El ministerio de los santos

Edificación y mantenimiento de la iglesia

Autor: Ray C. Stedman

Nuestro tema es el edificio y el servicio de mantenimiento de la iglesia. Si estás un tanto sorprendido por ese título, déjame asegurarte: No estaremos hablando sobre el servicio de conserjería. El extraño título es un intento de enfocar tu atención en las palabras de Efesios 4, versículo 11, que marca el programa divino para coordinar, desarrollar y articular los dones y actividades de los miembros de la iglesia de Cristo, para hacerlo un instrumento efectivo en la sociedad humana. La iglesia nunca puede ser nada más que un grupo un tanto piadoso e inicuo de gente religiosa hasta que vuelva a su programa divino y se convierta en lo que Dios tenía la intención que fuera. Cuando lo haga, se convertirá en un elemento perturbador en la sociedad, un fermento revolucionario que hará el impacto más poderoso que puede ser hecho sobre cualquier comunidad. En el versículo 11, el apóstol Pablo dice en cuanto a Jesucristo:

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. (Efesios 4:11-12)

Hemos visto que Pablo utiliza dos grandes figuras para la iglesia en esta carta a los Efesios. Primero, la compara a un cuerpo, un cuerpo humano de carne y huesos, articulado y coordinado, constituido de muchos miembros. También lo compara a un edificio que ha estado creciendo a través de los siglos como una morada para Dios. A veces parece mezclar las metáforas juntas. Habla sobre un edificio creciendo, pero los edificios no crecen; los cuerpos sí. Pero está tan ansioso por dejar esta verdad clara que su lenguaje se vuelve un tanto mezclado. Quizás lo hace deliberadamente, para que podamos captar el pensamiento de algo vivo, un cuerpo vivo, un edificio vivo. A veces mezclamos las metáforas así, como decir: “Le pusiste mantequilla a la tostada, así que, ahora túmbate en ella”, o “Has hecho tu cama, así que, cómetela”.

Hemos visto que no te conviertes en un miembro del cuerpo de Cristo al unirte a una iglesia. Te vuelves un miembro al nacer de nuevo por el Espíritu Santo por medio de la fe en Jesucristo. No hay ningún otro camino a Su cuerpo. Una vez en él, cada miembro tiene una contribución que hacer, y, al obrar cada miembro en lo que Dios le ha dado a él o ella para que haga, el cuerpo completo funciona. Cuando Pablo la describe como un edificio, deja claro que es un edificio vivo y creciente. Cada cristiano es una piedra añadida al edificio, una piedra viva, como Pedro dice en su carta (véase 1 Pedro 2:4-5). Cada uno es una parte vital en el gran templo que el Espíritu Santo está construyendo como una morada para Dios.

Nunca podremos entender la iglesia a menos que entendamos esa verdad. La iglesia es donde Dios mora, donde está obrando hoy. Por eso mucha gente, buscando descubrir a Dios en el universo, dice que está muerto. El problema es que no tienen Su dirección; no saben dónde vive. Pero está muy activo por medio de Su cuerpo, el edificio hecho para Él por el Espíritu Santo. Si pensamos en la iglesia como un cuerpo, entonces, en este pasaje en Efesios 4, estamos estudiando la fisiología de ese cuerpo: cómo operan los órganos, cómo el cuerpo funciona junto, cómo está coordinado para hacer una sola cosa. Si pensamos en la iglesia como un edificio, entonces estamos estudiando el proyecto, la arquitectura de él, el plan del diseñador.

