Master Washing the Feet of a Servant
El Siervo que gobierna

¿Por qué teméis?

Autor: Ray C. Stedman


Quisiera invitarle a regresar a donde acabamos hace unas semanas en nuestros estudios del evangelio de Marcos. Examinaremos dos incidentes: cuando Jesús calma la tempestad en el mar de Galilea, y lo que viene inmediatamente a continuación, la curación del endemoniado. Es muy apropiado que estos dos incidentes nos los presenten este primer domingo de 1975, porque los dos tratan el problema del temor y qué hacer al respecto.

Estoy seguro de que usted debe de sentir algún temor al pensar en el año 1975. Estos son tiempos alarmantes, y la crónica de los últimos años no nos da motivo para sentirnos menos atemorizados al afrontar el futuro, con su carácter desconocido, y al preguntarnos qué es lo que podemos esperar de 1975, pues hace que el corazón nos dé un vuelco al pensar en las posibilidades de todo lo que podría sucedernos. Las Escrituras tratan con frecuencia el tema del miedo entre los creyentes o entre los seres humanos en general, por ser algo tan común a nuestra humanidad. Estos dos incidentes nos ayudarán. Los antecedentes del primero se encuentran en el capítulo 4, versículos 35 y 36:

Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: "Pasemos al otro lado". Una vez despedida la multitud, se lo llevaron tal como estaba en la barca. También había otras barcas. (Marcos 4:35-36)

Está claro que esto sucede en el momento en que nuestro Señor se encontraba en un estado de absoluto agotamiento físico. Recordará usted que en esta sección de Marcos estamos tratando un tema que Marcos enfatiza en varios incidentes: los efectos que tiene la popularidad en el ministerio de Jesús. Es el momento de Su ministerio en el que se ve rodeado por las multitudes por dondequiera que va, multitudes de personas que acuden masivamente de por todo el país, empujándole, apiñándose a Su alrededor, exigiendo ser curados de muchas enfermedades. Marcos nos cuenta de qué modo Jesús trata de aquietar su atención hacia las curaciones físicas, deseando despertarles a la realidad de la verdad espiritual. Los primeros incidentes nos revelaron la oposición que despierta la popularidad. La popularidad no es toda buena; de hecho, en ocasiones puede resultar muy negativa, y en este caso despertó la oposición satánica en contra de Su ministerio. Luego, en la próxima sección, vimos cómo esta popularidad hizo necesario atenuar la luz, como manifiestan las parábolas, mediante las cuales Jesús comenzó a hablarles, en lugar de declararles toda la verdad, como había hecho con anterioridad.

Y ahora nos encontramos con el agotamiento físico que producen a Jesús las tremendas exigencias de las multitudes. Se encuentra, después de todo un día muy pesado de haber estado enseñando, atendiendo a las necesidades de las gentes y sanándolas. Está completamente agotado. Entra en la barca y les dice a Sus discípulos: "Pasemos al otro lado", a la orilla oriental, a unas cinco millas de distancia. Marcos deja claro que esto es algo que Jesús hace sin premeditación: "se lo llevaron tal como estaba en la barca". No había hecho preparativo alguno para el viaje, y el incidente que se produce a continuación surge de esas circunstancias.

Marcos indica que había ciertos testigos presentes que podían dar fe del fenómeno tan extraordinario que sucedió: "También había otras barcas". Marcos añade eso con el fin de asegurarnos de que lo que sucedió durante ese viaje no fue una alucinación.

Uno de los comentadores populares sobre esta sección sugiere que en realidad no acalló la tempestad, que lo que sucedió durante aquella tremenda tempestad fue que el Señor se dedicó a acallar los temores de Sus discípulos y que ellos sintieron una profunda calma en sus corazones, y que fue la paz que sintieron aquellos discípulos en sus corazones lo que hizo que pensasen que había realizado un milagro, acallando la tempestad. Pero esto no tiene en cuenta el hecho de que había otras barcas cerca, cuyos ocupantes también presenciaron el milagro y dieron testimonio de ello. Ha quedado constancia de este incidente en los versículos a continuación:

Pero se levantó una gran tempestad de viento que echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro!, ¿no tienes cuidado que perecemos?". Él, levantándose, reprendió al viento y dijo al mar: "¡Calla, enmudece!". Entonces cesó el viento y sobrevino una gran calma. (Marcos 4:37-39)

