El cristiano en el mundo

Oscuridad de mente

Autor: Ray C. Stedman

Qué mundo tan desconcertante y confuso es el que vivimos hoy. Tantas ideas y conceptos conflictivos nos son impuestos desde cada dirección, y muchos de ellos parecen directamente contradictorios. Autoridades de igual reputación nos dicen una cosa y después otra, y lo que dicen discrepa violentamente. Es difícil saber lo que creer hoy. En las últimas semanas la gente me ha dicho:

“No sé lo que creer sobre Vietnam. No sé lo que está ocurriendo allí, o qué tipo de posición tomar sobre ello”. Otros dicen: “No sé lo que pensar de los derechos civiles y este programa de derechos civiles. No sé qué postura tomar. Parece haber dos lados en esto”. Otros dicen: “No sabemos lo que creer sobre la presente perspectiva política y nuestra presente administración”. Otros están interesados en la filosofía de la educación en nuestro día, el tema de formar a los niños, o el gran y urgente asunto de los patrones morales que decaen que es traído frente a nosotros tan frecuentemente hoy. ¿Quién sabe qué creer? Escucha a todas las voces a tu alrededor y oirás muchas filosofías conflictivas. No es de extrañar que muchos estén confundidos y dispuestos a seguir cualquier voz que parezca ofrecer una solución. Ahora bien, para un cristiano viviendo en este mundo tan confuso y desconcertante, el apóstol Pablo tiene una palabra muy definida que decir. No es otra palabra de consejo vaga e incierta, simplemente otra de las voces que hay por todas partes hoy, sino que es clara y precisa y directo al grano del problema al que tú y yo nos estamos enfrentando.

En los versículos iniciales del cuarto capítulo de Efesios, el apóstol ha estado tratando con la naturaleza de la iglesia y la parte que cada cristiano tiene que jugar en su operación y crecimiento. Pero ahora, con el versículo 17, se vuelve al cristiano en relación al mundo incrédulo, el mundo en el que el cristiano ha de vivir. Aunque este relato fue escrito hace casi dos mil años, es imposible leerlo atentamente sin ver que el mundo hoy es exactamente el mismo, y la reacción del cristiano debe de ser exactamente el mismo. Pablo, siguiendo su patrón típico de presentar un tema, comienza con una declaración general y luego la divide en un estudio más analítico de los varios aspectos de la declaración que ha hecho. He aquí la declaración general, en el versículo 17:

Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, (Efesios 4:17)

Fíjate en la fuerza de esa exhortación. El apóstol dice: “digo y requiero en el Señor”. Eso significa que esto no es meramente un pedazo de consejo apostólico. Esto no es simple razonamiento humano; esto es resultado de la revelación divina. Esto es parte de la revelación completa de la mente de Dios que fue dada al apóstol Pablo en lo que llama “visiones y revelaciones del Señor” (2 Corintios 12:1), cuando el Señor Jesús mismo se le apareció y le instruyó en el mensaje que debía de dar a la iglesia de su día y, por medio de él, a la iglesia de nuestro día también. Esto entonces no es mero consejo humano. Pablo está diciendo: “digo y requiero en el Señor que esto es lo que ha de hacerse”. Este es el dedo de Dios puesto directamente en la raíz del problema humano.

Bueno, ¿qué es lo que dice? Dice: “que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente”. Quizás sería útil traducir la palabra gentiles aquí por la palabra naciones. A menudo se traduce de esa forma en otros sitios de las Escrituras y es la misma palabra. Simplemente significa “las naciones”, mundanos, aquellos que no están en Cristo. Esto no hace ninguna referencia a la distinción entre judíos y gentiles; se refiere a cualquiera que no está en Cristo. “Vosotros cristianos”, dice, “ya no viváis como lo hacen ellos”. ¿Cómo es eso? “En la vanidad de sus mentes”. Pablo está diciendo: “El sitio para comenzar a vivir como cristiano es reconocer que debes de pensar de forma distinta de lo que lo hace el mundo”. Fíjate, no comienza con acciones. No es uno de esos fariseos que se presenta y trata de cambiar solo la escena externa. Comienza con la vida del pensamiento, con la mente, y declara que el pensamiento del mundo es fútil, o sea, vacío. Esta es la súplica vital que les hace a los cristianos. “No debéis de pensar como lo hacen los mundanos; no debéis de adoptar la filosofía de vivir del mundo ni seguir los sistemas de valor del mundo”. ¿Por qué? “Porque el mundano”, dice, “vive en vanidad, vacío de mente”.