Pero sea que la iglesia sea considerada como un cuerpo o un edificio, hay cuatro funciones dentro de él que son tan universalmente necesitadas y tan mutuamente compartidas que debemos de considerarlas independientemente de los otros dones que Cristo ha dado a Su pueblo. Estas cuatro funciones son llamadas aquí: “apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros”. Estos dones constituyen lo que normalmente llamamos el ministerio, o más horriblemente, el clero. Ambos términos, por supuesto, están equivocados. La iglesia completa está en el ministerio, como puedes ver en este versículo. Estas cuatro funciones existen para el equipamiento de los santos “para la obra del ministerio”; por lo tanto, cada cristiano está en el ministerio. Esto no tiene nada que ver con si es a tiempo completo, a tiempo parcial o cualquier otra relación en cuanto al tiempo.

Todos somos llamados al trabajo del ministerio, y, por tanto, es inapropiado designar a este grupo como el ministerio, aunque se hace comúnmente. Es todavía peor el llamarles el clero, ya que esa palabra viene del latín clericus, que significa “un sacerdote”. De nuevo, cada creyente ha de ser un sacerdote en la iglesia de Jesucristo. Algunos eruditos sienten que el término deriva basicamente de la palabra griega “ser heredero”, como si el clero tuviera algún privilegio especial en el cuerpo de Cristo que nadie más tiene. Pero este es un malentendido total de las Escrituras. El clero no es mejor que ninguna otra persona en el cuerpo de Cristo; son cristianos ordinarios con una tarea especializada, eso es todo. No tienen mayores privilegios y ninguna autoridad mayor, como individuos dentro del cuerpo de Cristo, que cualquier otro cristiano. De hecho, no existen como un grupo independiente. Estas cuatro funciones no pueden apropiadamente clasificarse a sí mismas como un grupo particular distinto al resto de los cristianos.

El periódico recientemente transmitió la sugerencia de un ministro, o clérigo, que fuera formado un sindicato de clérigos. Eso no tiene nada que ver con el Nuevo Testamento. No hay lugar para un sindicato de clérigos dentro del Nuevo Testamento. No existen como un grupo sino como individuos, dotados y situados dentro del cuerpo, para llevar a cabo una función particular que es necesaria para su crecimiento, vida y movimiento. En un mensaje previo, sugerí que estas cuatro funciones corresponden aproximadamente a los sistemas del cuerpo físico:

Hay, primero, el sistema estructural del cuerpo: los huesos y los músculos formando un esqueleto que hace posible que nos movamos y caminemos y actuemos. Esto corresponde a los apóstoles y su función en el cuerpo de Cristo. Forman los cimientos. Construyen la estructura básica que hace que el cuerpo de Cristo tome una cierta forma. Luego está el sistema nervioso en nuestros cuerpos: aquello que pone en acción, que estimula, que nos pone en alerta y activa. Si se vuelve hiperactivo padecemos una crisis nerviosa. Podemos fácilmente reconocer la importancia del sistema nervioso para el cuerpo. Se corresponde con el trabajo de los profetas en el cuerpo de Cristo. Ellos han de presentar la verdad frente a nosotros para ponernos en acción, electrizarnos, estimularnos, y motivar al cuerpo de Cristo. Después está el sistema digestivo, que corresponde a los evangelistas que hacen posible el crecimiento del cuerpo espiritual. El sistema digestivo toma la comida que es bastante diferente a la carne humana y la transforma en humana, haciéndola parte viva del cuerpo. Luego hay un sistema circulatorio, la sangre, que nutre y limpia nuestros cuerpos continuamente. Puedes ver que esto corresponde a los pastores y maestros que obran en el cuerpo de Cristo para nutrirlo y limpiarlo y mantenerlo funcionando apropiadamente.