En ese incidente se encuentran todos los elementos básicos de un drama. Tenemos la tempestad que ruge y que se produjo de repente en el mar. Eso es algo que sigue sucediendo en la actualidad en la región escarpada al noreste del mar de Galilea, lo que llamamos hoy los Altos del Golán. En ese terreno irregular y abrupto, es fácil que los vientos se concentren y de repente hagan sentir toda su fuerza sobre el mar. Bajo esas condiciones, se podía desencadenar una fuerte y violenta tempestad en cuestión de momentos. Cuando los discípulos comenzaron la travesía en el mar calmado del atardecer, para llegar a la orilla oriental, se desencadenó una tormenta así. En unos minutos el mar comenzó a cubrirse de espuma y aparecieron enormes olas. Se levantó un gran viento, nos dice Marcos. Aquellos hombres se encontraron en medio de aquella gran y feroz tempestad, y la barca se llenó rápidamente al golpear el agua contra la proa. ¡Los discípulos se sintieron dominados por el pánico! A pesar de que eran marineros, sabían que aquella tempestad era mayor que ninguna otra que jamás hubiesen presenciado, y temieron, pensando que iban a perecer. De modo que despertaron a Jesús, preguntándole: "Maestro ¿no te importa que perecemos?".

Esto indica que la tempestad ya había comenzado cuando Jesús se quedó dormido. De no haber sido así, no le hubieran acusado de indiferencia ante su difícil situación. Si se hubiera quedado dormido de inmediato y no se hubiera ni siquiera enterado de que se había desencadenado la tempestad, le hubieran despertado para decírselo, pero le acusaron de indiferencia. En medio del creciente peligro, Jesús se había quedado dormido. Eso era lo que les había molestado a los discípulos, de modo que se acercaron a Él, preocupados y molestos, no sólo por el peligro evidente, sino por la aparente indiferencia del Señor ante la necesidad de ellos.

¿Se ha sentido usted así en alguna ocasión? Los incidentes que mencionan las Escrituras no lo han sido sencillamente para contarnos lo que pasó hace 2.000 años; son parábolas escritas para nosotros, diseñadas para ilustrar exactamente lo que nos sucede a nosotros en el ámbito espiritual de nuestras vidas. ¿Quién de nosotros no se ha sentido de ese modo en alguna ocasión? Nos encontramos en una situación difícil, y da la impresión de que a Dios no le importa. No hay respuesta a nuestras oraciones, pues Él parece indiferente. No da la impresión de suceder nada cuando acudimos a Él preocupados, aturdidos y dominados por el pánico. Clamamos a Él, y no obtenemos respuesta. Eso era la situación con la que se enfrentaron los discípulos.

Pero entonces, al despertarle, nuestro Señor se levantó y, sin decirles nada a ellos de momento, reprendió al viento y materialmente "puso una mordaza" al mar, y a continuación reprendió a Sus discípulos. Ellos habían acudido a Él con las palabras: "¿no tienes cuidado que perecemos?". Mateo añade que le dijeron: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!". No sé lo que esperaban que hiciese Jesús, pero lo que hizo les pilló totalmente por sorpresa, pues fue algo que no esperaban. Pero se habían dejado dominar por el pánico, y cuando nos sucede eso, esa es la actitud que adoptamos, ¿no es cierto? De hecho, estaban diciendo: "¡No te quedes ahí tan tranquilo; haz algo! De modo que Él se puso en pie, y Sus primeras palabras fueron para reprender al viento y para callar al mar. Le dijo al viento: "¡Paz!", y al mar: "¡Calla¡, enmudece!". Y lo que sucedió dejó a los discípulos muy sorprendidos, porque se hizo de repente una gran calma.

Ahora bien, el milagro no reside en el apaciguamiento de la tormenta, pues incluso la naturaleza haría eso al final, sino en lo súbitamente que ocurrió. De repente, el viento, que había estado rugiendo y golpeando en sus oídos, cesó, y sobrevino una calma absoluta. Las olas, que habían estado estrellándose contra la proa, inundando la barca y amenazándolos, alzándose más y más alto por todos lados, de pronto se serenaron, como si un gigante las hubiese aplastado, y hubo una gran calma. Eso es lo que les impresionó. Por todo el lago hasta la otra orilla, hasta las montañas hacia el este, todo el lago se calmó de pronto, y se dieron cuenta de que esta fue, sin duda, una pacificación sobrenatural de la tormenta.

