El ministerio de los santos

¿Cuál es tu don?

Autor: Ray C. Stedman

Tengo un sentido de anticipación estimulante y de entusiasmo al acercarnos a este pasaje de las Escrituras de nuevo. Es algo similar al sentimiento que tuve cuando presencié una operación quirúrgica por primera vez. Era con un sentimiento mezclado entre asombro y ansiedad que me planté detrás del cirujano en el quirófano y le observé mientras se preparaba para hacer una apendicectomía quirúrgica. Le observé sacar el bisturí y abrir la carne, y vi a su asistente pillar las venas y obturarlas para detener el flujo de sangre. Le observé abrir el abdomen y exponer los órganos internos del cuerpo para que yo pudiera verlo. Al verlos palpitar y pulsar me di cuenta que esto era un cuerpo viviente siendo abierto frente a mí. No puedo describir los sentimientos mixtos de asombro y excitación, y también me sentí un poco enfermo. Así que en este texto de las Escrituras el apóstol Pablo está exponiéndonos las funciones internas del cuerpo de Cristo.

Es desafiante y excitante el descubrir cómo Dios diseñó a Su iglesia para influenciar al mundo. No hay nada más patético y fracasado que los cristianos que se pierden totalmente el significado de este emocionante programa para el funcionamento del cuerpo de Cristo, y lo sustituyen por métodos de negocios, procedimientos organizacionales y presiones políticas como medios de la iglesia para influenciar a la sociedad. Cuando regresamos a lo que Dios había planeado, la iglesia se convierte en una cosa muy maravillosa, desafiante y excitante. La iglesia no es una organización o un club religioso. Es un organismo que funciona y vive diseñado para penetrar la sociedad a todos los niveles, y para declarar y demostrar en nuestro mundo un nuevo tipo de poder. Ese poder de otra forma es totalmente desconocido por los hombres. No es fácilmente reconocido por lo que es porque funciona de forma muy silenciosa. Pero es un poder extremadamente poderoso, el poder de la vida de resurrección, el poder que es capaz de traer vida de la muerte.

Si hay una cosa que caracteriza nuestra sociedad hoy en día es que está infiltrada por un tipo de muerte viviente, una muerte que es parte de nuestra experiencia diaria y se manifiesta en un sentimiento de desesperanza, de depresión, de vacío, de la futilidad de vivir. Se ve en la monotonía de la existencia, en el aburrimiento y la frustración de las vidas que están anhelantes de un sentido de satisfacción y no saben qué hacer en la inquietud de nuestra época. Es en medio de ese tipo de muerte que la vida del cuerpo de Cristo ha de ser manifestada. Pero estos son días excitantes en los cuales vivimos porque, en esta tardía década del siglo 20, el Espíritu de Dios está sanando una iglesia perezosa, enferma y defectuosa.

El proceso de sanación es bien interesante de observar. Encuentro que está ocurriendo en todas partes. El Espíritu Santo está insuflando nueva vida en los viejos huesos que han estado tendidos durante tanto tiempo que han comenzado a agitarse. Está echando vino nuevo en odres nuevos hoy. Está brotando en medio de las viejas y establecidas formas de la iglesia una nueva y emocionante manifestación del Espíritu Santo obrando entre los hombres. Puedes ver esto en todas partes. Está siendo llevado a cabo por un regreso a estos principios fundamentales que el apóstol Pablo presenta aquí en la epístola de Efesios en cuanto a la intención de Dios para Su cuerpo.

El cuerpo humano es una ordenación maravillosa de bastantes funciones distintas. Estamos estupefactos por la suavidad con la cual el cuerpo articula muchas grandes funciones. Están los sentidos mayores de la vista, el oído, el habla, etc., todos funcionando como una unidad en un cuerpo. Los varios órganos todos funcionan juntos compartiendo una armonía maravillosa, y sin embargo cada uno está haciendo algo distinto. Esa es la característica que es tan notablemente evidente en las intenciones de Dios para el cuerpo de Cristo. En el cuerpo humano cada órgano es una cosa distinta y peculiar, teniendo una función distinta de cualquier otra cosa en el cuerpo. No puedes sustituir un órgano por otro. ¿Alguna vez has visto a un cirujano sustituir un estómago defectuoso con un par de pulmones? No se puede hacer. Cada órgano debe ejercitar sus propias funciones. Así que cada cristiano que ha sido verdaderamente convertido tiene un don o dones especiales de Dios llamados charismata, gracias, que Dios le da cuando se vuelve un creyente en Jesucristo. Ese don es tu función privilegiada dentro del cuerpo de Cristo. Nadie más puede hacerlo. Otros puede que tengan dones similares, pero no pueden hacer lo que tú puedes hacer. Nadie más puede hacer lo que tú puedes hacer en el cuerpo de Cristo.