El Señor ha diseñado cuidadosamente el cuerpo humano para que cada cristiano pueda llevar consigo una lección visual para entender la naturaleza de la iglesia. Tú tienes un cuerpo, y tu cuerpo es una imagen de la iglesia de Jesucristo. Ahora quizás sería instructivo el examinar esta misma cosa desde el punto de vista de otra figura que Pablo utiliza: la iglesia como un edificio. El apóstol claramente se refiere a las dos primeras funciones (apóstoles y profetas) en términos de la figura de un edificio. En el capítulo 2, versículos 19 a 22, dice:

Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2:19-22)

Existe el edificio y los cristianos individuales como miembros, piedras, dentro de ese edificio. El apóstol dice que a los apóstoles y profetas se les da el trabajo de formar los cimientos. De ellos es el ministerio cimentador de efecto extendido en el tiempo, sea que pensemos en los apóstoles originales o en los contemporáneos. El don apostólico todavía está siendo dado hoy, pero funciona en un sentido algo secundario en comparación a la de los apóstoles originales. En la figura de un edificio, la secuencia de tiempo es acentuada en esta ilustración particular. Pablo nos la da de nuevo en 1ª de Corintios 12:

Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles[Eso no significa primero en rango; significa primero en secuencia histórica: Primero, apóstoles], luego profetas, lo tercero maestros,… (1 Corintios 12:28a)

Ese es el orden en el cual esos dones fueron introducidos a la iglesia. Aquí entendemos que Jesucristo, como Señor de la iglesia, ha dado el derecho de formar los cimientos a los apóstoles y profetas. Ahora bien, esto es supremamente importante. Cualquiera de ustedes en el negocio de la construcción sabe que una cimentación es de suprema importancia. No corres riesgos con los cimientos. Los construyes directa, segura y fuertemente, ya que todo el edificio va a descansar sobre esa base y va a derivar su fuerza de la solidez de ese cimiento. La misma cosa es cierta en la iglesia. El Señor Jesús dejo muy claro que si un hombre construye sobre la base incorrecta tendrá problemas. Un hombre construye su casa sobre la arena. La casa puede tener un aspecto muy bello, puede ser impresionante, espectacular, pero cuando llegan las tormentas, cae. Otro construye sobre la roca, y su casa se mantendrá (véase Mateo 7:24-27). Es en la base donde está toda la diferencia.

Era la tarea entonces de los apóstoles y profetas el construir los cimientos de la iglesia. Tenemos la crónica en los evangelios que nuestro Señor llamó a doce hombres para estar con él (esa era su característica primaria) y mandarles a un ministerio especializado. Él es el que los llamó apóstoles. La palabra significa “enviar” o “uno que es enviado”. Esto es un apóstol. Los doce apóstoles fueron enviados por el Señor Jesús con una comisión especial y una autoridad especial. Al seguir su ministerio reconocerás que poseían una palabra de autoridad. En todas partes a donde fueron hablaron con autoridad. Ellos mismos estaban impresionados con esto. Volvieron al Señor y le dijeron como se regocijaron cuando descubrieron que los demonios estaban sometidos a ellos. Cuando hablaron, su palabra tenía autoridad. Esa autoridad es la marca especial de un apóstol. Más tarde hubo otros apóstoles. Pablo vino después de los doce y nunca perteneció a los doce originales. No tomó parte en su ministerio particular, aunque era verdaderamente un apóstol. Fue mandado a ser apóstol a los gentiles. Así como Bernabé, Silas, Timoteo y Tito. Estos también compartieron el ministerio apostólico.

El trabajo de un apóstol era el declarar el cuerpo completo de verdad en cuanto a Jesucristo. Esos son los fundamentos. ¿Cómo entras en la iglesia? Entras en ella al creer en la verdad. La diferencia entre un cristiano y uno que no es cristiano es la diferencia entre un creyente y uno que no cree. Si eres un creyente en la verdad sobre Jesucristo (que ciertamente significa más que un asentimiento intelectual un compromiso de la voluntad también) estás en la iglesia. Estás basado en los fundamentos. ¿Qué son los fundamentos? Es lo que crees sobre Jesucristo; y los apóstoles pusieron los fundamentos. Es la verdad apostólica. Encontramos estos fundamentos en el Nuevo Testamento. “Nadie puede poner otro fundamento”, dijo Pablo, “que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). Lo que los apóstoles dicen sobre Jesucristo son los cimientos de la iglesia, y lo que dicen sobre Jesucristo está registrado para nosotros en el Nuevo Testamento. Esto viene de las manos de los apóstoles, y toda la iglesia descansa directamente sobre ese fundamento. Si no descansa ahí, ciertamente es una estructura muy débil e insegura.