Cuando el relato nos dice que el Señor reprendió al viento y le habló al mar, diciéndole: "¡Calla, enmudece!", es preciso que entendamos que no estaba realmente hablándole a los elementos. Después de todo, ¿de qué serviría hablarle al viento al pasar sobre nosotros? ¿O hablarle al agua con todo su ímpetu? Me recuerda la historia del rey que intentó detener las mareas, mandándolas que cesasen, y éstas hicieron caso omiso, como acostumbran a hacer las mareas, y siguieron golpeando contra la orilla. No, no creo que nuestro Señor estuviese hablando a los elementos del aire y del mar. Lo que es preciso que entendamos de este relato es que Él, sabiendo con tal claridad y tan bien lo que para nosotros es invisible y que nosotros con tanta frecuencia olvidamos, le habló más bien a las fuerzas demoníacas que se ocultaban tras la furia de la tempestad y del mar.

No debemos olvidar nunca que vivimos en un mundo caído y que, según nos dicen las Escrituras, el mundo entero se encuentra en las garras del demonio y de sus agentes. Esto incluye también al mundo físico. Tras los desastres, acerca de los que leemos con frecuencia y que en ocasiones experimentamos, como los terremotos, la hambruna, las sequías, los ciclones, los tornados y los huracanes, se encuentra con frecuencia el ataque malvado de Satanás sobre la humanidad. Jesús lo entendió y no reprendió al viento, sino a aquel que había hecho que se levantase. Vivía siendo constantemente consciente de que, como dijo el apóstol Pablo: "no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades,... contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12), que pueden afectar a la humanidad en los diversos niveles de la vida. Era eso a lo que reprendió Jesús. Resulta interesante que las palabras que usó en este caso fueron exactamente las que usó para reprender al demonio que interrumpió Su discurso en la sinagoga de Capernaúm, como leemos en el primer capítulo de este libro. Por lo que se está dirigiendo a lo que no vemos, al mundo invisible, y el resultado fue que se produjo una gran bonanza.

A continuación, regañó a los discípulos:

Y les dijo: "¿Por qué estáis así amedrentados?". (Marcos 4:40a)

¿No resulta esa una extraña pregunta que hacer a unos hombres que habían corrido el peligro de perder sus vidas? Sólo un momento antes, estaban tambaleándose en una barca que se llenaba rápidamente de agua, en medio de una gran tempestad, sin esperanza de obtener ayuda. ¿Por qué no iban a estar atemorizados? Pero, a pesar de ello, Jesús les preguntó: "¿Por qué estáis asustados?". Y, a continuación, puso el dedo en la llaga:

"¿Cómo no tenéis fe?". (Marcos 4:40b)

Ese es el motivo por el que las personas tienen miedo, porque pierden la fe. La fe es la respuesta al temor. Esa es la primera lección que aprendemos de este incidente. La fe es siempre la respuesta frente a nuestros temores, sean los que fueren. Jesús acertó de lleno: "¿Cómo no tenéis fe?".

Es evidente que no la tenían. Habían olvidado todo lo que Él les había dicho en el sermón del monte acerca de lo mucho que el Padre les amaba: "Sois de mucho más valor que las flores y que los pájaros. Si Dios se ocupa de ellos, ¿cuánto más no se ocupará de vosotros, oh hombres de poca fe?" (Mateo 6:26-30). Jesús estaba en la barca con ellos, y la suerte de ellos sería la misma que correría Jesús, pero ellos se habían olvidado de eso.

¿Cómo cree usted que se habrían comportado aquellos hombres de haber tenido fe? Supongamos que su fe hubiera sido fuerte, su fe en Él y en el cuidado y el amor de Dios; ¿qué hubieran hecho? Una cosa es segura, no le hubiesen despertado, le hubieran dejado descansar. Él estaba cansado y tenía una gran necesidad de descansar. Ellos hubieran permitido que descansase, porque su fe les habría recordado dos factores de gran importancia: Uno, que la barca no se hundiría, que no se podía hundir mientras estuviese en ella el Dueño del océano, de la tierra y del cielo. En segundo lugar, que una tempestad no dura para siempre.

