Nuevo Testamento

Filemón: Un hermano restaurado

Autor: Ray C. Stedman

Esta breve epístola a Filemón es un maravilloso ejemplo de la fuerza más poderosa del universo que ejerce control sobre alguien: la gracia. En ella se trata uno de los problemas más difíciles que jamás nos hemos encontrado, el de resolver las peleas entre los miembros de la familia. Podemos hacer caso omiso de algo que nos haga un extraño para perjudicarnos, pero resulta sumamente difícil perdonar a un miembro de nuestra propia familia o alguien muy cercano.

La clave de esta epístola se encuentra en el versículo 16. Pablo le dice a Filemón que le está enviando de nuevo a Onésimo:

... no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. (Filemón 16)

Los antecedentes de esta historia son muy interesantes. Esta epístola fue escrita cuando el apóstol Pablo se encontraba prisionero por primera vez en la ciudad de Roma. Fue enviada a Filemón, un amigo de Pablo, que había sido ganado para Cristo y que vivía en Colosas. Evidentemente, Filemón tenía un hermano menor que se llamaba Onésimo.

De una manera u otra, no sabemos exactamente cómo, Onésimo se metió en problemas; tal vez fuese un hombre que se dedicaba a jugar por dinero, convirtiéndose en esclavo de su propio hermano Filemón. En aquellos días, si un hombre se metía en líos, podía conseguir que alguien le redimiese vendiéndose a sí mismo a esa persona como esclavo. Posiblemente Onésimo estuviese endeudado y acudiese a su hermano Filemón, diciéndole: "Fil, ¿puedes echarme un cable? Me he metido en problemas y necesito algo de dinero".

Filemón le contestaría: "Escucha, Onésimo, ¿qué puedes darme como garantía?".

Onésimo le diría: "No tengo ninguna otra cosa que no sea yo mismo, pero me convertiré en tu esclavo si tú pagas mi deuda". Puede que fuese eso lo que sucediese, pero tal vez no. Sin embargo, la imagen que nos transmite esta epístola es que Filemón es el hermano de Onésimo, además de ser su esclavo.

Poco antes de que fuese escrita esta epístola, Onésimo se había escapado. En el imperio romano, si un esclavo se escapaba de su amo, o bien le condenaban a muerte o le enviaban de vuelta a su amo. Antes de marcharse, aparentemente Onésimo le había robado algún dinero a Filemón, hallando después el camino a la ciudad de Roma. Allí, de alguna manera, se puso en contacto con el apóstol Pablo, que estaba en la cárcel, y fue salvo mediante la predicación del evangelio (como le sucede a tantos muchachos que huyen, se expuso al sonido de la Palabra de Dios y se convirtió muy en serio), y Pablo le tomó como su ayudante allí en la ciudad de Roma. Pero Pablo se había propuesto mandarle de nuevo a Filemón, de modo que le escribió esta nota amable y la envió en mano del propio Onésimo.

Imagínese la escena del hogar de Filemón cuando llegó esta epístola. Una mañana Filemón se encuentra en pie en su porche, mirando en dirección a la carretera, cuando ve que se acerca alguien. Le dice a su esposa: "Querida, alguien viene a vernos". Mientras ve acercarse a la persona, cree saber quién es y dice: "¿Sabes una cosa, querida? Espero estar equivocado, pero me da la impresión de que el que se acerca por el camino es el pillo de mi hermano que vuelve otra vez a casa". Y, ¿cómo no?, según se va acercando, al llegar cada vez más cerca Onésimo, Filemón ve que es él, efectivamente, que había huido y deshonrado a la familia, el que era la oveja negra de la familia, que regresa. Frunce el ceño al acercarse Onésimo, levanta los brazos en el aire y dice: "¡Vaya, pero si has vuelto a casa por fin!, ¿verdad? ¿Qué es lo que te trae por aquí esta vez? Dicen que la mala moneda siempre vuelve a aparecer".

Onésimo no dice absolutamente nada, sabiendo que es inútil intentar defenderse a sí mismo, limitándose a entregarle la epístola del apóstol Pablo. Filemón abre la carta, que estaba escrita en forma de rollo, y comienza a leer:

Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro... (Filemón 1)

Filemón dice: "Sí, esta epístola es, efectivamente, de Pablo, porque él siempre empieza sus epístolas de ese modo". Luego continúa, diciendo:

... a la amada hermana Apia [es decir, la Sra. de Filemón], a Arquipo, nuestro compañero de milicia... (Filemón 2a)

No sabemos quién era, pero es muy posible que fuese hijo de Filemón y de Apia.