Hoy muchos se están apartando de los fundamentos y, como resultado, han perdido cualquier nota de autoridad o de seguridad. Es solo al descansar la iglesia sobre la base de la fe enseñada por los apóstoles que hay cualquier certeza o fuerza. Los puntos de vista humanos o las opiniones no hacen ninguna diferencia; lo que dice el conocimiento moderno, o qué descubrimientos nos abra la ciencia no cambian los fundamentos. Fueron puestos de una vez por todas hace mucho tiempo, y es sobre estos que la iglesia construye. Lo que nos interesa es lo que enseñaron los apóstoles. Esa es la gran y final verdad, “conforme a la verdad que está en Jesús” (Efesios 4:21).

Hace algún tiempo, en la sala de una casa privada, me encontré con un número de jóvenes ancianos mormones. (Nunca deberían de ser llamado “ancianos”, ya que todos son muy jóvenes. Normalmente son jóvenes recién graduados de la universidad.) Estábamos discutiendo, en presencia de un grupo interesado, la diferencia entre las enseñanzas de la iglesia mormona y las enseñanzas de la Biblia. Estos hombres jóvenes dijeron: “Nuestra iglesia es la única iglesia verdadera”. (Esta es una declaración que hacen invariablemente.) “Nuestra iglesia es la única iglesia verdadera, y la razón por la cual sabemos que esto es cierto es que tenemos apóstoles. Ninguna otra iglesia tiene apóstoles, pero la verdadera iglesia de Jesucristo tenía apóstoles”. Les dije: “Estáis enormemente equivocados. La iglesia a la que yo pertenezco tiene apóstoles”. “Oh”, dijeron, “¿cuál iglesia es esa? Nunca hemos oído de otra iglesia que tenga apóstoles”. Les dije: “Ocurre que es la iglesia original con los apóstoles originales”. Dijeron: “¿Cómo puede ser esto?”. Dije: “Primero, decidme, ¿quiénes son los apóstoles en vuestra iglesia?”. Nombraron una lista que en aquel tiempo incluía el Secretario de Agricultura, Ezra Taft Benson, y otros. Les dije: “El único del que he oído en esa lista es Benson, y nunca he visto ningunas cualificaciones particulares de su parte para ser un apóstol”. “Bueno, dijeron: “¿quiénes son los apóstoles en tu iglesia?”. Yo dije: “Pedro, Santiago y Juan, y todos los demás”. De nuevo dijeron: “¿Cómo puede ser eso?”. Dije: “Es muy simple. Si quiero saber lo que un apóstol dice, todo lo que tengo que hacer es volverme al Nuevo Testamento, y ahí lo encuentro. Si quiero saber la opinión del apóstol Pablo sobre un tema, puedo volverme inmediatamente a lo que Pablo ha dicho. O el apóstol Juan. O el apóstol Pedro. Veréis, la iglesia descansa sobre el fundamento de los apóstoles”. Y añadí: “Eso marca vuestros apóstoles como falsos apóstoles, porque los apóstoles han de poner los cimientos, y la iglesia mormona no comenzó hasta el siglo 19, muchos siglos después del comienzo de la iglesia de Jesucristo. Si los vuestros son verdaderos apóstoles, entonces eso pondría los cimientos en algún sitio cerca del techo”. ¿Quién jamás oyó de poner los cimientos tan tarde en la construcción? No, los fundamentos de la iglesia fueron puestos por los apóstoles en el testimonio que han dado de Jesucristo “conforme a la verdad que está en Jesús” (Efesios 4:21). Esos son los cimientos. “Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto... ” (1 Corintos 3:11).