Hace aproximadamente un año, más o menos, un atractivo y joven evangelista de otro país me contó todos los problemas con los que se estaban enfrentando su esposa y él. Se sentía muy abatido. Su esposa estaba pasando por graves problemas físicos y mala salud, como resultado del asma y la bronquitis, que hacían que estuviese constantemente enferma. Ya habían pasado años enteros de lucha contra estos problemas de salud, y parecía como si hiciese que todo lo que él hacía le salía mal. Estaban planeando regresar a su país de origen, pero ella estaba otra vez enferma, y él estaba muy desanimado.

Recuerdo que volví sobre este incidente de Marcos y que le conté la historia, diciéndole: "Recuerda que la barca no se hundirá y que la tempestad no durará para siempre. Eso es tener fe: recordar esos hechos". Me dio las gracias, oramos juntos, y se fue. No le volví a ver durante un par de meses, y entonces nos tropezamos el uno con el otro, y le dije: "¿Cómo van las cosas? ¿Cómo está su esposa?", a lo que me contestó: "Oh, no mucho mejor. Todavía sigue teniendo tremendas luchas. No puede respirar y no puede cuidar de los niños ni de la casa, y tenemos muchos problemas. ¡Pero recuerdo dos cosas: que la barca no se hundirá y que la tempestad no durará para siempre!". De modo que volví a orar con él.

Hace solo un par de semanas recibí una nota suya. Habían regresado a su país, y allí habían encontrado la respuesta. Un médico había descubierto una deficiencia de poca importancia en su régimen alimenticio que necesitaba remediar. Cuando lo hizo, el asma y la bronquitis desaparecieron, y ella disfrutó de una salud gloriosa y radiante, y los dos se regocijaban juntos por ello. Había escrito al pie de la página: "La barca no se va a hundir, y la tempestad no durará para siempre".

Hoy he recibido una nota que decía: "Esta semana pasada este joven nos avisó de que su esposa está en el hospital y que los médicos sospechan que tiene leucemia. Su asma está bajo control. Oren para que recuerde lo que le dijo sobre la barca y la tormenta". Así que una nueva tormenta se ha desencadenado en sus vidas. Pero recuerden, la barca no se hundirá, y la tormenta no durará para siempre. Como escribió C.S. Lewis:

Le diré cómo enfocarlo. ¿No se ha dado usted cuenta de que en nuestra pequeña guerra aquí en la tierra, hay diferentes fases, y mientras se está desarrollando una de ellas las personas actúan como si fuese a ser algo permanente? Pero la verdad es que la situación está cambiando constantemente en nuestras manos y que ni nuestras posesiones ni nuestros peligros son los mismos que el año anterior.

El significado de este acontecimiento es que la fe es la respuesta frente al temor, la fe en la bondad y en el cuidado que tiene Dios de nuestras vidas, fe en que Él nos ama y que puede obrar entre nosotros; pero queda aún otra lección. Es que cuando fracasa nuestra fe es como si se abriese una puerta y contemplásemos una visión más grandiosa. ¿Qué sucedió en este caso?

Y les dijo: "¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?". Entonces sintieron un gran temor, y se decían el uno al otro: "¿Quién es éste, que aun el viento y el mar lo obedecen?". (Marcos 4:40-41)

La palabra "asombro", que aparece en algunas versiones, significa "temor", pero es una clase de temor diferente al que ocurre antes. En el caso anterior era un temor cobarde, pero aquí estamos hablando acerca de un temor que implica un profundo respeto que conlleva, en el fondo, el asombro. Por lo tanto, debido al fracaso de la fe de ellos, se produjo una impresión más profunda, al echar un vistazo al misterio de esa Personalidad, que les llenó de una gran reverencia: "¿Quién es éste, que aun el viento y el mar lo obedecen, y que controla todos los elementos del mundo natural? ¿Quién es?". Lo maravilloso de este incidente es que, a pesar de que los discípulos suspendieron su examen de fe, se había fijado el fundamento para una nueva expresión de fe la próxima vez que fuese puesta a prueba. Su propio fracaso les presentó la posibilidad de una nueva expresión de fe en el futuro.