Las Escrituras son muy explícitas sobre esto. En el pasaje frente a nosotros, leemos en el versículo 7: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). ¡Cada uno de nosotros! En Primera de Corintios 12, el apóstol nos recuerda de nuevo que es la prerrogativa del Espíritu Santo el repartir estos dones entre Su pueblo individualmente, o sea a cada uno, de acuerdo a Su voluntad. Si eres cristiano tienes un don. No tienes que preguntártelo; no hay ninguna duda sobre ello. Tienes al menos uno y quizás más. Si has llegado a verdaderamente conocer a Jesucristo al recibirle como tu Señor y Salvador, y el Espíritu Santo de Dios ha tomado morada en tu corazón, tienes el don que es tu privilegio ejercitar dentro del cuerpo de Cristo.

Tu don puede que caiga en una de dos divisiones mayores dentro del cuerpo. Hay ciertos dones que pueden ser llamados dones de ministerio de apoyo general, de los cuales el cuerpo recibe el beneficio. Hay cuatro de estos. Hay otra división de dones que pueden ser llamados dones de obras específicas. Solo podemos hacer un rápido examen entre ellos ahora pero quiero volver a esto y repasarlos detenidamente y particularmente en orden para que podamos entender lo que son estos dones, cómo reconocerlos en nosotros y en otros, y cómo ponerlos en funcionamiento. Los ministerios de apoyo caen en cuatro categorías mayores que nos son dadas en el versículo 11. El apóstol dice que

... él (Cristo) mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, [El último don debería de estar escrito con un guión, como pastor-maestro, o pastor que enseña] a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, [¿No es eso lo que quieres? ¿Madurez? ¿Hombría? ¿Femineidad? ¿Como tenía planeado Dios que se viviera la vida humana?] a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Así ya no seremos niños [inmaduros] fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. (Efesios 4:11-15)

Para poder llevar a cabo esto, se prescribe un patrón preciso. Es sólo al entender y recuperar ese patrón que esta iglesia, o cualquier otra iglesia, o la iglesia por completo, alguna vez se convertirá en un organismo efectivo, poderoso, relevante y que cambia vidas dentro de la sociedad humana. Ahora examinemos estas cuatro funciones, los ministerios de apoyo general. Estos se relacionen con el cuerpo completo así como los sistemas mayores se relacionen con el cuerpo físico:

Primero de todo, hay en tu cuerpo, como sabes, un sistema de estructura básica de músculos y huesos. De ese sistema el cuerpo consigue su apoyo. No serías nada más que una masa gelatinosa si no fuera por eso. Nuestros cuerpos tienen la habilidad de moverse a causa de los huesos y los músculos. Luego hay otro sistema, el sistema nervioso, por el cual estos huesos y músculos son estimulados a la actividad, el sistema directivo. Entonces está lo que llamamos el sistema digestivo, mediante el cual la comida que entra en el cuerpo es asimilada y hecha disponible a las células del cuerpo. Es por esto que el cuerpo crece; es el sistema que propaga el crecimiento. Luego está el sistema circulatorio, la sangre con las venas y las glándulas linfáticas. Es por este sistema que el cuerpo es nutrido y mantenido.

Extraordinariamente, la estructura del cuerpo de Cristo se asemeja aproximadamente a estos sistemas dentro de los cuerpos humanos. Esta no es la enseñanza definitiva de las Escrituras, pero he ahí un acercamiento aproximado de los cuatro dones mencionados aquí a los cuatro sistemas mayores del cuerpo humano. Está primero el ministerio apostólico. “A unos apóstoles”, Pablo dijo. Él mismo era uno de ellos. Era la tarea de los apóstoles el poner cimientos, para construir infraestructuras mayores, para construir la estructura de apoyo básico alrededor de la cual el resto del cuerpo sería construido. Por eso los apóstoles escribieron los libros del Nuevo Testamento, ya que es este ministerio apostólico el que forma el apoyo básico de la vida del cuerpo de Jesucristo. Diré más sobre esto en mensajes futuros, ya que este es solo un rápido examen.

Luego están los profetas. Un profeta es un hombre que habla para Dios, que muestra la mente de Dios. En la iglesia temprana antes de que el Nuevo Testamento fuera ni siquiera escrito, los profetas hablaron directamente por la inspiración del Espíritu Santo, pronunciando las verdades que están ahora registradas en nuestro Nuevo Testamento. Eran hombres que mostraron lo que Dios enseñó, y por tanto el cuerpo fue motivado a obrar. Esto es paralelo al sistema nervioso de nuestros cuerpos humanos.

