casas y en la iglesia, pero sí estoy intentando explorar, con la gracia de Dios, algunos de los tremendos secretos de la oración, especialmente aquellos que nos fueron revelados por el propio Jesús, el Mesías.

Quisiera que leyésemos el capítulo 18 de Mateo en relación con el tema de hoy sobre la oración, comenzando por el versículo 18. Jesús dijo al concluir su palabra acerca de los problemas y la disciplina en la iglesia:

¡Estas palabras casi nos asustan! porque nos revelan lo más atractivo, pero al mismo tiempo lo mas temible acerca de la oración, que es su autoridad. La oración es algo muy poderoso. "La oración ha dividido ya los mares y ha arrastrado los ríos que fluyen, ha hecho que rocas de pedernal broten a chorro creando fuentes, ha apagado las llamas del fuego, ha cerrado las fauces de los leones, ha desarmado a víboras y a anulado el efecto de los venenos, ha formado a la estrellas en contra de los malvados, ha detenido el curso de la luna y ha arrastrado al sol en su carrera, ha abierto de golpe las verjas de hierro y ha llamado a las almas de la eternidad, ha conquistado a los mas fuertes demonios y ha mandado a legiones de ángeles que desciendan de los cielos. La oración ha puesto freno y encadenado las más desenfrenadas pasiones de los hombres y ha destruido a inmensos ejércitos de orgullosos, atrevidos y violentos ateos. La oración ha traído a un hombre de las profundidades del océano y ha transportado a otro al cielo en un carro de fuego. Eso no es sencillamente una hipérbole, sino un hecho histórico. La oración ha realizado además muchas otras importantes cosas, porque es una fuerza imponente y poderosa en el mundo de los hombres.

Pero, como es natural, es preciso entender muy bien una gran potencia, o de lo contrario puede ser sumamente peligrosa. Hace una serie de años el Sr. George Speaks, que estará exponiendo los Sermones de la Ciencia en la Feria Mundial de Nueva York este verano, estuvo aquí en Palo Alto. En una ocasión, cuando los dos estabamos solos colocando una parte de su equipo en la plataforma, le pregunté si me permitiría situarme sobre cable del cual fluirían un millón de voltios de electricidad por todo mi cuerpo y encenderían una linterna que tenía en la mano, como él hizo en su demostración. Me miró y me dijo: "Bueno, no me importa, pero pasa una cosa. Estaría bien si todo saliese como es debido, pero si algo falla y no sabe usted qué hacer, podría ser realmente desastroso. De algún modo, eso tuvo un especial efecto sobre mi, de modo que renuncie a la idea después de su argumento.

En este pasaje de las Escrituras, hemos visto en estos versículos tres aspectos muy reveladores acerca de la oración, que reflejan la gran autoridad que tiene la oración por todo el mundo.

En el versículo 18 vemos que la oración es una autoridad que funciona como un misterio:

Atar y desatar, leyendo estas palabras, suena casi como si se tratase de magia, ¿no es cierto? En los cuentos de hadas que leemos cuando somos pequeños siempre hay algún objeto mágico, una lámpara, un anillo o una palabra mágica que, una vez que la persona la posee, puede hacer las cosas mas extrañas. Puede convertir a las personas en sapos u otros animales, puede hacer un hechizo o encantamiento, creando de inmediato castillos y puentes o cualquier otra cosa que se necesite. Podía viajar sobre una alfombra o incluso sobre el viento y, en general, comportarse de una manera totalmente extraordinaria. En este sentido, por lo menos, la oración es realmente como si fuese magia. Porque lo que, sin duda, está diciendo nuestro Señor es que es posible para los seres humanos corrientes, como usted y yo, ejercitar el extraordinario poder de la oración y que el cielo, en cierto sentido, ratifica lo que se hace en la tierra, que nos pondríamos en contacto con el mundo más allá de esta tierra corriente, que es visible para nuestros sentidos.