No hay ninguna otra línea de verdad sobre Jesucristo. No hay ninguna otra información a ser dada sobre Jesús que la que ya han dado los apóstoles. No hay nada más. Si parece haberla, como les dice Pablo a los Gálatas: “es un evangelio diferente” (Gálatas 1:6b). No es la misma cosa. Es algo diferente. Aquí están los cimientos, y sobre estos la iglesia es construida, y de estos viene su fuerza. El don apostólico todavía está siendo dado hoy, y se necesita donde nuevas iglesias se comienzan. No es que ninguna nueva verdad esté siendo añadida a las Escrituras, sino que todo el cuerpo de verdad que es dado es tomado por aquellos que tienen el don apostólico y lo imparten a nuevas iglesias donde comienzan. Esta es siempre la tarea de un apóstol, el comenzar nuevas iglesias. Los llamamos misioneros pioneros hoy. A través del curso de la historia de la iglesia ha habido grandes apóstoles como Adaniram Judson en Burma, William Carey en India, Hudson Taylor en China. Estos son hombres que tenían el don apostólico y eran responsables de impartir la nueva fe a nuevas iglesias.

Ahora bien, junto con los apóstoles están los profetas. No todo el Nuevo Testamento fue escrito por los apóstoles, y nada del Antiguo. El Antiguo Testamento fue escrito por los profetas, y también hubo profetas en el Nuevo Testamento. Hombres tales como Marcos, Lucas, Santiago y Judas no eran apóstoles, pero, sin embargo, ayudaron a poner los fundamentos de la iglesia al escribir las Escrituras. Ellos son los profetas del Nuevo Testamento, y hay otros mencionados. El don del profeta difiere de el del apóstol en que el apóstol tiene la palabra de autoridad. Da una declaración con autoridad del cuerpo completo de verdad en cuanto a Jesucristo. Pero el don profético es el interpretar esa palabra de autoridad y así explicarla de tal forma que la verdad se vuelva clara, vital y convincente. La palabra profeta sugiere esa misma cosa. Viene de la palabra raíz que significa “hacer brillar”, con el prefijo pro, que significa “antes”. Alguien que se presenta y hace que la palabra brille, eso es un profeta. Esto es bellamente reflejado en la segunda carta de Pedro. Dice: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro” (2 Pedro 1:19a). Esa es la tarea del profeta.

Entonces nos encontramos con el tercer ministerio aquí: evangelistas. Esto está conectado con los pastores y maestros. Los evangelistas y los pastores y maestros trabajan juntos, justo como los apóstoles y profetas trabajan juntos. En el cuerpo como una unidad, los evangelistas y los pastores y maestros trabajan con individuos dentro de la iglesia. Los evangelistas están implicados en el comienzo de la vida cristiana, mientras que los pastores y maestros están implicados en el desarrollo y el crecimiento de esa vida. Por lo tanto, los evangelistas son básicamente obstetras, teniendo que ver con el nacimiento, y los pastores y maestros son pediatras, teniendo que ver con la dieta, las enfermedades, y la necesidad de aire fresco y ejercicio. Para regresar a la figura de un edificio, un evangelista es el trabajador en una excavación, el hombre en una cantera que excava la roca, que la libera de su estructura básica y la rompe, separándola de la roca en pedazos más pequeños. El pastor que enseña entonces se vuelve el albañil, aquel que le da forma a la roca, la pone en su forma apropiada y la pone en el sitio apropiado del edificio, de acuerdo al plan del Arquitecto. Ese es el trabajo de estos dos dones juntos en el cuerpo de Cristo.