Luego están los evangelistas, por los cuales el cuerpo es construido y crece, hombres con un don especial para comunicar el evangelio en términos relevantes y persuasivos a gente que no son cristianos. En cierto sentido cada cristiano ha de ser un evangelista en el sentido de que la persona habla como un testigo de su fe. Pero estos evangelistas son hombres y mujeres con un don especializado que tienen una atracción maravillosa y una habilidad para hablarle a la gente. Billy Graham es espectacular en este campo hoy. Es un verdadero evangelista, ya que atrae a la gente a escuchar las buenas nuevas de Jesucristo.

Seguidamente hay pastores que enseñan, y estos corresponden al sistema circulatorio en nuestro cuerpo; son designados para mantener la vida del cuerpo, el nutrirlo, el purificarlo y mantener su vida en vigor y vitalidad. ¡El Dios que diseñó nuestro cuerpo humano es el mismo Dios que diseñó el cuerpo de Cristo, que ha de moverse a través de nuestra sociedad y penetrar la vida de esta época! El deseo de Dios es mantener el cuerpo en salud, y eso es lo que está haciendo el Espíritu de Dios hoy.

¿Me permiten añadir una palabra adicional sobre estos cuatro ministerios de apoyo, estos dones especializados? Tenemos una tendencia tan fuerte a pensar de estos como cristianos profesionales. Estos son los que llamamos el clero (una palabra horrorosa) y reverendos. Casi invariablemente incluimos en esta clase de personas a aquellos que han pasado por algún tipo de escuela de entrenamiento especializado y pasan todo su tiempo completo en este tipo de trabajo. Incluye, por supuesto, ese tipo de personas, pero no está limitado a eso. Hay hombres que tienen un ministerio apostólico hoy, hay hombres que tienen dones proféticos, hay hombres que son evangelistas, hay hombres que son pastores que enseñan, pero de ninguna manera son todos ellos cristianos profesionales, en servicio a tiempo completo. En cada iglesia hay aquellos que están involucrados en trabajo secular que tienen estos dones y que han de ejercitarlos así mismo. Quiero dejar ese punto claro, incluso en este examen introductorio, aunque tengo la intención de volver a ello en el futuro.

Un horrible fallo ha ocurrido en la vida de la iglesia justo en este punto. A lo largo de los siglos, la iglesia gradualmente se ha alejado de este simple sistema que la hizo una influencia tan poderosa y atractiva sobre la sociedad en sus años tempranos, y gradualmente se introdujo una terrible distorsión, la cual todavía estamos sufriendo hoy en día. La iglesia fue identificada con edificios, grandes y masivas catedrales y estructuras imponentes, y a estas se referieron como la iglesia. El pensamiento popular se fijó en el edificio como el símbolo que identificaron con la iglesia, en vez de en las personas. Junto con esa idea se introdujo una transferencia gradual de la responsabilidad de hacer el trabajo del ministerio de la gente al clero. Fíjate que, en las Escrituras aquí, el apóstol deja claro que el trabajo de este ministerio de apoyo general es doble. Estas cuatro funciones existen, Pablo dice, para el equipamiento de los santos en dos direcciones: “para la obra del ministerio” y “para la edificación del cuerpo de Cristo”.

Estos cuatro ministerios de apoyo existen para el equipamiento de los santos para la obra del ministerio (eso es el contacto con el mundo) y para la edificación del cuerpo de Cristo (eso es el mantener la salud de la iglesia). ¿Quién ha de hacer estas dos cosas? ¡Los santos, el pueblo! Esa es la intención de Dios. No es el trabajo de los pastores. Su trabajo es algo distinto. Han de entrenar y equipar, apoyar y motivar a la gente a que hagan este trabajo. Es el pueblo el que ha de hacer el trabajo de la iglesia. Cualquier cosa menos es una terrible distorsión de lo que Dios previó que fuera la iglesia.

Cuando esta idea distorsionada se introdujo en la iglesia, resultó en una terrible situación. El ministerio fue dejado a los profesionales, y la gente vino a la iglesia, no a aprender lo que hacer, sino a escuchar, eso es todo. El pastor les tiene que ministrar, animarles y tratar de mantenerlos espiritualmente sanos, y, al mismo tiempo, hacer todo el trabajo de tratar con el mundo: Pronto nació una idea muy destructiva de que el trabajo de la gente era traer al mundo al edificio a oír el evangelio y que el trabajo del pastor era de predicarles. Nada ha sido más destructivo en la vida del cuerpo de Cristo que ese concepto. ¡Pronto el cristianismo se convirtió en un deporte de espectadores, muy parecido a la definición que recientemente oí del futbol: once hombres en un campo, desesperadamente necesitando descansar, y cuarenta mil personas en las gradas desesperadamente necesitando ejercicio!