Esto es, sin duda, lo que quiso decir haciendo uso del contraste que existe entre el cielo y la tierra en este versículo e indudablemente debemos tomarnos estas palabras muy en serio. Nos damos perfecta cuenta de que la oración no es magia, que no podemos hacer lo que se nos apetezca, actuando caprichosamente y transformando a las personas en toda clase de extraños objetos. Existen limitaciones respecto a la oración, algo que examinaremos a lo largo de este estudio. Pero creo que lo primero que debemos hacer es entender lo que quiso decir Jesús al referirse al cielo y a la tierra. Con frecuencia se mal interpreta este versículo porque no acabamos de entender su significado, especialmente lo que quiere decir respecto al cielo. ¿Qué es el cielo y dónde está?

El tener que hacer semejante pregunta pone de manifiesto una mala interpretación básica de lo que es el cielo, porque con harta frecuencia pensamos en él en términos de espacio. Es decir, la tierra está "aquí abajo y el cielo está "allí arriba en alguna parte. Como es natural, los rusos, le han sacado partido a este concepto. Dicen que han lanzado a sus cosmonautas al espacio para buscar el cielo, pero que no lo han podido encontrar. No había ninguna señal de él "allá arriba, por lo que llegaron a la conclusión de que sencillamente no existía. Nosotros decimos: "qué lamentable que los hombres sean tan ignorantes como para pensar que podrían ver el cielo como si de algo físico se tratase. Pero me temo que también nosotros demostramos la misma debilidad, en cuanto a nuestra manera de pensar acerca del cielo, porque con frecuencia interpretamos este versículo como si el Señor estuviese diciendo que aquí abajo en la tierra se nos conceden ciertos poderes para atar y desatar y Dios, allá arriba en el cielo, está obligado a ratificar nuestras acciones y estar de acuerdo con ellas.

La doctrina católica del perdón se basa en este concepto. Dicen que la Iglesia Católica tiene poder, gracias a lo que dice este versículo, para perdonar los pecados y cuando el cura dice "Absolvo te (tus pecados te son perdonados) Dios, en el cielo, debe perdonar los pecados sobre la base de este versículo.

Por desgracia, este es el resultado de una manera equivocada de pensar respecto al cielo. El cielo no se determina espacialmente, no está "allá arriba mientras nosotros estamos "aquí abajo ni tampoco podemos pensar en él en términos de tiempo. Pensamos en la tierra como ahora, es decir, esta vida y el cielo después, mas adelante, pensando que el cielo es lo que viene después de la muerte, pero no creo que las Escrituras se refieran a él en ese sentido. Es cierto que el cielo existe después de la vida, pero lo que nuestro Señor Jesús está diciendo aquí es que el cielo existe al mismo tiempo que existe la tierra, ambos son parte de esta vida. Esto es más que decir que las decisiones que tomamos en esta vida producen resultados decisivos en el cielo después de la muerte. Esto es cierto, como es natural, pero no es lo que está diciendo aquí. Lo que está diciendo es sencillamente que el cielo es el reino silencioso, invisible y espiritual, que se encuentra a todo nuestro alrededor, que nos rodea, que nos circunda, que nos abraza, esperando que lo reconozcamos. Cuando entramos en el reino de los cielos reconocemos dicho reino, creemos en él, actuando conforme a su realidad. En las bienaventuranzas Jesús nos dio la clave respecto a lo que es entrar en él. "Bienaventurados los pobres de espíritu porque de los tales es el reino de los cielos. (Mat. 5:3). La tierra, como opuesto al cielo, es el mundo de los sentidos, nosotros tomamos, sentimos, vemos y nos valemos de los cinco sentidos. El cielo no es sencillamente algo futuro, el cielo también es presente y es tan real como lo es la tierra. Es paralelo a nuestro conocido mundo físico, nos está diciendo Jesús, y las puertas entre ambos mundos están abiertas.

Este versículo afirma que existe una correspondencia entre el cielo y la tierra. El mundo exterior de tiempo, espacio, acontecimiento e historia, con el que estamos familiarizados no es mas que un reflejo del mundo interior, de ese mundo invisible que está a todo nuestro alrededor, que es el mundo espiritual de Dios. En otras palabras, en cierto modo la tierra es un reflejo del cielo. Pero nosotros no podemos ver ese mundo interior con nuestros sentidos físicos, todo cuanto vemos es su reflejo en el mundo externo de la historia. Viene a ser algo así como la parte posterior de nuestra cabeza, que no hemos visto nunca. Todo lo que podemos ver es solo el reflejo de ella cuando el barbero coloca un espejo delante de nosotros después de habernos cortado el pelo. Entonces podemos vernos la parte de atrás de la cabeza, no de hecho, sino como un reflejo. Solo vemos una imagen de ella.

