Riquezas en Cristo

El gran misterio

Autor: Ray C. Stedman

El primer párrafo en el capítulo 3 es, en muchas maneras, la llave a esta gran carta de Pablo a los efesios cristianos. Aquí comienza a describir en detalle completo el gran misterio al cual había dedicado su vida para su propagación alrededor del mundo. A todos nos encantan los misterios. Hay algo en los seres humanos que causa que nos fascine lo oculto, lo secreto, la verdad críptica que necesita ser descubierta y revelada. Dios nos entiende tan completamente que ha escondido misterio en todo en la vida. No conocemos nada enteramente. Siempre hay un elemento que no entendemos. Incluso términos que usamos comúnmente, como amor y júbilo y vida mismos, son básicamente misteriosos para nosotros. Sabemos que son absolutamente esenciales a nuestra existencia, pero no sabemos lo que son. Luchamos constantemente intentando entender cuáles son las grandes realidades que representan.

,p>Esto es cierto en cada área de nuestras vidas. Incluso los físicos nos dicen que escondido en cada manifestación física del mundo y el universo a nuestro alrededor hay misterio. La teoría cuántica, sobre la cual mucha de la física moderna está basada, y que ha desencadenado el ámbito completo de la fisión nuclear, tiene en su centro, dicen los físicos, un principio de indeterminismo, un principio oculto. Declara que nunca podemos descubrir por completo la verdad sobre nada; hay un elemento de información oculta sobre cualquier tema que exploremos.

Estamos siempre enfrentados con este misterio. Es el misterio lo que hace que la vida sea deslumbrante, fascinante. Y Dios entiende esto. Es por eso que las Escrituras dicen: “Gloria de Dios es encubrir un asunto, pero honra del rey es investigarlo” (Proverbios 25:2). Dios sabe que todos queremos ser reyes, que estamos hechos para reinar. Y la gloria de reyes es descubrir aquello que ha sido ocultado. El apóstol Pablo describe el misterio más grande de la vida a los efesios en estas palabras:

Por esta causa yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles... Seguramente habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros, pues por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente. Al leerlo podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, el cual en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. (Efesios 3:1-6)

Ahí, en breve forma, está su declaración del misterio que yace en el centro de toda vida. Como veremos, este es el mayor secreto jamás presentado a las mentes de los hombres. No es nuevo para nosotros; hemos estado discutiendo y descubriendo aspectos de ello a lo largo de esta carta. Pero ahora llegamos a la declaración de lo que es. El párrafo resulta muy simplemente en dos divisiones. Pablo está preocupado primero sobre su papel como maestro de este misterio, y luego sobre el misterio mismo, sobre lo que enseña.

A veces es difícil para aquellos que no leen el griego ver cómo Pablo construye sus cartas. ¡Esto es particularmente cierto de este pasaje, porque Pablo comienza: “Por esta causa…” ¡pero no da la causa hacia la cual se está moviendo hasta el versículo 13! Esta es la forma en la que la mente del apóstol funcionaba. Empieza diciendo una cosa pero entonces es capturado por la verdad de otra cosa que va a decir. Así que comienza a presentarlo antes de tiempo. Entonces es llevado a través de una verdad a otra, hasta que finalmente vuelve a lo que había comenzado a decir desde el principio. Si lo lees de esta forma: “Por esta causa…” entonces sáltate los versículos hasta el versículo 13: “… pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria”, entonces entenderás lo que está intentando decir en las frases intermedias.

El apóstol estaba preocupado por que los cristianos a quienes estaba escribiendo en este momento de su vida, los efesios, filipenses y otros, entendieran por qué estaba pasando por las luchas en que estaba. Si tú y yo hubiéramos estado en Roma con Pablo al escribir él esta carta, y pudiéramos haber estado en el cuarto de la casa alquilada donde estaba viviendo encadenado día y noche a un soldado romano, y observáramos cómo le dictaba a su amanuense, su secretario, le observáramos caminando por el cuarto, quizás, con un soldado teniendo que caminar con él, parándose de vez en cuando para hacer correcciones, hubiéramos entendido algo de la preocupación que Pablo tenía en cuanto a los receptores de esta carta. No podían entender por qué el poderoso apóstol tenía que estar prisionero ―limitado, incapaz de venir a ellos en su necesidad como una iglesia joven y creciente― y por qué toda comunicación con él había de ser por correspondencia. Así que estaba escribiendo para resolver sus miedos y para enseñarles de qué se trataba todo.