Pues bien, se espera que todos los cristianos evangelicen, pero no todos tienen el don de un evangelista. Quizás pueda aclarar eso. Todos los cristianos evangelizan como testigos, pero un testigo es distinto a un evangelista. Un testigo simplemente es uno que cuenta lo que le ocurrió a él. Eso es todo. Se espera que cualquier cristiano y todos los cristianos relaten lo que les ocurrió, el ser capaces de dar un simple testimonio de lo que Jesucristo ha hecho. Esto es tan simple como el hablar sobre cualquier otra experiencia. Si puedes hablar sobre el gozo que fue casarse, cómo de maravilloso es tu esposo o esposa, tus hijos, tus nietos, también puedes ser testigo para Cristo. El hablar sobre estas cosas simple y naturalmente, eso es un testigo cristiano. Pero un evangelista va más allá. Un evangelista sabe cómo explicar el porqué y cómo de la gran historia redentora de Jesucristo. Es capaz de proclamar las verdades que producen un nuevo nacimiento. Está para siempre encargándose de la gran proclamación de que Dios no ha dejado al hombre en una condición desesperada, sino que ha preparado un camino a gran precio por medio de la cruz y la resurrección, por los cuales los hombres y las mujeres que luchan en su lucha sin fin en contra de las fuerzas deteriorantes de la vida puedan ser liberados y dotados de un nuevo comienzo y una nueva base para la batalla. Ese es el mensaje del evangelista.

Es el mensaje de esperanza y júbilo y gozo. La tarea del evangelista no es el ir denunciando el pecado. Puede llamar la atención de la gente a aquello que está causándoles tanta miseria y angustia en su vida, pero su trabajo no es denunciar el pecado. No es el vociferarle a la gente y decirles qué miserables criaturas son, y que Dios está esperando para quitarles la vida con relámpagos de juicio desde los cielos. No es el exponer los horrores de los fuegos del infierno, y colgar a los pecadores sobre ellos hasta que se retuerzan y tiemblen. Esa no es la tarea de un evangelista. (Esa es la tarea de un profeta, si es que se necesita que se haga.) El trabajo del evangelista es el hablar sobre la gracia abrumadora de Dios y lo que ha hecho en la vida humana, el amor incontenible del Padre que está llamando a la gente a que vuelva a Él y ofreciendo enderezar sus vidas torcidas cuando abran sus corazones a la gracia redentora de Jesucristo. Eso es un evangelista.

Mucha gente hoy posee el don de un evangelista, tanto hombres como mujeres. Pueden ejercitarlo en cualquier sitio. No tiene que ser hecho en reuniones masivas. El ministerio de Billy Graham no es el único tipo de evangelismo que hay. El don de evangelista puede ser ejercitado para un solo individuo, como ves en las Escrituras cuando Felipe le habló al eunuco etíope y le contó sobre la gracia de Jesucristo. Un evangelista puede ejercitar su don en cualquier sitio.

Enlazado con esto está el trabajo del pastor y maestro. Estos también son llamados ancianos en las Escrituras, así como supervisores u obispos. Pasa que la palabra supervisor y obispo son la misma palabra griega; es simplemente traducida de dos formas distintas. “Obispo” es la palabra española para episcopus, y el significado literal de eso es “supervisor”. Los ancianos u obispos están siempre limitados a una localidad, un grupo de cristianos, una iglesia. Un hombre que era un anciano en una iglesia no era también anciano en otro sitio. Podía ser un anciano o un pastor y maestro en solo un sitio. Ni eran estos siempre hombres que dedicaban su tiempo completo a este ministerio. En esta iglesia no tenemos un solo pastor, ni tres, sino trece. Están llamados a ejercitar el don de un anciano, el don de pastor, un pastor que enseña. Estos son ancianos que gobiernan.

Hay algunos en el Nuevo Testamento que también son ancianos, pero no son llamados a ser ancianos gobernantes. Esos incluirían ministerios tales como la escuela dominical, líderes de estudios bíblicos en casas, y los líderes de los grupos de niños y niñas. Cualquiera que ejercita el don de enseñar y pastorear dentro de la iglesia es un pastor que enseña, sea a tiempo completo en el trabajo o no.