En muchos sentidos, la filosofía cristiana de la historia es sencillamente eso. Los acontecimientos que aparecen en nuestros periódicos diarios, acerca de los cuales leemos esta mañana, son sencillos reflejos de lo que ha sucedido en el mundo invisible del espíritu, en el cielo, por así decirlo, que está en nuestro interior y a nuestro alrededor. Y lo asombroso es que Jesús está diciendo aquí que las cosas invisibles que suceden en el cielo, que se reflejarán en la tierra, no se determinan en el cielo, sino en la tierra, en el corazón de un creyente que ore. "Lo que atéis en la tierra será atado en el cielo. Lo que usted ate en esta vida exterior que tenemos, en esta vida consciente, en contacto con las cosas de los sentidos, se determinará en ese mundo invisible y hallará de nuevo su reflejo en la tierra, en las cosas de esta vida.

Sin duda esto es un gran misterio y no creo que ninguno de nosotros alcance a comprender exactamente por qué Dios espera hasta que los creyentes oren antes de empezar a hacer lo que pretendía hacer desde el principio, e incluso anunció que haría, pero el hecho indiscutiblemente es ese, que eso es lo que él hace. Espera hasta que alguien ore antes de entrar en acción. Leemos que cuando Daniel, siendo ya anciano, leyó el relato de Jeremías acerca de la cautividad babilonia, que iba a tocar a su fin, habiendo seguido su curso durante setenta años, Daniel se sintió movido a orar con poder para que Dios enviase de nuevo a Israel a los que estaban cautivos en Babilonia. ¡Pero aquellos cautivos no comenzaron a regresar hasta que Daniel no oró! También ha quedado constancia de este principio en la Epístola de Santiago, donde se nos dice: "No tenéis porque no pedís. (San. 4:2) Es así de sencillo. Dios espera hasta que le pedimos antes de hacer algo.

Como ustedes saben, en nuestro Gobierno de los Estados Unidos existen ciertos poderes que denominamos poderes para atar y desatar, que se le conceden al Presidente y solo a él. Por ejemplo, solo el Presidente puede firmar tratados con potencias extranjeras y, de ese modo, unir esta nación a otra. No existe ningún otro individuo en nuestro gobierno que esté autorizado a poner su firma a un tratado y hacer que tenga efecto. Solamente el Presidente puede desencadenar la potencia atómica de esta nación. Tan importante es el asunto de decidir enviar los grandes misiles a surcar el espacio que el poder para realizarlo ha sido delegado a un solo hombre, al Presidente de los Estados Unidos. Además, solo el Presidente puede perdonar a ciertos criminales y librarles de la pena que exigía la ley. Solo él puede hacer semejante cosa. Toda la nación puede, bajo ciertas circunstancias, desear que el Presidente actúe de ese modo y puede ejercer una gran fuerza moral sobre el hombre que ocupa el puesto para que actúe, pero hasta que el Presidente no actúa no se puede hacer nada.

Jesús nos está diciendo aquí que Dios ha concedido poderes para atar y desatar a cada uno de los creyentes y hasta que no los usamos, no sucede nada. A nosotros nos han sido dado los poderes para atar y desatar, y en el ámbito de nuestra vida personal son casi absolutos.

Dios nos ha dicho que tenemos poder para atar toda forma de maldad en nuestras vidas. No hay nada que tenga que tener dominio sobre nosotros. "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros dice Pablo, "porque no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Rom. 6:14). Por gracia tenemos el poder necesario para atar toda fuerza de maldad, toda autoridad contraria, en nuestro interior.

En el capítulo diez de Segunda Corintios, Pablo deja claro que la lucha que tenemos no es contra carne ni sangre, sino que tiene un sentido espiritual. Estamos luchando contra autoridades y poderes del mal en los lugares celestiales. Pero tenemos el poder para controlarlas en nuestra vida, considerándonos muertos al pecado y vivos en Dios.