Su primera declaración es esta: “yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles...”. Esa es la primera cosa que quiere que sepan. Es notable que en ningún sitio se refiera Pablo a sí mismo como prisionero de César. Era prisionero de César. Había sido arrestado porque había sido acusado por los judíos de sedición, o traición, en contra del emperador. Por lo tanto, finalmente, fue encarcelado al cuidado de la guardia del palacio, el guardaespaldas personal del emperador. Así que aquí estaba en Roma, prisionero de César, esperando juicio frente a Nerón. Pero nunca ni una vez dice que es prisionero de César; es siempre “un prisionero de Cristo Jesús”. La razón es obvia cuando lees sus cartas. Vio que César no era el que tenía la palabra final sobre él; Jesús era el que tenía la palabra final. La duración de su confinamiento no era determinada por César, sino por el Señor Jesús. Al llegar a entender Pablo a Aquél a quien servía, supo que Jesús estaba en control de la historia. Le vio como Juan hizo en el libro de Apocalipsis: como sentado en Su trono, sujetando las riendas del gobierno en Sus manos. Él es Aquél que abre, y ningún hombre cierra; quien cierra, y ningún hombre abre; quien manda, y Su voluntad es llevada a cabo. Pablo sabía, por tanto, que en cualquier momento que el Señor decidiera que el encarcelamiento de Pablo ya no tenía más valor, sería puesto en libertad, que cuando el Señor Jesús hablara, César actuaría. Por lo tanto, nunca se vio a sí mismo como siendo prisionero de César. Esta es una tremenda lección para nosotros, quienes a veces nos preocupamos y tenemos ansiedad sobre lo que los poderes políticos existentes están haciendo en el mundo hoy. Ojalá tuviéramos la fe de este poderoso apóstol que entendió tan claramente que César no estaba en control, sino Jesús.

Pablo cita algunas razones para su encarcelamiento. La primera es que era prisionero a favor de los gentiles. Esto se refiere no solo al hecho de que su arresto había ocurrido porque estaba predicando el evangelio a los gentiles, sino también al hecho que beneficiaba a los gentiles. No te olvides que la razón por la que Pablo fue acusado por los judíos de sedición en contra del emperador era por lo enfadados que estaban de que llevara cualquier mensaje de Dios a los gentiles. Los recelos y los prejuicios judíos estaban terriblemente inflamados por el hecho de que Pablo tuviera el valor, el descaro, de decirles a los judíos que los gentiles eran recibidos igualmente que ellos por Dios, que los gentiles podían tener una posición igual a la de ellos frente a Él. Cuando Pablo le habló a la multitud judía en su propia defensa, después de que fue arrestado en la corte del templo, la cosa que desencadenó su ira renovada fue la palabra gentil en su mensaje. Le habían estado escuchando cuidadosamente al hablar de su conversión, de cómo había sido llamado por Dios, hasta que declaró que había sido mandado a los gentiles. Entonces se armó la marimorena. Entonces le asaltaron y le hubieran linchado allí mismo si no hubiera sido por la intervención de los guardas romanos. Así que era a causa de este gran mensaje por lo que era prisionero.

Lo que es más, quiere que estos efesios sepan que se están beneficiando de su arresto. Creo que esto es una pista que reconocía que si no fuera por el hecho de que había sido hecho prisionero, nunca hubiera tenido el tiempo de escribir estas cartas que han cambiado el curso de la historia. Su preocupación por esta gente era tal que hubiera ido a ellos si hubiera estado libre. Les hubiera predicado y les hubiera enseñado directamente la Palabra, pero nunca hubiera tenido tiempo de escribirlo. Así que quizás la razón por la que el Señor Jesús le mantuvo prisionero fue para que tuviera el tiempo de escribir. Quizás tenga que hacer eso con algunos de nosotros, también. Algunos de ustedes han aprendido verdades que debieran de escribir y pasar a otros. Y me pregunto si el Señor no me va a encerrar para darme la oportunidad de escribir algunas de las cosas que ha puesto en mi corazón. Espero que aprenda de las lecciones de Pablo a este respecto. El escribir estas cartas es la cosa más grande que jamás hizo, ya que son estas las que han cambiado nuestras vidas. Y reconoce que están escritas a favor de los gentiles.