Así es como Dios obra en nuestra vida, haciendo exactamente lo mismo con nosotros. Pone a prueba nuestra fe todo el tiempo, para que podamos crecer. Y si nuestra fe es lo suficientemente fuerte nos daremos cuenta de que Él puede ocuparse del problema y que sabe cómo hacerlo, pero incluso si nuestra fe es débil, no nos dejará que nos hundamos por completo, sino que nos sostendrá y nos ayudará a superarlo y, de un modo u otro, en el proceso pondrá el fundamento de una nueva visión de Su poder que permitirá que nuestra fe sea mas fuerte la próxima vez.

Pasemos al próximo incidente, que viene a continuación en el capítulo 5:

Vinileron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu impuro que habitaba en los sepulcros y nadie podía atarlo, ni aun con cadenas. Muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos. Nadie lo podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba gritando en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: "¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te conjuro por Dios que no me atormentes!" (Porque le decía: "Sal de este hombre, espíritu impuro".) Jesús le preguntó: "¿Cómo te llamas?". Y respondió diciendo: "Legión me llamo, porque somos muchos". Y le rogaba mucho que no los enviara fuera de aquella región. Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. Y le rogaron todos los demonios, diciendo: "Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos". Jesús, de inmediato, les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus impuros, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil. El hato se precipitó al mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. (Marcos 5:1-13)

Este incidente vuelve a abrir ante nosotros todo el ámbito de lo oculto y de lo demoníaco y la opresión de la humanidad por parte de estos espíritus malvados e inmundos. En estos días hemos visto una demostración más que suficiente de la realidad de estas fuerzas en el mundo, y tal vez estemos mucho más preparados para entender esta historia de lo que lo habríamos estado hace años. En este relato tenemos una lista asombrosa de las señales de la "posesión demoníaca".

Me interesaba el hecho de que el Nuevo Testamento no menciona en realidad el término "posesión demoníaca", sino que es término que ha sido inventado, pero que puede que no sea muy exacto. La palabra que usa siempre la Escritura es "endemoniado". Tanto si esto significa posesión, control, influencia o lo que sea, esa es la palabra que se usa. Nosotros hemos leído en ella la idea de "posesión demoníaca". Quizás sea un término exacto; por el momento no estoy preparado para decir de manera categórica que no lo es. Pero no considero sensato utilizarlo, porque no se usa en las Escrituras.

Es evidente que existen diversas etapas y grados en los que los demonios, los espíritus malvados, pueden afectar y poseer o controlar a los seres humanos. En este incidente tenemos un caso extremo, y en él encontramos una lista de al menos siete señales que indican que los espíritus demoníacos estaban obrando en la vida de una persona. La primera señal es la impureza. Se pone de manifiesto cierta suciedad o polución. Hay siempre un elemento de suciedad presente en la influencia demoníaca. Es evidente, o bien alguna suciedad moral, o una suciedad o polución física. En este caso, el hombre vivía entre los sepulcros, es decir, entre los cuerpos muertos, en las cuevas de piedra caliza que se alineaban en los riscos junto al mar de Galilea, donde colocaban a sus muertos. Siempre se encontraba este elemento, los endemoniados viviendo en medio de la porquería, de la sordidez y la basura, o la evidente podredumbre moral. No es accidental que el incremento del satanismo y el ocultismo durante estos últimos años haya coincidido con la propagación de la pornografía y la obscenidad en los medios de difusión, en nuestras películas y nuestra literatura, dos cosas que están siempre relacionadas. Hay algo impuro en estos espíritus malvados, a los que les encanta la porquería, la obscenidad y la polución.

La segunda señal que nos encontramos es el aislamiento en el que vivía ese hombre. Tenía un hogar y amigos, porque Jesús le mandó de vuelta a su casa y a sus amigos al final de la historia, pero optó por vivir solo en una absoluta segregación, alejado de la humanidad, aislado de ellos. En cada uno de los casos de influencia demoníaca nos encontramos con esta actitud de alejamiento, del deseo de separarse física o emocionalmente de otras personas.

Además está la fuerza sobrenatural de la que hizo gala, y con frecuencia ese es el caso. Existen muchos casos hoy de personas poseídas o controladas por demonios que tienen una fuerza totalmente fuera de lo normal. A este hombre le habían atado con cadenas y con grillos, pero había hecho pedazos las cadenas y desmenuzado los grillos, y no había nadie que tuviera la fuerza necesaria como para dominarle, una demostración asombrosa del poder demoníaco.