... y a la iglesia que está en tu casa: (Filemón 2b)

¿No es ese un pequeño e interesante detalle? En casa de Filemón se reunían una serie de personas con el fin de estudiar y de orar juntas. Esta es la "iglesia" a la que saluda Pablo. Y a continuación nos encontramos con esta salutación tan conocida:

Gracia y paz a vosotros, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. (Filelmón 3)

Filemón le dice a su esposa: "No sé cómo llegó esta epístola a manos de este, pero de lo que no hay duda es de que es de Pablo". De modo que continúa leyendo:

Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús y para con todos los santos... (Filemón 4-5)

Filemón dice: "Escucha eso, querida. El anciano Pablo ha estado orando por nosotros, incluso estando en la cárcel. ¿No es maravilloso? ¡Y pensar que se acuerda de nosotros aquí en Colosas en oración! Me pregunto: ¿sobre qué orará?

... y pido para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús... (Filemón 6)

Filemón le dice a su esposa: "Me pregunto qué querra decir con eso de ꞌcompartir vuestra feꞌ; no acabo de ver claro lo que quiere decir"; y sigue leyendo:

... pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por tí, hermano, han sido confortados los corazones de los santos. (Filemón 7)

Dice: "¡Qué agradable que Pablo diga esas cosas! Dice que se ha sentido confortado por nosotros, pero ¿en cuántas ocasiones le hemos servido de consuelo?". Filemón sigue leyendo la epístola:

Por eso, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene... (Filemón 8)

Pablo está diciendo: "Podría mandarte hacer esto. Podría ser legal sobre esto porque tengo autoridad como apóstol". Filemón probablemente lo haría, pero habría rebeldía en su interior; pero Pablo no va a hacerlo y continúa, diciendo:

... prefiero rogártelo, apelando a tu amor... (Filemón 9a)

¿Se da usted cuenta de cómo cambia aquí la expresión "apelando a tu amor"? ¿Sobre qué base va a rogárselo?

... siendo yo, Pablo, ya anciano [eso debería de tocarle el corazón de algún modo], y ahora, además, prisionero de Jesucristo... (Fillemón 9b)

Estoy convencido de que a Filemón se le llenarían los ojos de lágrimas al leer esto. El querido y anciano Pablo, que le había llevado a Cristo, sentado en la solitaria prisión, escribiendo esta epístola y diciendo: "Filemón, querido y viejo amigo, ¿me harías un favor? Te estoy suplicando, aunque te lo podría mandar. Quisiera que me hicieses este favor tan especial". Se puede prácticamente escuchar el corazón de Filemón ablandándose al leer estas palabras. Ahora dice:

Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones... (Filemón 10)

Muy sorprendido, Filemón se vuelve a su esposa y le dice: "Querida, ¿tú crees que Pablo de hecho ha llevado a mi hermano a Cristo? ¡Habla como si fuese su padre espiritual!". Y continúa leyendo:

... el cual en otro tiempo te fue inútil [¡ya lo creo que lo fue, como que te robó lo que pudo y luego salió huyendo de ese modo], pero ahora a ti y a mí nos es útil. (Filemón 11)

Este es un pequeño juego de palabras sobre el nombre de Onésimo; el nombre significa "útil" o "de provecho". Pablo es un eminente humorista y no se siente ni mucho menos avergonzado en usar una figura humorística cuando resulta indicado. Guiñando el ojo, le dice: "Puede que en una época Onésimo te resultase inútil, pero ahora es útil; ahora es Onésimo".

Te lo envío de nuevo. Tú, pues, recíbelo como a mí mismo. (Filemón 12)

Filemón dice: "No lo entiendo. ¿Para qué iba Pablo a querer enviármelo de nuevo? Después de todo lo que me ha hecho este individuo; y aunque se haya hecho cristiano, a mí me va a costar muchísimo trabajo olvidarme de la deshonra que ha sido para mi nombre en la comunidad". Pero Pablo escribe, diciendo:

Yo quisiera retenerlo conmigo, para que en lugar tuyo me sirviera en mis prisiones por causa del evangelio. (Filemón 13)

Esas palabras debieron de conmoverle el corazón a Filemón, que sin duda desearía hacer algo por Pablo. Y ahora éste le dice: "Onésimo lo hizo en tu nombre; él me ha estado sirviendo". Y a continuación dice:

Pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuera forzado, sino voluntario. (Filemón 14)

Esa es el verdadero significado de la gracia, ¿no es cierto? Es algo que no obliga a los demás a hacer nada; y aquí Pablo dice a Filemón: "No quiero que le vuelvas a recibir sencillamente porque yo te lo pida, y tampoco quería que se quedase conmigo en Roma sin tu consentimiento, así que por eso te lo vuelvo a enviar".