Es mas, tenemos la capacidad para desencadenar todo el enorme poder de los recursos del Espíritu en nuestra propia vida. Ninguno de nosotros tiene excusa para no ser todo lo que Dios quiere que seamos, ni uno solo. Alguien ha dicho con razón que somos todo lo victoriosos que deseamos ser. Poco importa lo que haya sido usted, no importa lo débil que haya sido, lo que haya fracasado, lo vacilante, ha sido usted exactamente lo victorioso que ha querido ser, porque nos ha sido concedido el poder en Jesús el Mesías, para poder atar toda fuerza que se oponga, cada uno de los motivos malvados en nuestra vida, y para desencadenar todo el poder del Espíritu por medio de nosotros, y no solo en nuestras vidas, sino también en las de otras personas.

Ese es el significado de la oración intercesora. Podemos ayudar muchísimo a otras personas orando por ellas, para que se levanten o caigan, según sea el caso. Con frecuencia he visto como personas jóvenes que al principio de su experiencia como creyentes han caído en la apatía y la indiferencia, han dejado de interesarse en los valores espirituales y gradualmente se han dejado llevar por una vida vulgar, dejándose arrastrar por malos vicios, por principios morales degenerados y luego, de repente, han empezado a cambiar, de la noche a la mañana. Su actitud ha cambiado radicalmente y han dejado atrás la fase por la que han pasado y han empezado a interesarse de nuevo en las cosas espirituales y a crecer espiritualmente. Una nueva luz ha iluminado sus semblantes, su rostro y sus ojos y han adoptado una nueva actitud, cambiando totalmente. No he visto nunca que suceda algo así sin que, antes o después, se descubra que alguien se había preocupado por esa persona joven y había empezado a orar por ella. Es posible que nunca se lo mencionen a nadie mas, pero se produce un cambio absoluto en el ambiente que rodea a la persona por la cual están orando. Es por eso que Pablo dice: "orad por nosotros, para que la palabra del Señor se difunda rápidamente y sea glorificada, así como sucedió también entre vosotros. Al leer estas palabras, acerca de atar y desatar, nos damos cuenta de que a pesar de que no acabamos de entenderlas del todo, sin embargo, resulta aparente que la oración tiene autoridad, una autoridad que actúa de modo misterioso. Es el eslabón que nos une con ese mundo invisible, que es el centro de control de toda vida humana. Cuando oramos nos hallamos en la frontera entre dos mundos. Por lo tanto, Santiago dice: "la ferviente oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. (San. 5:16)

Ahora bien, no solo es cierto que la oración es una autoridad que obra de manera misteriosa, sino que es una autoridad que se expresa en unidad. Veamos lo que dice el versículo 19:

Esa es la carta para la reunión de oración. Un creyente que ore solo es de gran efecto, pero ¿qué sucede cuando dos o mas están reunidos juntos? Es evidente, a juzgar por lo que dice aquí, que existe una asombrosa aritmética en relación con la oración. En Deuteronomio, Moisés le dijo al pueblo de Israel: "¿Cómo podrá perseguir uno a mil? ¿Cómo harán huir dos a diez mil? (Deut. 32:30)

Ese es un extraño porcentaje, en lo que es una pregunta retorica ¿no es así? Si fuese una aritmética sencilla, diríamos que uno debería hacer huir a mil y dos a dos mil, pero cuando dos creyentes se reúnen existe un aumento geométrico en el efecto que tienen. Dos hará que diez mil huyan.

Desde los primeros tiempos, la iglesia ha sentido la necesidad de reunirse para orar juntos. En Hechos 4 vemos que la iglesia se reunía a orar después de haber estado perseguida por el Sanhedrín. Hay otro relato en Hechos 12 acerca de Pedro en la cárcel y mientras él estaba allí la iglesia estuvo orando por él y fue librado de la cárcel. ¿Cuál es el propósito de dicha oración? Jesús nos dice que es que estemos de acuerdo en algo.