No es de extrañar que esta horrible carga (la cual los pastores son enormemente responsables de asumir) haya ejercido una terrible e insoportable presión sobre los pastores, el clero. No han sido capaces para esta tarea y nunca se pretendió que lo fueran. Cualquier pastor que honestamente lo intentó se encontró involucrado en exigencias frustrantes y sin fin de tal forma que se quebró bajo la presión. Esa es una de las razones por la cual ha habido tantos fallos emocionales en el ministerio.

Necesitamos urgentemente regresar a los sencillos principios de la vida diseñada para el cuerpo de Cristo. El resultado de su distorsión ha sido un cuerpo tristemente empobrecido que ha hecho tan poco hasta ahora en cuanto al mundo, y ha sido mayormente una sección aislada de la vida con un fuerte tufo religioso por el que la gente siente rechazo. El mundo desprecia a la iglesia porque no está haciendo nada relevante y significativo en la sociedad humana. Nuestra necesidad, por tanto, es el regresar al patrón original.

Regresamos ahora a la segunda clase de dones, los dones de trabajo. Quiero simplemente nombrarlos para ustedes. Volveremos a describirlos más tarde en detalle, para que podamos reconocer lo que el Espíritu Santo ha hecho en nuestras vidas individuales para hacer que esta iglesia sea una poderosa unidad de trabajo. Hay varias listas de los dones espirituales, los charismata, en el Nuevo Testamento. Encontrarás una de ellas en Romanos 12, otra en Primera de Corintios 12, y hay breves referencias en otros sitios. Cuando ponemos estas juntas la lista es algo como esto:

Está el don de sabiduría. Esa es la habilidad de entender cómo la verdad se aplica a situaciones específicas, cómo poner a la verdad en funcionamiento. Está el don de conocimiento. Esa es la habilidad de categorizar la verdad, presentarla en porciones manejables y, por tanto, entenderla mejor. Está el don de fe. Es lo que llamamos hoy día el don de visión. Es una idea que se apodera de un hombre de que un objetivo que se necesita debe ser alcanzado. Él lo ve, mientras que los demás no, y se pone en marcha y lo hace.

Esta semana, en Washington, hablé con W. Cameron Townsend, el fundador de los Traductores Wycliffe. ¡Qué ejemplo tan notable es de un hombre con el don de fe, el don de visión para alcanzar al mundo mediante la traducción de las Escrituras al lenguaje de las tribus aisladas de la tierra! ¡Qué gran cosa ha hecho Dios con eso por medio de él!

Luego están los dones de sanación, incluyendo la sanación física, mental, o emocional. Hay dones de milagros, el don de la profecía, que es algo bastante distinto de lo que normalmente pensamos. Está el don de discernimiento, la habilidad de ver si una persona es falsa o no; el don de lenguas, el poder de hablar en otros idiomas; y el don de interpretación de lenguas. Está el don de ayuda, un don magnífico, sin el cual la iglesia no sería nada. (En Romanos 12, se le llama “el don de servicio”.) Luego está el don de administración, aquellos que tienen el don dado por Dios para organizar y administrar los asuntos espirituales. Este es “el don de gobernación” en Romanos 12. Está el don de exhortación, la habilidad de conseguir que la gente se mueva, el decir cosas de tal forma que motive a la gente, les exhorte. ¿Sabes que hay un don de contribuciones? Cada creyente ha de contribuir, pero hay algunos que tienen el don especial para esto, el don de ganar dinero.

Conocí a un hombre así esta semana, un hombre que se gloría en el hecho de que Dios le da, como hombre de negocios, el don de ganar dinero, y ha reservado $20,000 como una fundación especial para ser usada exclusivamente para el entrenamiento de hombres jóvenes para el trabajo del ministerio. Eso es un don. Está el don de mostrar misericordia, de visitar a los enfermos y poner flores en las ventanas y hacer las camas o cocinar una cena, etc., el don de mostrar amabilidad. Hay una amplia diversidad de dones, una gama panorámica de ellos.