La palabra para futilidad, en el griego original, significa “carente de propósito o de lo apropiado”, es decir, sin sentido. Phillips, en su paráfrasis lo pone muy precisa y bellamente: “No viváis como viven los gentiles. Porque ellos viven con los ojos vendados en un mundo de ilusión” (Efesios 4:17b-18a). La Nueva Versión Inglesa dice: “Renunciad a vivir como paganos, con sus nociones sin valor” (Efesios 4:18a). Eso es exactamente: “sin valor”. ¡Impresionante, quizás, inteligente, a menudo sorprendente, provocativo, pero sin valor! El mundo en su pensar es inútil.

Si esto es cierto puedes ver por qué hay una división tan fundamental entre el cristianismo y el mundo, y por qué el Señor Jesús dibujó una línea de demarcación tan clara entre el pensamiento del mundo, la dirección del mundo, el destino del mundo y los del cristiano. Es por esto que se dice que el cristiano no puede amar al mundo y al Padre al mismo tiempo. Juan deja eso extremadamente claro en su primera carta (1 Juan 2:15). Hay una diferencia fundamental entre los dos. Por eso “la amistad del mundo”, en las palabras de Santiago, “es enemistad contra Dios” (Santiago 4:4). Fíjate, no es amistad con los mundanos, eso es algo distinto, sino amistad con el mundo, con su forma de pensar, su filosofía. Eso es enemistad en contra de Dios.

Ahora bien, esto necesita dejarse muy claro, porque es una distinción muy importante. Como todos sabemos, el hombre caído se enorgullece de su habilidad para razonar. Consideramos esto la función más superior de la humanidad y sentimos gran orgullo en la habilidad del hombre para conseguir conocimiento y juntar varios aspectos del conocimiento para producir varios aparatos. Apuntamos con orgullo a la perfección tecnológica de nuestros avances modernos, a la habilidad con la cual la ciencia ha empleado las fuerzas de la naturaleza y las ha hecho servir al hombre. El hombre exalta su razonamiento, pero los escritores de las Escrituras están universalmente de acuerdo, aunque todo esto sea muy impresionante, inteligente y notable a los ojos de los hombres, a los ojos de Dios el razonamiento del hombre es inútil, vacío y vano. Como el Señor Jesús mismo dice: “pues lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:15). Bueno, eso es expresarlo muy fuertemente, ¿no es así? Eso es decirlo tal como es .

Pero, ¿ves cómo el apóstol pone a los cristianos cara a cara con el asunto fundamental? Debemos de enfrentarnos a esto directamente. O Dios tiene razón o el mundo tiene razón, uno o lo otro. No puede ser ambos. El cristiano debe de elegir en base a qué va a vivir su vida. Si ha de seguir a Cristo, debe de estar dispuesto a cambiar su forma de pensar. Cuando te conviertes en cristiano este es el primer asunto con el que te enfrentas. Debes de estar dispuesto a alterar drásticamente toda tu perspectiva fundamental sobre la vida. El cristianismo no es meramente un cambio en las acciones exteriores, un nivel moral o ético un tanto más alto. El cristianismo es un cambio revolucionario de gobierno que resulta en un cambio radical en el comportamiento. Pablo ciertamente presenta esto muy claramente aquí. Ahora continúa analizando más de cerca el problema del pensamiento incorrecto. ¿Qué hace que el pensamiento humano sea tan inútil, sin significado final? La respuesta que da está en el versículo 18:

… teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón. (Efesios 4:18)