Otra marca que se halla siempre presente es la sensación de tormento. Este hombre estaba atormentado. Al principio, la influencia demoníaca puede parecer muy fascinante y seductora, muy atractiva y tentadora, pero el propósito de eso es el engaño, hasta que por fin se produce el tormento, el profundo sentimiento de angustia que puede mostrar la persona, deambulando por las montañas, gritando en su dolor, y por el tormento que sentía en su interior, golpeándose a sí mismo con piedras, evidentemente en un esfuerzo por liberarse de su tormento interior. Esto es muy característico de la influencia demoníaca.

Otro elemento que está siempre presente es el reconocimiento inmediato de la autoridad de Jesús. Aquel hombre, en cuanto vio a Jesús, supo de inmediato Quién era. Vino corriendo a Él y le llamó por Su nombre, usando la frase que los demonios siempre usan: "Hijo del Dios Altísimo". Esto es muy revelador, porque es el nombre más excelso que puede conocer o usar un no creyente para referirse a Dios: "el Dios Altísimo". La usaron por todo el Antiguo Testamento los miembros de las naciones gentiles. Israel le conocía como Jehová, "Señor", porque el resto del mundo le conocía como El Elyon, "Dios Altísimo", y así es cómo se refieren a Él los demonios.

A continuación, nos encontramos con la dualidad o la multiplicidad de la personalidad que aparece aquí. Fíjese en lo que dice el versículo 9: "¿Cómo te llamas?", le pregunta Jesús. "Y le dijo: "Me llamo Legión, porque somos muchos". Y en el versículo 10, el endemoniado le ruega a Jesús que no les envíe al abismo. Hay este conocimiento de al menos una doble personalidad, que es lo que llaman los psicólogos "esquizofrenia".

La última señal es la de las tendencias suicidas, la destrucción que se encuentra presente en la influencia demoniaca. No todas las tendencias suicidas tienen su origen en esto, pero en este caso ese es claramente el caso. Cuando fueron echados los demonios, entraron en los cerdos, y ¿qué hicieron estos animales? Los dos mil salieron corriendo, lanzándose por un despeñadero, y se ahogaron en el mar. Por lo tanto, los demonios, que le habían pedido que no los enviase al abismo, frustraron su propio propósito, por la muerte de los cerdos, que tuvieron que acabar de todos modos en el abismo. Por eso fue por lo que Jesús les dio permiso para entrar en los cerdos. La muerte de los cerdos fue un tremendo testimonio para este hombre, que vio que estaba efectivamente libre de los demonios que habían vivido en su interior, pero fue además el medio por el cual estos demonios fueron enviados al abismo, donde estaba su sitio.

Ahora tenemos la secuela de la historia:

Los que cuidaban los cerdos huyeron y dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y la gente salió a ver qué era aquello que había sucedido. Llegaron a Jesús y vieron al que había estado atormentado por el demonio, el que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. Y los que lo habían visto les contaron lo que había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. Entonces comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. (Marcos 5:14-17)

¡Qué extraña reacción! Y con todo y con eso, no resulta tan extraña, ¿verdad? Cuando aquellas personas oyeron la noticia pocas horas después, acudieron para ver lo que había pasado. Para entonces el hombre se había ido a su casa y se había vestido, había vuelto a Jesús, y estaba sentado a Sus pies, escuchándole. Le vieron allí sentado descansando, aquel hombre que no había parado ni un momento, vestido y preparado para integrarse nuevamente a la sociedad, no siendo ya una persona retraída, asustada de la gente. Y estaba en su juicio cabal, en paz consigo mismo, sin que la guerra civil se desencadenase más en su interior. Vieron cómo había sido liberado, y era evidente para ellos que el hombre había sido hecho libre.