“Bueno”, alguien está diciendo, “¿cómo encuentras el don que uno tiene? ¿Cómo identificas tu propio don?”. La respuesta es: Encuentras tus dones espirituales de la misma forma en la que encuentras tus talentos naturales. Ustedes los músicos, ¿cómo supieron que tenían el don de la música? Ustedes atletas, ¿cómo descubrieron que tenían una coordinación física inusual y tenían la capacidad de hacer hazañas atléticas que otros no podían hacer? ¿Cómo descubrieron eso? Bueno, descubres tus dones espirituales de la misma forma. Normalmente sientes una atracción al ver a ciertas personas ejercitando un don, y eso te atrae a ellos. Te gusta lo que ves. Entonces pruebas distintas cosas. Pronto descubres que no tienes ciertos dones para nada. Con otros, te dices a ti mismo: “Quizás pudiera hacer eso”. Disfrutas de algunas actividades más que de otras, y eso es una indicación posible. Lo que disfrutas haciendo normalmente es lo que Dios te da el privilegio de hacer, ya que el ejercicio de los dones espirituales es una cosa gozosa de hacer. La gente toma gran placer en ejercitar estos dones, ya que son placenteros y gratos.

Entonces sientes un deseo continuado de ejercitar una línea de esfuerzo más que otra, y deseas conocer más sobre ello. Deseas hacer esto más frecuentemente, y eso es una indicación. Una indicación muy importante es el ver si otros reconocen el don en ti y te animan a hacerlo. Aquellos de experiencia madura puede que te digan: “Mira, sentimos que tienes un don en esta línea y nos gustaría que tomaras este trabajo. ¿Te gustaría hacerlo?”. Es muy importante que otros reconozcan tu don. (¡Me acuerdo que el Dr. H. A. Ironside solía hablar de la patética situación de aquellos que sentían que tenían el don de predicación, pero nadie tenía el don de escuchar!)

Ahora bién, la mayoría de estos dones son manifestados aquí mismo en esta iglesia, como lo son en otras iglesias. El Espíritu de Dios los ha dado. Quizás no todos los dones; esa es Su elección. Él da según le parece, no como nosotros queremos. Queremos ver a esta iglesia como un cuerpo obrando, no sólo aquí donde nos estamos ministrando y edificándonos mutuamente (eso es parte de ello), sino también ahí afuera en ese mundo bastante desesperado. Los hombres ya no viven vidas de desesperación silenciosa, sino de desesperación abierta, no sabiendo a dónde volverse o cuáles son las respuestas. Pero el ministerio del cuerpo es el ministerio de Jesucristo obrando en la sociedad humana. Cristo ama a este mundo. Ama a los hombres y las mujeres que están en él. Ama a los vagabundos pobres, patéticos y sin hogar que andan a trompicones por las calles de nuestras grandes ciudades en números crecientes, víctimas de los narcóticos, la bebida, el sexo, el LSD, y todo tipo de perversiones. Ama a los hombres de negocios que trabajan duro, beben en exceso, que han hecho del éxito un dios, que han caído por la ilusión de que el éxito es su gran meta, y que despiadadamente atropellan a cualquiera que se interponga en su camino. Y cuando llegan a esa meta y tienen todos los lujos y las grandes casas, todavía tienen corazones vacíos y nada que les satisfaga. Los ama y quiere alcanzarles por medio de nosotros. Esa es la meta, ese es el propósito del cuerpo de Cristo.

Alguien ha dicho que hay 81 millones de cristianos en el mundo hoy. No todos ellos saben lo que significa ser cristiano, pero hay, quizás, 81 millones de cristianos. ¿Sabes lo que significa eso? Eso significa que hay 81 millónes de oportunidades, distribuidas por todo el mundo en todos los niveles y clases de la sociedad, para manifestar el mismo maravilloso poder para cambiar vidas que manifestó Jesús de Nazaret en Judea, o Galilea, hace 1900 años. ¿Piensas que si eso estuviera realmente ocurriendo, que hubiera 81 millones de lugares en este mundo hoy donde esa clase de vida, en silencio, sin ostentación y aún así con poder, se estuviera manifestando, crees que este viejo mundo sería el mismo sitio que es hoy? Os dejo con esa pregunta.

Oración:

Padre nuestro santo, ¡con qué oportunidad nos hemos encontrado aquí! ¡Qué plan y programa tan magnífico para que este mundo sea ayudado, cambiado y liberado en su absoluta necesidad! Dios, danos el poder tomar algo de ese entusiasmo y el reto de esto en nuestras vidas. Que podamos tener parte en esto, el concepto más revolucionario que jamás ha sido dado al hombre. Haz que nos avivemos, Señor, y que nos demos cuenta que Tú tienes un sitio para nosotros que solo nosotros podemos llenar y que nadie más puede hacer, como parte de este programa. Ayúdanos, entonces, a aprender más sobre ello. En el nombre de Jesús. Amén.