Como usted sabe, las palabras son algo fascinante y existen por lo menos ocho palabras en el Nuevo Testamento griego que se traducen como estar de acuerdo. Una de ellas significa literalmente "estar juntos, lo cual quiere decir que dos personas toman una decisión en conjunto y es así normalmente como interpretamos este versículo. Interpretamos que lo que quiere decir es que si yo quiero algo, encuentro a otra persona que quiere lo mismo y estamos de acuerdo en oración y, por lo tanto, Dios debe honrar nuestra oración y debe hacer nuestra voluntad, pero no es eso lo que esto significa. Hay otra palabra que se usa y que quiere decir: "sonar juntos, armonizar. Dos notas consonantes, que se tocan juntas en el piano, armonizarán. De modo que este versículo nos ofrece una imagen de dos creyentes que se reúnen, uno de ellos dice lo que tiene en su corazón, lo que está convencido de que Dios quiere que pida en oración y se encuentran con que están de acuerdo, que armonizan y emiten juntos el mismo sonido, siendo esos los sentidos en los que pueden esperar que Dios obre. Hay aspectos acerca de los cuales Dios dice: "sea hecho. Hay una gloriosa contundencia al respecto, ¿verdad? ¡Se hará!

Por eso es por lo que a mi me gusta oír los "amen en las reuniones de oración. Tal vez sea un anticuado por disfrutar escuchando esa palabra de vez en cuando. Después de todo, es exactamente lo que sugieren las Escrituras. Cuando una persona dirige la oración el resto está escuchando, o por lo menos deberían estar escuchando, y cuando encuentran algo ante lo cual pueden responder, dicen "amen ya sea silenciosa o audiblemente. Lo que están diciendo es: "estoy de acuerdo, es lo que Dios también me ha dicho a mi. Cuando se escuchan los "amen, ya sea de manera audible o silenciosa, enfatiza los aspectos en los que existe un verdadero acuerdo, en los que el Espíritu de Dios está obrando, produciendo unidad y es entonces cuando la oración tiene autoridad.

Nuestra Junta de Ancianos hace mucho que ha aprendido que la mente del Espíritu se decide cuando diez hombres se reúnen y tienen un sentido de la unidad. Cuando sienten que existe la unidad, sienten que han descubierto lo que Dios quiere y es lo que está diciendo Jesús. "Cuando dos o tres de vosotros tocáis la misma nota, sin haber comparado notas de antemano, sino sencillamente, de manera voluntaria, espontanea, haciéndolo palpable, será hecho por mi Padre que está en el cielo.

Y luego la última cosa. Es evidente en el versículo 20 que la oración es una autoridad que tiene su origen en la personalidad:

No se pierda el lector la fuerza que tiene esta breve frase a modo de introducción porque: "donde dos o tres están congregados en mi nombre. Esa es la explicación del misterio del versículo 18 y el origen de la unidad en el versículo 19. Confieso que no acabo de entender cómo un solo hombre o mujer, niño o niña, que ore basándose en los poderes de atar y desatar que le han sido concedidos por Dios, puede poner en movimiento tan poderosas fuerzas como las que con frecuencia desencadena la oración pero, como es natural, es porque no se trata de un sencillo hombre que está orando, sino del Mesías que está en él cuando ora. Es el hecho de que mora en cada uno de los creyentes Aquel que dijo: "todo poder me es dado en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18). Por lo tanto, cuando un creyente ora, no es solo un hombre orando, sino que es el Mesías orando a través de él. "porque Dios es el que produce en vosotros dice Pablo, "tanto el querer como el hacer, su buena voluntad. (Fil. 2:13)

No cabe duda de que esto revela claramente que los creyentes son criaturas que pertenecen a dos mundos diferentes. En nuestra humanidad, como el resto de la raza humana, pertenecemos a la tierra. Vivimos en un mundo de espacio y tiempo, influenciamos los acontecimientos que nos rodean, reaccionamos a ellos como lo hacen los demás, leemos los mismos periódicos, oímos los mismos informes en la televisión, nos vemos sometidos a las mismas presiones que el mundo que nos rodea, somos criaturas de la tierra, pero en la nueva vida en Jesús, el Mesías, en los lugares celestiales en los que vivimos en el Mesías, somos criaturas del cielo, estamos en contacto con el mundo invisible, el mundo que controla el mundo exterior. Nos hallamos, como ya he dicho, en la frontera entre dos mundos, y como alguien ha dicho con mucha razón: "la oración es, por lo tanto, Dios el Hijo orando a Dios el Padre en el poder de Dios el Espíritu, y la sala de oración es el corazón del creyente. Esa es la historia completa de la oración.