Está trazando una cadena de causa y efecto. Comenzando con el efecto más inmediato, lo está trazando hacia atrás a aquello que lo causa. El primer paso es que los mundanos piensan fútilmente, porque su entendimiento está entenebrecido. Así como una nube pasando sobre el sol oscurece la luz del sol, así el pensamiento del hombre en su estado caído está ensombrecido, oscurecido. La verdad es luz; la ignorancia es oscuridad. La figura de Pablo declara que el pensar del hombre está ensombrecido con ignorancia; es inútil porque tiene su raíz en la ignorancia. Eso es bastante impresionante, ¿no es así? Pensamos que sabemos tanto, y es cierto. Sabemos mucho, pero nunca sabemos lo suficiente. Eso es lo que está diciendo el apóstol.

De nuevo esto se relaciona con una verdad que encontramos ampliamente extendida a través de las Escrituras: El hombre es ignorante porque hay una parte de su ser que no funciona. Es su vida espiritual. Su espíritu está vacío, oscurecido. En esa parte de su ser que Dios planeó que funcionara como la llave a su vida, no está ocurriendo nada. Como resultado, toda su sabiduría está rota, sin relación, incompleta. Esa es la imagen que Pablo está presentando. Lo que el hombre piensa, aunque pueda ser muy inteligente, no le lleva a ningún sitio, no produce nada, no le hace mejor. Estamos obsesionados estos días con la pregunta: ¿Ha hecho esta tremenda civilización realmente algo por nosotros?

La semana pasada paseé entre las ruinas de una antigua civilización maya en Guatemala, viendo los templos medio cubiertos, que ahora están siendo excavados de la tierra, y el polvo de los siglos. Cuanto más descubren los arqueólogos de las ruinas mayas, tanto más aprendemos de la notable civilización de esa época. Pero el hombre moderno está continuamente obsesionado por la pregunta: “¿Somos realmente mejores que ellos?”. Quizás seamos más prósperos, ¿pero somos mejores? ¿Hemos realmente avanzado de alguna forma? El entendimiento del hombre está oscurecido, y es especialmente evidente en su pensar sobre sí mismo y sobre Dios. Puede ser visto en su sistema de valores, en su evaluación de las estructuras del poder de la vida, en la forma en la que determina lo que es importante y lo que no es importante.

Las ilustraciones para esto abundan. Volviendo de Guatemala la semana pasada tuve que pasar por la aduana en Los Ángeles. Mientras estaba esperando que el avión fuera cargado de nuevo, me senté en la sala de espera y recogí un periódico que había sido desechado. (Esa es la forma escocesa de leer los periódicos, y yo me aprovecho de ello cada ocasión que tengo.) Leyendo los titulares, me llamó la atención un artículo titulado La religión debilitándose, dice un profesor de psiquiatría. Leí el artículo y vi que el profesor asociado de psiquiatría de la Universidad de California en el Instituto de Neuropsiquiatría de Los Ángeles había dicho que la religión está debilitándose en la civilización moderna, y llama esto el signo más esperanzador de nuestros tiempos. En el artículo había este casi increíble párrafo:

La disminución del sentido religioso entre la gente civilizada es una indicación de que el hombre se está volviendo constantemente más racional y menos sometido a la superstición, y, por tanto, será menos probable que mate y hiera a aquellos que están en desacuerdo con él.

¡Eso en un día cuando los crímenes de violencia están a unas alturas sin precedentes, cuando las calles de nuestras ciudades ya no son seguras para andar de noche y cuando las grandes ciudades de América están literalmente hirviendo con odio contenido, disturbios incipientes y derramamiento de sangre! ¡Qué confirmación del análisis del apóstol del pensar humano! La mente del hombre caído está oscurecida, cegada, y no ve las cosas como realmente son. Puede ignorar hechos obvios que se imponen a sí mismos constantemente sobre nosotros y alegremente son dejados de lado con un gesto de la mano, para pronunciar que el hombre se está haciendo cada vez mejor. Eso es un signo de la ignorancia y el consecuente oscurecimiento de la mente humana.