La segunda cosa que Pablo dice de sí mismo, para que puedan entender lo que estaba pasando, es que era un administrador de la gracia de Dios. Dios le había entregado una cierta responsabilidad. Un administrador es un sirviente a quien se le entrega una cierta responsabilidad, se le daban ciertos bienes, para que pudieran ser distribuidos a otros. Esta es la idea bíblica tras la palabra dispensación. No es un periodo de tiempo; es una responsabilidad de dispensar algo, una mayordomía. Esto es lo que fue dado a Pablo. Era un mayordomo responsable. Esto está exactamente en línea con lo que les había escrito a los corintios anteriormente. En 1ª de Corintios 4 dice:

Por tanto, que los hombres nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. (1 Corintios 4:1)

Los “misterios” son secretos sagrados que Dios conoce sobre la vida, que los hombres desesperadamente necesitan saber. ¡Piensa en eso! Esto es lo que Pablo dice que los cristianos somos ―comenzando con los apóstoles e incluyendo a todos aquellos que nombran el nombre de Cristo― somos siervos de Cristo, y administradores, sirvientes responsables, otorgados con la responsabilidad de dispensar los misterios de Dios, de ayudar a la gente a entender estos grandes secretos que explican la vida y hacen posible resolver las dificultades y los problemas de los asuntos humanos. A nosotros nos es entregada esta responsabilidad. Es así como Pablo se ve a sí mismo: como un administrador de los misterios de Dios.

Y, más que todo eso, fue enseñado esto personalmente por ningún otro que el Señor Jesús mismo: “Por revelación me fue declarado”. Es de aquí que conseguimos nuestro entendimiento de la autoridad de este gran apóstol. Hay algunos que nos dicen que el apóstol aprendió su evangelio de otros apóstoles, que a su vez lo habían oído de Jesús y que, por tanto, el apostolado de Pablo es algo menor que los de ellos. Pero Pablo dice que eso no es cierto. Nos dice muy simplemente en su carta a los gálatas que cuando fue convertido en el camino a Damasco, “pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gálatas 1:12). No habló con los apóstoles; de hecho pasaron tres años antes de que volviera a Jerusalén después de su conversión. Y entonces solo vio a Santiago, el hermano del Señor, y no hablaron de doctrina. No fue hasta catorce años después que jamás tuvo la oportunidad de sentarse y comparar notas con los demás apóstoles. Y dice que no le añadieron nada. Entendía todo lo que ellos entendían; sabía todo lo que Jesús les había enseñado en los días que estaba en la carne.

Un ejemplo notable de esto se encuentra en Corintios 11, donde escribe sobre la cena del Señor. Dice: “Yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: ‘Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí’” (1 Corintios 11:23-24). En otras palabras, Jesús mismo se le había aparecido a Pablo y le había dicho todo lo que había ocurrido en el aposento alto. Así que, cuando Pedro y Santiago y Juan y los otros apóstoles comenzaron a comparar notas con Pablo, estaban asombrados de que este apóstol, este hombre que había sido el perseguidor de la iglesia y el principal asesino de los santos en Jerusalén, entendiera no solo la doctrina que se les había enseñado, sino también los acontecimientos mismos que habían pasado. Por lo tanto, tenían que reconocer que era un apóstol en los mismos términos que ellos. Esto es lo que da su autoridad a Pablo.

De vez en cuando nos encontramos con alguien que dice, normalmente en defensa del movimiento de la liberación de la mujer, que Pablo era un irascible viejo solterón en el que nadie puede realmente confiar, y que debemos de entender que estaba condicionado por la cultura de su tiempo, y que, por tanto, uno debe de seleccionar entre sus escritos. Pablo mismo, y todos los demás apóstoles, negarían esto. Había aquí un hombre que hablaba con autoridad directa, comisionado por el Señor Jesús mismo.

