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Devoción del 26 de diciembre

Entregados

Pues nosotros, que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

2 Corintios 4:11

La vida de Jesús manifestada en nuestros cuerpos mortales es lo que necesitamos. Hay una actitud interior que debemos aceptar, pero hay también algo que se nos hace. No tenemos elección en este asunto. Somos entregados a la muerte. Esto se refiere a esas circunstancias de prueba y presión en las cuales Dios nos pone para forzarnos a abandonar la confianza en la carne y apoyarnos totalmente en el Espíritu de Cristo.

Es imposible para un verdadero creyente en Jesús no caminar en el Espíritu al menos algún tiempo. Dios se encargará de que el verdadero creyente en Jesús sea puesto en circunstancias que le fuercen a hacerlo así. La experiencia de Pablo, recogida en 2 Corintios 1:8-9, es una ilustración perfecta: Hermanos, no queremos que ignoréis acerca de la tribulación que nos sobrevino en Asia, pues fuimos abrumados en gran manera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos.

No sabemos cuál fue esta experiencia que Pablo describe, pero fue algo tan amenazador que Pablo perdió la esperanza en la vida misma. Sintió que había recibido la sentencia de muerte. Estaba, literalmente, siendo entregado a la muerte por amor a Jesús. Note, sin embargo, cuál es la conclusión de Pablo: … para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos.

Dios lo puso en esta circunstancia difícil, para evitar que se apoyara en sus propios recursos. Y esto se dice de un apóstol que sabía y entendía perfectamente cómo funciona el nuevo pacto. Incluso él necesitaba esta dolorosa ayuda de vez en cuando, para evitar que sucumbiera a la sutileza de la carne y lo capacitara para confiar en el Dios que resucita a los muertos.

Para eso es para lo que surgen los problemas en nuestras vidas. El Dios que nos ama nos está entregando a la muerte, con el fin de que podamos confiar, no en las circunstancias felices o en los escenarios agradables, sino en el Señor de la vida, que vive en nuestro interior. En las Escrituras aprendemos la actitud que hemos de tener, la cual libera en nosotros la vida de Jesús. A través de nuestras circunstancias somos forzados a experimentar esto, de modo que el tesoro interior pueda enriquecernos y el poder interno demuestre una nueva forma de vida ante un mundo que observa.

Aquí vemos un proceso en dos pasos que cambia la vida, un proceso al que se refieren las Escrituras como caminar en el Espíritu. Hemos de creer en la muerte en la cruz y luego apropiarnos del poder de la resurrección. La forma más simple de expresarlo es: arrepentíos y creed. Arrepentirse es cambiar nuestra mente en cuanto al valor de la vieja vida; creer es apropiarse del valor de la nueva. En Romanos 6, Pablo dice: Consideraos muertos al pecado (paso uno) pero vivos para Dios en Cristo Jesús (paso dos). En Efesios 4, dice: Despojaos del viejo hombre (paso uno), y vestíos del nuevo hombre (paso dos). Un paseo consta de dos pasos, uno con cada pierna, repetidos una y otra vez. Así que, andar en el Espíritu se consigue cuando cada exigencia que la vida nos hace se afronta tomando la cruz, para que podamos experimentar la resurrección. Eso puede ocurrir docenas de veces al día.

Padre, continúa enseñándome el caminar de dos pasos: morir a la carne y vestirme de la nueva vida que se me da en Cristo.

Aplicación a la vida

¿Está usted practicando el caminar de dos pasos? ¿Cuántas veces experimentará esto hoy?

Esta devoción diaria fue inspirada por un mensaje de Ray

Ch 8: Pots, Pressures and Power

Lea el mensaje de Ray