Esta oscuridad inexplicable se ve en la conversación superficial sobre la ética situacional, o sea, la moral determinada por la situación, el interés propio, también en la relatividad de la moral, y la aceptación extendida de la idea de que la promiscuidad sexual es una expresión de libertad personal, aunque aquellos que se permiten esta manera de vivir inevitablemente muestran ser cada vez más esclavos de la pasión humana y sufren en sus propias vidas la inevitable consecuencia de la inquietud de espíritu y el tormento del corazón. ¿Cómo puede ser el hombre tan ciego? Es el oscurecimiento, el ofuscamiento de la mente caída:

Es visto en el comunismo, con su énfasis en lo material y lo económico, y en su ignorancia de las fuerzas emocionales y espirituales que obran en la humanidad. Es así mismo evidente en el materialismo americano, con su pasión por las cosas más nuevas y mejores, mientras que ignora el hambre del espíritu en el hombre, concentrándose sólo en suplir las necesidades del cuerpo y el alma, especialmente del cuerpo. Es visto en nuestra admiración por los hombres agresivos y tercos que llegan a lo más alto, cueste lo que cueste, y en nuestra creencia de que el poder es medido por cuántos hombres puedes controlar, cuánta gente está sometida a ti, cuántos puedes conseguir que te sirvan en vez de a cuántos puedes servir. Es visto, quizás más claramente, en la ignorancia ingenua de la deformación esencial de la naturaleza humana que es evidente en panaceas y programas que están continuamente siendo ofrecidos como las soluciones a los problemas de la humanidad. Leo las cartas a los editores en los periódicos bastante a menudo, y casi me hace gracia cuánta gente ofrece simples respuestas a problemas complicados. Se les ocurrieron unos programas que sonaban muy bien basados en la asunción ingenua de que los seres humanos pueden ser buenos si lo quieren lo suficiente. Si se les puede enseñar que una cosa está mal todos inmediatamente cesarán de hacerlo; sin embargo, la crónica de la historia es que la humanidad constantemente está tropezando sobre sus propios pasos. El hombre es su propio peor enemigo, y el problema básico es la distorsión de la maldad universal humana.

En su ignorancia ciega, los hombres piensan de sí mismos como buenos, y, por lo tanto, se imaginan que no necesitan a Dios. El próximo paso es inevitable. Están “ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay”. Pablo no está echando la culpa a los hombres por esto, así como Dios no les echa la culpa de ello; simplemente está analizando la situación que existe. ¡Porque su entendimiento está oscurecido, ensombrecido, incompleto, y en su ignorancia rechazan la vida de Dios y, por tanto, se alejan de la única cosa que el hombre necesita para ser hombre! Tanto la naturaleza como las Escrituras están de acuerdo en que el hombre está incompleto sin Dios. El hombre fue hecho para ser la morada de Dios. Es Dios en el hombre lo que hace hombre a un hombre. Esto fue plenamente demostrado por el Señor Jesucristo. Fue porque estaba tan lleno del Padre que fue capaz de ser plena y completamente un hombre, un hombre como Dios tenía la intención de que fuera el hombre. Por lo tanto, la vida de Dios es esencial para la madurez, y sin ella el hombre es ciego, débil e ignorante. Algunos de los más grandes psicólogos del mundo han visto la verdad de esto bastante claramente. En una carta a E. Stanley Jones, el gran psicólogo austriaco Carl Jung escribió:

Aquellos psiquiatras que no son superficiales han llegado a la conclusión de que la vasta miseria neurótica del mundo podría ser llamada una neurosis de vacío. Los hombres se alejan de la raíz de su ser, de Dios, y entonces la vida se vuelve vacía, necia, sin significado, sin propósito. Así que, cuando Dios se va, la meta se va. Cuando la meta se va, el significado se va. Cuando el significa se va, el valor se va, y la vida se vuelve muerta en nuestras manos.

Jung también vio esta maldad en sí mismo. Dijo que el hombre que utiliza la psicología para mirar detrás de las escenas de las vidas de sus pacientes debe también utilizarla más especialmente para mirar detrás de las escenas en su propia vida. Si no hace esto, dice Jung, es meramente un “fraude inconsciente”.