El tercer elemento de su administración, Pablo dice, es que le ha dado gran perspectiva: “… por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente”. Los eruditos no están exactamente seguros de lo que quiso decir con eso. Algunos piensan que había escrito otra carta antes de esta, que había explicado gran parte de este misterio. Pero personalmente creo que es una referencia a lo que ha escrito anteriormente en esta carta. En el capítulo 1, los versículos 9 a 10, dice:

Él nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en el cumplimiento de los tiempos establecidos, así las que están en los cielos como las que están en la tierra. (Efesios 1:9-10)

Esa es la breve declaración que había escrito a estos efesios cristianos, y al cual se refiere. Dice: “Al leerlo podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo”. O sea: “Podéis entender que tengo un gran entendimiento de lo que es este misterio, que es realmente el secreto de todas las cosas, en cuanto a todo en la vida. Está en el centro de toda la existencia humana. Es el misterio de la meta hacia la cual Dios se está moviendo en los asuntos humanos; por lo tanto, abarca espacio, tiempo y materia, toda la vida”. Y se resume en estas palabras: “el misterio de Cristo”, Jesucristo en el centro de todas las cosas. Ninguno de nosotros puede evitar estar consciente de que este es un tiempo extremadamente problemático en el que vivimos:

No sabemos cómo resolver los problemas que nos están arrollando. Estamos siendo abrumados por nuestras propias invenciones. Continuamos haciendo automóviles incluso después de que han llenado las carreteras y envenenado el aire. No sabemos cómo liberarnos de este síndrome. No sabemos qué hacer con los millones de personas que han sido empujadas a los barrios marginales, áreas de nuestras ciudades donde las presiones económicas les fuerzan a vivir, y les impiden tener los recursos de la vida que muchos de nosotros disfrutamos. No sabemos cómo equilibrar esto. No sabemos cómo alimentar al mundo. Somos incapaces de detener la marea de matrimonios rotos, así que nuestra tasa de divorcio es más alta que la de cualquier otra nación del mundo. No sabemos qué hacer con estas cosas. ¿Por qué? Muchos escritores ―hombres reflexivos y perspicaces― están sentándose intentando analizar dónde nos hemos equivocado; algunos tienen razón parcialmente, y algunos están casi totalmente equivocados. Pero la razón por la que no pueden entender la respuesta es que nunca han tratado con el corazón del problema, el gran secreto de todas las cosas. El misterio clave es Cristo, dice el apóstol.

Si lees eso como mero lenguaje teológico, te has perdido la importancia de lo que está diciendo: que cada pizca de la vida encuentra su solución final en la persona y el ser del Señor Jesús mismo. Dios ha colocado a Su Hijo en el centro de todas las cosas. Por lo tanto, el entendimiento de este gran misterio es la clave a la solución final, la cual los hombres están buscando hoy. Si comenzamos a entender lo que Cristo es, quién es, lo que hace, cómo podemos recurrir a Él, comenzaremos a ver que las soluciones de estos problemas se despliegan, como se están desvelando en muchas de nuestras vidas. Las soluciones están produciéndose al entender lo que Cristo ha puesto a nuestra disposición. Sé que a veces estamos tan cegados por la familiaridad con estos términos que nos perdemos el impacto de ello. Pero oro para que Dios abra los ojos de tu entendimiento, para que veas lo fantástico que es este gran misterio, y lo importante que es entenderlo completamente y entrar en él.

Cuando Einstein descubrió su teoría de relatividad, muy poca gente la entendió. Pero cuando la gente comenzó a operar sobre esa base, aunque no lo entendían completamente, comenzaron a cambiar el mundo. Toda nuestra era moderna fue producida por el descubrimiento de un secreto que estaba oculto en la naturaleza hasta el tiempo cuando Einstein se encontró con algunas pistas sobre ello. Y queda todavía mucho que aprender, incluso en este ámbito. Pero muchas más son las grandes riquezas que nos esperan a aquellos de nosotros que dediquemos algún tiempo y pensamiento y esfuerzo a entender este gran secreto que Pablo presenta frente a nosotros aquí, el secreto final detrás de todas las cosas: el misterio de Cristo. En la próxima frase nos da un breve resumen de este gran misterio:

Al leerlo podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, el cual en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. (Efesios 3:4-6)