Pero, además, hay aquellos que pasan su tiempo en administración o gobernación. Están los principales líderes de la iglesia, los ancianos gobernantes. Pues bien, ¿cómo gobiernan? “No como teniendo señorío”, dice Pedro, “sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:3). No han de ser jefes. No han de decirle a la gente lo que tienen que hacer, como la autoridad final y lo que ellos dicen ha de hacerse. El Señor Jesús mismo le dijo a Sus discípulos una vez: “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas” (véase Marcos 10:42-45). Estos gobernantes de la iglesia no ejercitan su autoridad en ese sentido, como jefes en la iglesia. Han de gobernar como ejemplos, Pedro dice. Cuando hacen algo, otros serán motivados a hacerlo. Pero si los pastores que enseñan no muestran en sus propias vidas un ejemplo de lo que enseñan, no tienen ninguna otra autoridad. Su autoridad viene de su espiritualidad, de su relación espiritual con Dios. Si pierden esa espiritualidad, también pierden su autoridad. No es el puesto que les da el derecho a gobernar; es el hombre y su don frente a Dios.

Ahora estos son los cuatro ministerios de desarrollo y entrenamiento de la iglesia. Unos pocos hombres, en el curso de la historia de la iglesia, han tenido todos los cuatro dones. Ciertamente el apóstol Pablo es uno. Pablo era un apóstol, ciertamente un profeta, y también un evangelista y pastor que enseña. Ejercitó todos estos dones en una ocasión u otra. Todo ellos son especialmente necesitados en el confuso mundo de hoy en día. Donde hay debilidad aquí, es probable que haya debilidad en la iglesia. Donde hay fuerza aquí, esa fuerza será impartida a la iglesia completa, y la iglesia se volverá poderosa de nuevo. Estos hombres son colocados por Jesucristo dentro de la iglesia para ejercitar estos dones particulares. Están ahí para equipar a los santos para el trabajo del ministerio. Eso no es fácil de hacer. Los santos pueden ser gente muy difícil a veces. Contra la opinión popular, los santos no están hechos de yeso. A veces están hechos de materiales muy duros y resistentes. Ciertamente no están hechos de azúcar y especias y todas las cosas bonitas. Se asemejan más cercanamente a las ranas, caracoles y rabitos de perritos. (Todo esto tiene que ver con un dicho popular en inglés, que dice que las niñas están hechas de azúcar, especias y cosas bonitas pero los niños en cambio están hechos de ranas, caracoles y rabitos de perritos.) Los santos a menudo están hechos de una dureza terca, más dura que los diamantes, y de pereza, más lentos que la Navidad. (Esto también es un dicho popular.) ¡En otras palabras, están hechos de las mismas cosas que los pastores y maestros!

Dios entrena a los santos empezando con los líderes, quitándoles las asperezas y moldeándolos. El líder realmente no puede hacer mucho para ayudar a otros a menos que haya pasado por este tratamiento él mismo. Pero todo esto es necesario para moldearnos juntos, para construir este increíble edificio que Dios está construyendo hoy, esta gran estructura que en secreto está tomando forma a través de la historia, invisible al mundo. Dios está construyendo ese edificio que será para Su morada, no solo ahora, sino a través de la eternidad. Una de las cosas más asombrosas que está ocurriendo en la historia humana hoy es la estructura y edificación de la iglesia. Como cristianos, necesitamos volver nuestros ojos de la superficialidad a la realidad de esto: el oír y ver las cosas excitantes que Dios el Espíritu Santo está haciendo en medio de nosotros, la manera en la que está tomándonos y formándonos, modelándonos y perfeccionándonos, y colocándonos en nuestro sitio.

En nuestro próximo estudio juntos comenzaremos en este punto y veremos como el Espíritu Santo utiliza estos cuatro funcionarios dentro de la iglesia para equipar a los santos, para perfeccionar a los santos para la obra de su ministerio.