Pero hay todavía más aquí en el gran análisis de Pablo. Si los hombres están alejados de Dios sólo a causa de la ignorancia de Él, bien pueden excusarse a sí mismos, ya que ningún hombre puede ser culpado por no tener lo que no sabe que existe, pero ahora aprendemos la completa verdad. Es todo “por la dureza de su corazón”. El hombre nace ignorante y alejado de la vida de Dios, pero permanece en esa condición solo a causa de la dureza de su corazón.

Un joven cristiano me dijo recientemente: “¿Por qué es que, cuando tenemos el mejor producto del mundo, es tan difícil de vender. La razón es porque el hombre se resiste a la verdad, rechaza la luz, da la espalda al amor de Dios, se aferra a su error y, por tanto, vuelve su corazón gradualmente más y más duro y más incapaz de responder. Todo esto caracteriza el pensar pervertido, ensombrecido, vacío del mundo. Pablo dice: “Vosotros cristianos no debéis de pensar ya de esta forma. Si vais a vivir una vida cristiana, el primer sitio donde debe volverse evidente es en un cambio en vuestro pensamiento. No debéis de seguir estas filosofías; no debéis de estar de acuerdo con estas actitudes; no debéis de adoptar estos sistemas de valores”. Porque, si lo hacéis, acabareis mostrando el resultado inevitable, el próximo paso en el análisis de Pablo, aquí en versículo 19:

Estos, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron al libertinaje para cometer con avidez toda clase de impureza. (Efesios 4:19)

Dice la misma cosa en Romanos 1: “Dios los entregó a una mente depravada” (Romanos 1:28b), para que puedan practicar una horrible lista de actos malvados que es tan franca y directamente descrita ahí. Suena como si hubiera sido seleccionada de las páginas de cualquier periódico matutino hoy. ¿Por qué hace la gente esas cosas? ¿Por qué está la moral libertina tan descontrolada? ¿Por qué están deteriorándose constantemente nuestras normas? Es porque el hombre es fútil en su pensar; es a causa de este pensar ensombrecido, esta imperfección, esta ignorancia desde la cual obran los hombres, incluso el mejor de ellos, incluso las mentes más excelentes, sin redimir, sin regenerarse.

Pero las buenas nuevas del evangelio alcanzan incluso a este tipo de gente. Atrae y suaviza y derrite. El amor increíble de Dios penetra incluso la dureza del corazón del hombre. Por lo tanto, no hemos de echarle la culpa a la gente como esta, o apartarnos de ella. Hemos de recordar que nosotros, también, teníamos la misma mente, la misma perspectiva sobre la vida. Como Pablo dice en Colosenses 1:21a: “También a vosotros, que erais en otro tiempo extraños y enemigos por vuestros pensamientos”, esa es la forma en la que pensábamos también, hasta que el amor de Dios nos alcanzó. Así que, no hemos de ser críticos, ni ser duros y severos hacia aquellos que piensan de esta forma. Esta es la condición básica de la humanidad a la cual las buenas nuevas hacen su llamamiento.

Ahora el apóstol continúa delineando otra cosa. La única esperanza de ayudar a esta gente es el demostrar un patrón de pensamiento totalmente distinto; una serie de valores totalmente distintos. ¡La implicación es clara, que si vivimos como el mundo vive, aunque seamos cristianos, no hay ni una sola cosa que podamos hacer para ayudarles, ni una sola cosa!

Te acuerdas de la historia del niño que pensaba que podía enseñar a unos gorriones a cantar como un canario, así que los puso en una jaula con el canario, esperando que el canario les enseñaría a cantar. En unos pocos días encontró al canario piando como los gorriones. Este es siempre el caso, ¿no es así? Si nos damos a las actitudes y las formas de pensar de aquellos a nuestro alrededor, inevitablemente haremos las mismas cosas; no hay forma de evitarlo. La única forma de ayudarles es demostrándoles un nivel de vida completamente diferente. Muchos de nosotros hemos estado pasmados este pasado año con los líderes que han pasado por crisis morales. ¿Por qué? Porque en algún momento sucumbieron a la forma fútil de pensar del mundo. Se rindieron en su vida del pensamiento. Esto es lo que hace que un hombre se vuelva de las cosas de Cristo para perseguir el materialismo o la ambición personal: Sucumbe a la filosofía del mundo que le rodea. Pero ahora llegamos a la razón por la cual Pablo habla tan fuertemente. Dice en el versículo 20:

Pero vosotros no habéis aprendido así sobre Cristo, si en verdad lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. (Efesios 4:20-21)

En otras palabras, no debes de vivir como los gentiles, porque no necesitas hacerlo. En Cristo, tienes un principio distinto de vivir, una forma distinta de pensar. En Cristo, tienes la verdad por la cual puedes comprobar todas las demás cosas, la verdad tal como es en Jesús. Esa es una frase maravillosa. Ese debería de formar el concepto básico de todo el pensar cristiano. Has encontrado en Jesucristo la verdad, la simple verdad: sobre la vida, sobre ti mismo, sobre el mundo, sobre la composición de la ciencia y la naturaleza, sobre el comportamiento humano. “En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosense 2:3). Has encontrado en Cristo la verdad. Deseo poner énfasis en eso, ya que este es el punto que el apóstol está haciendo.

El Señor Jesús dijo estás palabras desafiantes: “El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12b). Eso significa que un cristiano no necesita andar en incertidumbre sobre las cosas, en falta de conocimiento. Significa que, en Cristo, tenemos la verdad que revela. Es popular hoy el pensar que nada puede ser sabido de seguro. Esa es parte de la futilidad del pensar del mundo, el pensar que no hay respuestas finales, ningún conocimiento final, ninguna verdad final. Recientemente oí incluso a un pastor cristiano decir que todo el conocimiento debe ser reducido al final a lo tentativo; solo podemos pensar que sabemos, pero nunca lo sabemos de seguro. Pues bien, el cristianismo repudia ese concepto totalmente. El Nuevo Testamento niega eso. Cristo ha venido para que podamos saber; no todo, eso es cierto. No nos convertimos en modelos de conocimiento automáticamente parloteando revelaciones de verdad final sobre todo. No lo sabemos todo, pero lo que sabemos, sí que lo sabemos. Cristo les dijo a Sus discípulos: “Si vosotros permanecéis en mi palabra… conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8:31b-32). Eso es lo que siempre hace la verdad: libera al hombre. La verdad, aunque sea una verdad dura, una verdad difícil, es realísta y, por tanto, nos libera y rasga los velos de lo ilusorio.

Quizás debería de añadir esta matización aquí. No todo lo que piensa un mundano está mal, porque obviamente la verdad de Dios está obrando en el mundo tambien, y el mundo ha tomado gran parte de ella. El mundo sabe bastante verdad, pero el punto es: está tan entremezclada con el error que es indistinguible hasta que la comparas con la verdad como es en Jesús. Esa es la única regla de medir que tenemos. ¿Cómo puedes saber lo que es la verdad? ¿Cómo puedes saber lo que está mal? ¿Cómo puedes saber lo que es erróneo? Hay una sola forma: la verdad tal como es en Jesús. La verdad va siempre al grano, tiene un objetivo, lleva a vivir de forma significativa, útil y apropiada. Es esto lo que está recalcando el apóstol. Debemos de aprender a examinar nuestro pensar por lo que el Señor Jesús ha revelado, sea directamente Él mismo o indirectamente por medio de los apóstoles, a quienes ha mandado para decirnos la verdad: la verdad como es en Jesús.

Al contrastar todo con ella, descubrimos que hay mucho que debemos de rechazar hoy. No tengo ningún problema con este movimiento llamado “Dios está muerto”. No me molesta para nada. Sé que es una de esas cosas que pasan como un ciclón a través del paisaje del pensamiento humano, y después ya no lo hallas, al ser reemplazado el año que viene con alguna otra cosa, una de esas modas pasajeras en teología que vienen y van. ¿Pero le doy algun crédito; pienso que tiene algún peso o mérito? ¡Por supuesto que no! Porque el Señor Jesucristo ha dicho que Dios no está muerto. Dios es un Padre eterno, Dios es Espíritu, eterno, inmortal, invisible, que subyace constantemente en toda la vida. Medidas por la verdad que está en Jesús, todas las tonterías semejantes son inmediatamente rechazadas como indignas de consideración.