He ahí el misterio: La primera cosa que dice sobre él es que ha estado oculto en el pasado. O sea, los grandes hombres de Dios en el Antiguo Testamento no entendían este misterio. Al mirar Pablo hacia atrás a estos grandes hombres del pasado ―Moisés, David, Isaías, Jeremías y otros―, dice que aunque entendían mucho, aunque miraban al futuro más allá de nuestro propio día y Dios les enseñó cómo sería el final de todas las cosas, sin embargo no entendían este misterio. El secreto estaba escondido a los hombres de las edades pasadas. ¿Cuándo comenzó a abrirse? La respuesta es, en Jesucristo. El Señor Jesús mismo comenzó a revelar el misterio. Te refiero a Mateo 13, donde está reseñado que nuestro Señor habló estas maravillosas palabras. En el versículo 34, Mateo nos dice esto:

Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: “Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo”. (Mateo 13:34-35)

Nuestro Señor, entonces, comenzó a desarrollar este misterio, a decirnos cosas que estaban ocultas desde la misma fundación del mundo. Así que era obvio lo que el apóstol dice aquí en Efesios, que Dios necesitaba preparar a los seres humanos para la revelación de este secreto. Tenía que prepararles. Esto hizo con los rituales y símbolos del Antiguo Testamento ―con dar la Ley y los sacrificios― que nos ayudó a entender que nosotros seres humanos tenemos algo inherentemente mal en nosotros, que no puede ser curado al hacer unas pocas buenas resoluciones. Más bien, es algo que está drástica, terrible y profundamente mal. La única cosa que puede sanarlo es la muerte misma. Dios tuvo que preparar a esta raza para poder entender el hecho y estar preparada para creerlo. E incluso entonces no había revelado completamente este misterio. Un poco había sido revelado en el pasado, pero el gran secreto fue mantenido oculto.

Pero ahora ha sido revelado, Pablo dice, “a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu”. Hay una línea de enseñanza llamada ultra-dispensacionalismo, en la cual ciertos maestros (que son genuinos creyentes en Cristo) enseñan que solo el apóstol Pablo sabía este secreto, que a él le fue dado el privilegio de desvelarlo por primera vez a las mentes y corazones humanos. Pero, como ya hemos visto, era el Señor Jesús quien comenzó a desvelarlo. Y, como Pablo mismo dice aquí, fue hecho conocido a los apóstoles y los profetas, es decir, a los escritores de las Escrituras, como Lucas y Santiago, y otros que no eran apóstoles pero que eran profetas. En los versículos que concluyen Romanos 16 hay una declaración muy clara sobre la revelación de este misterio:

Y al que puede fortaleceros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero se ha manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén. (Romanos 16:25-27)

Ahora llegamos al misterio mismo. Consiste en esta gran verdad: Que los gentiles eran coherederos, miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. Aquí Pablo hace algo que hace frecuentemente (y solo el apóstol Pablo hace esto): acuña palabras. Se queda sin lenguaje; es incapaz de poner lo que quiere decir en palabras a su disposición. Así que inventa nuevas. Pone palabras juntas. Y aquí inventa tres palabras que no encuentras en ningún otro sitio en el Nuevo Testamento griego. Son literalmente: “coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes”. Cuando vienen a Cristo, judíos y gentiles juntos son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa. ¿De qué está hablando? Bueno, en esos tres términos tienes las respuestas a las mayores luchas con las cuales nosotros humanos estamos ocupados hoy:

“Coherederos” tiene que ver con posesión. Aquí está tratando con el problema completo del hombre y su universo, el hombre viviendo en el mundo natural, el dominio (o falta de dominio de él) del hombre sobre ese mundo, y la razón por la cual no podemos resolver los enigmas ecológicos. La respuesta, tal como está detallada en otros sitios en las Escrituras, es que la vieja creación que ha existido desde el comienzo del tiempo está en poder de una ley inmutable, que Pablo llama “la ley de muerte” en Romanos 8. Es la segunda ley de termodinámica, si quieres el nombre científico de esta ley, la ley de entropía. Esta ley declara que hay menos energía disponible cada vez; todo está descomponiéndose, deteriorandose. Y no podemos romper esta ley. Es por eso que los problemas ecológicos que tenemos hoy no pueden ser resueltos. No hay forma que podamos abrirnos camino bajo esta ley. Pero Pablo dice que en Cristo el camino ha sido abierto. En Cristo, Dios está comenzando una nueva creación, una que vive por un principio totalmente distinto y que no está sujeta a esta ley. ¡Y esta creación ya ha comenzado!