Quizá se apartó de ti por algún tiempo para que lo recibas para siempre, no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. (Filemón 15-16)

Para entonces a Filemón comienza a enternecérsele el corazón en lo que se refiere a su hermano, que había sido la oveja negra de la familia, y dice a su mujer: "Si Pablo le ha tomado tanto cariño a Onésimo, tal vez nosotros también debiéramos esforzarnos por perdonarle por todas las cosas que nos hizo. Tal vez haya cambiado. Veamos lo que dice Pablo al respecto":

Así que, si me tienes por compañero, recíbelo como a mí mismo. (Filemón 17)

"Bueno", dice Filemón, "la verdad es que esto da un giro diferente a la situación. Yo estaba dispuesto a recibirle, siempre que Pablo le enviase de este modo, pero le hubiese mandado a vivir con el resto de los esclavos en la casa destinada a ellos. ¡Pero Pablo nos dice que debemos recibirle como le recibiríamos a él mismo!".

Apia le contesta: "Como es lógico, a Pablo no le enviaríamos nunca a la casa de los esclavos, sino que le daríamos el mejor cuarto para invitados de la casa. Así que, si vamos a recibir a Onésimo como recibiríamos a Pablo, será mejor que le demos la mejor habitación que tenemos".

Así que Filemón le dice: "Está bien, cariño, ve a preparar el cuarto de los invitados. Le pondremos allí. ¡Pero espera un momento! Él no nos devolvió nunca el dinero que se llevó, y es necesario que consigamos que nos lo devuelva".

Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. (Filemón 18)

Eso es maravilloso, ¿no es cierto? Es el resultado de la gracia. Esta breve epístola nos ofrece una extraordinaria imagen de lo que es la doctrina de la aceptación y de la sustitución. Dios nos recibe mediante la persona de Otro, porque nosotros eramos como Onésimo. De hecho, Martín Lutero dijo: "Todos nosotros somos los Onésimos de Dios. Somos esclavos, que nada merecemos. Todos hemos hecho cosas que están mal y nos hallamos ante la presencia de Dios, que es justo y santo; a pesar de lo cual, el Señor Jesús dice: "Si en algo te hizo daño, o te debe, ponlo a mi cuenta; yo lo pagaré", y es lo mismo que dice Pablo en este caso.

Yo, Pablo, lo escribo de mi mano: yo lo pagaré (por no decirte que aun tú mismo te me debes también). Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor, conforta mi corazón en el Señor. (Filemón 19-20)

Estoy convencido de que sucedió exactamente de esa manera. Creo que Filemón debió de sentirse conmovido por esta maravillosa palabra, llena de gracia, del apóstol, al pensar en ese querido hombre, sentado muy solo en la cárcel, escribiendo esta epístola. Él mismo no tenía nada; no tenía dinero, nada con que pagar o devolver el dinero; a pesar de lo cual, dijo: "Si te debe algo, no te preocupas; cuando yo regrese te lo pagaré".

Creo que esa fue la nota maestra, que conmovió el corazón de Filemón, que se abriría de par en par y recibiría a su hermano Onésimo con los brazos abiertos, y los dos se perdonaron. Al llorar el uno sobre el hombro del otro, la relación familiar quedó restaurada una vez más.

Pero veamos lo que dice Pablo al final:

Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que digo. (Filemón 21)

¿Se da usted cuenta de hasta qué punto interviene la gracia en esta situación? Si Pablo hubiera estado escribiendo sobre el asunto desde un punto de vista legal, le hubiera dicho: "¡Filemón, como Apóstol santo de la santa Iglesia, te mando que recibas de nuevo a este joven y que le devuelvas su trabajo!". La ley solo podía llegar hasta ese punto, y seguramente Filemón hubiera tenido que obedecerle, o, de lo contrario, se hubiera visto en graves problemas con la iglesia; pero la gracia llega mucho más lejos. No solo ha restaurado a Onésimo a su lugar en la casa, sino que le ha restaurado a su lugar en el seno de la familia, derrumbando todas las barreras, eliminando todas las fricciones que se han producido, creando una situación mejor que la que existía con anterioridad.

Pablo concluye con algunas referencias personales:

Prepárame también alojamiento, porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido. (Filemón 22)

Aquí vemos que lo que dice el apóstol es que tiene la esperanza de que le dejen en libertad, pero ¿de qué manera? "Por vuestras oraciones", dice. "Continuad orando por mí allí donde estáis, en Colosas". Y sabemos que Dios concedió estas peticiones, y Pablo fue puesto en libertad, pudiendo predicar la Palabra de Dios durante varios años antes de ser encarcelado por segunda vez.

Finalmente, envía saludos de algunos de los que estaban con él. Epafras era bien conocido en Colosas porque había fundado la iglesia de allí, pero ahora, como compañero de prisiones de Pablo en Roma, envía sus saludos, y lo mismo hace Marcos, el autor del evangelio del mismo nombre, y Aristarco, uno de los discípulos de Pablo. Demas fue el joven que abandonó a Pablo, "amando este mundo" (2 Timoteo 4:10b). Y Lucas, que también estaba en Roma con Pablo, envía sus saludos a Filemón.

Ahora encontramos esta palabra final, que es característica de las epístolas escritas por Pablo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. (Filemón 25)