Hay tantas cosas que podemos medir de esta forma. Hoy el mundo teológico y muchos cristianos están preocupados por el aumento de la idea del universalismo de nuevo, la esperanza de que todos los hombres serán salvos, que sin importar lo que hagan todos son redimidos, todos serán salvos. Pero, medido por la verdad tal como es en Jesús, rechazamos esa declaración, por mucho que nos guste creerlo. Ya que, como verás, Jesús dice algo diferente, y, aunque es duro, Él es la autoridad que aceptamos. Leyendo un artículo en His magazine (la revista Suyo) recientemente sobre este mismo tema, encontré un profundo acuerdo con estas palabras. El escritor dice:

Estoy profundamente impresionado por el argumento de pensadores brillantes como Tillich, Ferre, Bultmann, Bruner y Barth, y por supuesto Juan Damasceno, Tomás de Aquino, el Papa, Nietzsche, Feuerbach, Bertrand Russell y muchos otros. ¿Pero qué saben estos hombres? ¿Cuál es la información sobre la cual basan sus juicios? Cuando se trata de la pregunta importante: “¿Cuál es el destino del hombre después de esta vida?”, prefiero a Jesucristo, el Dios-hombre, a Paul Tillich, como mi autoridad. Prefiero a Jesucristo a Rudolf Bultmann. Y sobre todo, a menos que me malentiendas, prefiero a Jesucristo a mis propias conjeturas humanas basadas en información tristemente inadecuada.

¡Exactamente! Cristo es la autoridad. La verdad es revelada en Jesús; por lo tanto, rechazamos todas las filosofías que urgen la necesidad de “vengarse” como un modo de vivir con los demás. Rechazamos toda filosofía que dice que las pruebas son sucesos trágicos sobre los cuales deberíamos de sentirnos apenados por nosotros mismos, y actuar como si hubiéramos sido ofendidos cuando se presentan en nuestras vidas, como si hubiéramos sido especialmente elegidos para la dificultad. Hemos de acordarnos, a la luz de la verdad tal como es en Jesús, que estas pruebas y sufrimientos son parte del programa, parte de Dios ministrándonos, parte de aquello que conlleva hacernos lo que Dios quiere que seamos.

Hemos de rechazar la filosofía común de estos días de que otros tienen la culpa de nuestras debilidades, que si viviéramos en circunstancias distintas, con gente distinta, y tuviéramos que enfrentarnos a distintos problemas, podríamos ser distintos. La verdad tal como es en Jesús dice que hay suficiencia en Cristo para cualquier situación, cualquier sitio; que Dios te ha puesto donde estás porque quiere que vivas la vida cristiana ahí mismo; que aquellos a tu alrededor nunca tendrán la oportunidad de ver la diferencia tremenda y revolucionaria que supone ser un cristiano a menos que lo vean en tu vida justo donde estás ahora mismo.

Es ahí donde hemos de comenzar a vivir, y es por esto que Pablo dice: “ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente”, ya que “no habéis aprendido así sobre Cristo”. Hay recursos en Él mucho mayores que cualquier mundano podría haber jamás soñado. Hay posibilidades de utilidad y gloria y gracia en Jesucristo, las cuales, si comienzan a manifestarse en tu vida, harán que tus vecinos y amigos digan: “¿Qué tiene esta persona?” “¿Qué tipo de fe es esta?” “¿Qué tienen estas personas que les permite vivir de esta forma?”. Pues bien, este es el reto que el apóstol nos presenta.

En el resto de este capítulo lo detallará para nosotros en términos específicos, trayéndonoslo justo a donde vivimos. Al repasar esto, veremos que lo que hacemos es en sí mismo atestiguar, diciendo lo que somos. Por lo tanto, lo que somos debe ser lo que es Cristo, ya que esa es la única vida que llama la atención y que cambia y reta a los hombres.