Ahora bien, esta personalidad que mora en nosotros no es solo la explicación del misterio del versículo 18, sino que es la unidad del versículo 19. Escribiendo a los efesios, Pablo dijo que Jesús el Mesías está:

En otras palabras, la expresión del poder de Jesús el Mesías no se ve nunca en toda su plenitud en un creyente en particular, sino en la iglesia como un todo. La forma mas sencilla de la iglesia se describe como "cuando dos o tres se reúnen en mi nombre. Usted y yo, como creyentes individuales, no podemos reflejar a Jesús el Mesías. Es solo cuando dos o tres, o doscientos o trescientos, o dos mil o tres mil, se reúnen en su nombre, cuando se manifiesta totalmente en esta vida, todo el sentido absoluto del poder que ha sido entregado a Jesús el Mesías, que es sobre todo nombre que sea nombrado, tanto en este tiempo como en el venidero. Esto significa que nunca podemos conocer totalmente a Jesús el Mesías, a menos que le conozcamos en relación con otra persona.

En la gran oración de Pablo en Efesios 3, ora para que podamos conocer la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y para que podamos conocer, juntamente con todos los santos, el amor que es en Jesús el Mesías (Efe. 3:17-19) "con todos los santos. Nunca podremos conocerlo nosotros solos. Podemos coger nuestra Biblia y estudiarla, podemos analizarla y saturar nuestra mente, memorizándola, pero hasta que no empecemos a compartirla con otros creyentes, no podremos nunca captar en toda su plenitud quién es realmente Jesús el Mesías.

Es más, nunca podremos enterarnos de lo poderoso y glorioso que es Dios a menos que empecemos a exigir que se manifieste su poder y su gloria y, de ese modo, aprendamos que nunca podemos tocar fondo. Eso es lo que da sentido a esta reunión hoy. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre dice Jesús, "yo estoy en medio de ellos. El poder de la iglesia no radica en el número que se puede fácilmente reunir, qué idea tan equivocada es esa, que si podemos reunir suficiente número de personas para orar, tendremos suficiente poder como para corregir lo que está mal en el mundo y volver a conseguir que esté bien. Nada mas lejos de la verdad.

El poder de la iglesia tampoco radica en el lugar que ocupa en la comunidad. ¡Qué tremendo malentendido! Nos creemos que si conseguimos que un número determinado de hombres, que ocupan puestos de autoridad o de liderazgo o de importancia en la comunidad, dirigentes de la vida cívica, al Alcalde, los banqueros y a los que pertenecen al mundo de los negocios, los titanes, los magnates, vienen a nuestra iglesia tendremos suficiente categoría como para poder ejercer un gran poder sobre las mentes y los corazones de los hombres. ¡Qué insensatos somos! El poder de la iglesia no depende de su número, de su posición, de su riqueza, de su dinero, del lugar que ocupa. El poder de la Iglesia se halla en Jesús el Mesías, tal y como dice aquí: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Solamente de él fluye este maravilloso poder para atar y desatar, y esa tremenda unidad, mediante la cual la mente del Espíritu se conoce y Dios obra por medio de las vidas de los creyentes y eso es lo que cambia el curso y el destino del mundo que nos rodea.

¡Gloriémonos en eso! Si deseamos gloriarnos en algo, como lo hizo la iglesia primitiva, gloriémonos en el hecho de que Jesús el Mesías vive y se mueve en medio de nosotros, en que le pertenecemos, en que su vida se expresa por medio de nosotros. La oración produce su más profundo y permanente impacto por medio de él y es solo gracias a su presencia que la oración posee significado y valor.

Oración

Título: Orando Juntos
Serie: Estudios sobre la Oración del Nuevo Testamento
Pasaje de las Escrituras: Mat. 18:18-20
Mensaje Nº: 7 Nº de Catálogo: 62
Fecha: 12 de Abril, 1964

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