Pero se sienten golpeados en la parte mas delicada de su anatomía, su cartera. Y en lugar de regocijarse, le suplicaron a Jesús que se marchase. La sociedad está siempre haciendo lo mismo; lo vemos incluso en nuestros días. Sólo la semana pasada los periódicos informaron acerca de una orden de los tribunales para cerrar los hornos abiertos de una compañía de acero en Indiana, porque estaban contaminando el ambiente y amenazando con hacer que toda la región resultase inhabitable. Pero, a pesar de ello, había gente que estaba furiosa, por causa de la pérdida económica para la compañía y el perjuicio que producía a los empleados involucrados. Siempre que se presenta un asunto relacionado con el bienestar de una persona enfrentado con la riqueza de muchos, la sociedad invariablemente opta por la riqueza de los muchos más bien que el bienestar de uno solo. Hace veinticinco años o más, leí una poesía escrita por John Oxenham basada en este incidente de las Escrituras. Nunca conseguí memorizarla por completa, pero una de las estrofas se me ha quedado en la memoria. Lo dijo de una manera muy gráfica. Estas personas se acercaron a Jesús y le dijeron:

"¡Rabino, márchate! ¡Y llévate a este loco tuyo!
Amas su alma; nosotros preferimos los cerdos".

Eso es lo que dice con harta frecuencia la humanidad.

Bueno, el final del relato es que Jesús, obedeciendo a la petición, se marcha del vecindario.

Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejara quedarse con él. Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo y cómo ha tanido misericordia de ti". Él se fue y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban. (Marcos 5:18-20)

La Decápolis eran diez ciudades griegas, que se hallaban en la parte este del mar de Galilea, incluyendo a Damasco. Era a esta comunidad gentil a donde Jesús mandó a este hombre para que fuese a dar testimonio. A los judíos, les dijo que no dijesen nada, para que no se viese abrumado por las gentes que le apretujarían, haciendo imposible un ministerio ordenado. Pero entre los gentiles envió a este hombre de regreso. ¡Qué maravilloso ejemplo del testimonio que estableció! Le dijo que se fuese a su casa y que no fuese de puerta en puerta explicando el plan de salvación, sino que se limitase a contar a sus amigos lo que le había sucedido. Eso es lo que es un testigo. No estoy en contra de evangelizar, pero es necesario que entendamos que dar testimonio y evangelizar son dos cosas diferentes.

Este hombre fue enviado para dar testimonio, para contar a las gentes lo que le había pasado. ¡Y qué gran historia podía contar, acerca de cómo había vivido angustiado y atormentado, cómo había estado en contra de toda la humanidad, siendo una amenaza para cualquiera que se le acercase, enfurecido, hostil y rebelde, a pesar de lo cual Jesús le había liberado, le había dado paz y gozo! No es de sorprender que al recorrer aquellas ciudades, los hombres se maravillasen de lo que oían.

¿Cuál es el significado de estos dos incidentes en nuestra vida? Marcos los ha colocado juntos para ayudarnos a comprender que Jesús es el Señor, tanto si el enemigo que nos amenaza y nos asusta es alguna circunstancia o acontecimiento, como lo fue la tempestad en el caso de los discípulos, o si lo que nos traiciona, nos arruina y sabotea todo lo que intentamos hacer es algo que brota de nuestro interior, algún vicio, alguna actitud, alguna hostilidad de hace mucho tiempo o algún resentimiento que sentimos contra otra persona, o incluso alguna influencia demoníaca que nos está destrozando y nos está haciendo polvo, convirtiéndonos en personas inquietas e insatisfechas. Sea lo que fuere, Jesús es el Señor; y ese es el mensaje de estos relatos. Sea algo del exterior o del interior, Él reina ahora en nuestras vidas. Por lo tanto, la pregunta que Él nos va a estar haciendo durante todo el próximo año sigue siendo: ¿Por qué tienes miedo? ¿Todavía no tienes fe?".

Oración

Señor Jesús, te damos gracias por Tu poder en todos los acontecimientos relacionados con nuestras vidas, sobre todas las fuerzas que nos influencian. Al comenzar este nuevo año, te damos gracias, Señor, porque en la barca de este nuevo año Tú estás con nosotros, para consolarlos y fortalecernos, para darnos seguridad y para ayudarnos a pasar por cualquier tempestad con la que tengamos que enfrentarnos. Sabemos que no estás aquí para impedir que las tormentas lleguen, sino para sostenernos a través de ellas.Y sabemos que, sean cuales fueren las fuerzas que brotan de nuestro interior para afligirnos o asustarnos, Tú puedes encargarte de ellas. Y ahora haz que nuestros espíritus te adoren, al pensar en la grandeza y la gloria de Aquel que ha venido a nosotros, para morar en nosotros y entre nosotros. Te damos gracias en Tu nombre. Amén.