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Devoción del 10 de febrero

La herencia de Dios en nosotros

Que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos.

Efesios 1:18-19a

En esta oración por los efesios, Pablo ora para que ellos puedan ver las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. Él es nuestra herencia. Él es como un gran depósito bancario de recursos, del cual podemos sacar fuerza, consuelo, ánimo, corrección y cualquier otra cosa que necesitemos al encarar los problemas de nuestras vidas. Podemos proveernos de Dios diariamente, momento a momento. Todos hemos cantado himnos que tratan de ello, y ustedes lo han experimentado en sí mismos. Pero no es de eso de lo que Pablo está hablando aquí. Está hablando de la herencia de Dios en nosotros y del enriquecimiento que vendrá a nuestras vidas cuando descubramos lo que significa dejar que Dios tenga lo que es Suyo: Su herencia en nosotros.

¿Y qué es eso? Por todas las Escrituras se nos dice que, cuando nos convertimos en cristianos, Dios nos da dones que nunca antes tuvimos. Todo cristiano tiene uno o más, y se nos dan para que, cuando empecemos a ejercitarlos, encontremos que podemos ayudar a los demás, y así la vida se convierte en una emocionante aventura de fe. La herencia de Dios en nosotros es el gozo que Él siente al usarnos para realizar Su obra de cambiar a la gente y sacarlos de muerte a vida usando los dones que nos ha dado. El apóstol dice que quiere que descubramos lo excitante y enriquecedor que puede ser para nosotros. ¿Sabe que el entusiasmo más grande que puede sentir cualquier ser humano es ver que Dios le acaba de usar para ayudar a alguien? Éste es el sentimiento más maravilloso que se pueda tener jamás. Y Dios nos ha dado a cada uno de nosotros dones para ese propósito.

Piense en el don que Dios le ha dado y póngalo a trabajar para ayudar a alguien. Algunos tienen el don de ayuda, algunos el de la enseñanza, la administración, la sabiduría, el conocimiento, etc. Todas estas cosas son dones que el Espíritu de Dios nos ha dado. Cuando empezamos a ejercitarlos, perdemos la sosería y la rutina de nuestras vidas, porque estamos ocupados en un ministerio excitante. Cuando hacemos esto, descubrimos las emocionantes riquezas de Su gloriosa herencia en los santos.

Padre, te doy gracias porque soy Tu herencia. Enséñame a usar mis dones y así darte más gozo.

Aplicación a la vida

¿Cómo puede usted descubrir los dones que Dios le ha dado y alegrarlo a Él cuando los ejercita?

Esta devoción diaria fue inspirada por un mensaje de Ray

The Power You Already Have

Lea el mensaje de Ray