Verás, la cosa que no fue enseñada en el Antiguo Testamento fue la resurrección de Jesús y los efectos de ella en nuestras vidas ahora mismo. En el Antiguo Testamento hay muy pocas referencias a la resurrección del cuerpo. Hay algunas referencias, las bastantes para enseñar la verdad, para que los creyentes del Antiguo Testamento supieran que había vida más allá de la muerte. Pero no sabían qué tipo de vida. Esto estaba escondido para ellos. Morían en esperanza, pero esa esperanza no estaba muy bien definida. Y la única cosa que no sabían para nada era que la vida después de la muerte, la vida de resurrección, podía estar disponible para nosotros mientras que todavía estamos vivos. Esto es lo que nunca entendieron. Nunca encontrarás que eso se enseñe en el Antiguo Testamento en esos términos. Pero esto es lo que estaban enseñando los apóstoles: que Dios ya ha irrumpido en la vieja creación y, justo en medio de lo antiguo, está creando una nueva. Los hombres y mujeres hoy pueden vivir en base a esta nueva creación.

Podemos aprender a manejar nuestro medio ambiente, incluso basándonos en esta nueva creación hoy mismo. Los cristianos tienen la respuesta a la crisis ecológica. Es por esto que el Dr. Francis Schaeffer ha escrito un libro llamado Polución y la Muerte del Hombre, y relacionó este tema con la respuesta cristiana. Esta es la única forma en la que estos problemas pueden ser solucionados. Lo que hemos de heredar de Dios, finalmente, es el mundo. Pablo nos dice: “porque todo es vuestro: sea Pablo, Apolos o Cefas, sea el mundo, la vida o la muerte, sea lo presente o lo por venir. Todo es vuestro” (1 Corintios 3:21b-22). Y el libro de Hebreos nos dice que todavía no vemos todas las cosas sujetas a Cristo, pero sí vemos a Jesús, Aquel que ha sido hecho Heredero de todas las cosas, y en Él compartiremos esa herencia, para que un día todas las cosas sujetas a esta nueva ley sean nuestras. Un día habrá una reversión de la ley de muerte, y todas las cosas comenzarán a acumular energía de nuevo y a ser renovadas, revitalizadas, en un grado tremendamente creciente.

En el ámbito del rendimiento esto ya es cierto. Esta es la lucha de la humanidad que es solucionada al convertirnos en “miembros del mismo cuerpo”. ¿Por qué no nos podemos llevar bien los unos con los otros? ¿Por qué luchamos entre nosotros? ¿Por qué hay tantas familias rotas? ¿Por qué hay tanto odio y resentimiento y amargura y malicia? Porque cuando todavía estamos viviendo en la vieja creación esas cosas son inevitables. Si satisfaces la carne, no hay forma que puedas evitar vivir en desarmonía con la gente a tu alrededor. Ah, pero en el ámbito del Espíritu el avance ya ha ocurrido. Cuando comenzamos a “caminar en el Espíritu”, al entender lo que realmente significa esa frase, entonces podemos amar, perdonar y comenzar a alcanzar a otros. La experiencia completa de la vida es transformada, ahora mismo.

Finalmente, el apóstol toca el tema del poder: “copartícipes de la promesa”. La promesa era la entrega del Espíritu Santo, que el Espíritu de Dios mismo viviría en nosotros y nos daría poder para hacer todo lo que Dios quiere que hagamos. En cualquier momento que sepamos que hay algo que hemos de hacer, algo que deberíamos de hacer, algo que sería correcto que hiciéramos, pero que no queremos hacer, si entonces nos refugiamos con nuestra desesperanza en el Señor Jesús y confiamos en Su Palabra, podemos asumir el poder del Espíritu para hacer esa cosa. Y el poder del Espíritu siempre vendrá fluyendo justo en este momento, para capacitarnos a hacer lo que de otra forma nunca podríamos.

Esta es la primera explicación de Pablo del gran misterio. Es un avance, una nueva y maravillosa forma de vivir que ya ha comenzado en nuestra experiencia y que, finalmente, resolverá todos los problemas que enfrenta la humanidad. La cosa notable sobre ello es que puedes experimentarlo ahora mismo. En Colosenses Pablo lo dijo de esta forma: “Cristo en vosotros, esperanza de gloria” (Colosenses 1:27b). Es la única esperanza que jamás tendrás de vivir de acuerdo a la gloria que Dios diseñó para el hombre cuando le creó al principio. Puesto en estos términos, esto significa que la presente “civilización” que estamos viviendo en la vida secular, con sus políticas, su educación, su sistema legislativo, su reportaje de los acontecimientos de las noticias, puede ser comparada a un capullo, agarrándose sin vida a la rama de la historia. Pero dentro del capullo, Dios está obrando una metamorfosis; una transformación está ocurriendo. Y uno de estos días ese capullo se abrirá, en el tiempo de primavera del mundo, y un nuevo comienzo saldrá: un ser que está siendo creado en este momento dentro del capullo. Esa es una gran parábola que Dios nos enseña en la naturaleza. ¿Alguna vez te has preguntado por qué las orugas reptan por el suelo? ¿Por qué no corren a cuatro patas? Porque Dios nos está enseñando cosas en la naturaleza, si tan solo pudiéramos verlo. Esta es una imagen de la vida en la carne, la vida natural humana. Todo lo que está en el camino de la oruga es un horrible obstáculo sobre el cual debe de arrastrarse dolorosamente. No puede ver muy lejos, y no sabe qué camino ha de tomar. Esta es una descripción adecuada de la forma en la que vivimos nuestras vidas como seres humanos naturales. Pero Dios tiene un programa para la oruga. Tiene un maravilloso plan para su vida. No sé si alguien alguna vez le ha contado “Las cuatro leyes espirituales” a la oruga, pero sería interesante hacerlo, porque el primer punto sería: “Dios te ama, y tiene un maravilloso plan para tu vida”. ¿Qué es? “Que morirás, que llegarás al final, que de alguna forma tu antigua vida como una oruga se descompondrá y serás dejado sin vida y muerto, en un capullo que tú mismo habrás tejido, colgado de una rama, y aparentemente todo habrá llegado al final”. Pero no ha terminado. Justo en medio de ese capullo algo ocurre. No sabemos realmente lo que es. Nadie realmente ha averiguado lo que ocurre dentro de un capullo que transforma una oruga en una mariposa. Pero sabemos que uno de estos días, cuando el sol comienza a brillar, todos estos capullos que parecen muertos comenzarán a abrirse, y saldrá una bella criatura, diseñada no ya para la vida en el suelo, arrastrándose sobre cada obstáculo, sino capaz de sobreponerse a ellos, capaz de extender sus alas y volar como una expresión de la belleza y el júbilo a través del mundo y la naturaleza. Esta es la lección de Dios en cuanto a lo que está haciendo ahora. El capullo es la vieja creación, y en medio de ella la nueva está tomando forma. Y podemos vivir en esa nueva creación ahora mismo. Ese es el gran misterio. Quizás esto te suene como algo viejo, pero desafortunadamente estas palabras han venido tan frecuentemente a nuestros oídos que hemos perdido el impacto de ellas. Pero espero que puedas volver, quizás durante esta época de las navidades, y pensar de nuevo en la emocionante maravilla de este gran misterio que Pablo nos declara: cómo en Jesucristo podemos salir de lo viejo, ya mismo, a la nueva creación. Y los efectos de eso pueden ser sentidos en las relaciones con otros, en nuestras actitudes interiores, en nuestro tratamiento del ambiente a nuestro alrededor, en nuestro disfrute del mundo de la naturaleza que ya está presente a nuestro alrededor, y finalmente, en el poder del Espíritu Santo impartido sobre nosotros para hacernos vivir como deberíamos de vivir, en la plenitud del júbilo, la paz, la vida, la gloria y el regocijo frente a Dios. Uno de estos días, le va a llegar la primavera al mundo y, cuando llegue, lo que Dios ya ha estado preparando se manifestará verdaderamente.

Ahora, no puedes esperar a que llegue ese tiempo para apuntarte a la fiesta; ya ha comenzado. Este es el gran misterio. Ya ha comenzado. Y o eres parte de la nueva creación, o eres parte de la vieja; una o la otra, pero nunca las dos. Puedes vivir tu vida como un miembro de la nueva creación ―en medio de la vieja, pero no siendo parte de ella ya más― “ya no extranjeros, ya no forasteros”, dice el apóstol. “Has roto con todo eso. Por lo tanto, vivid como miembros de una nueva raza”, es su exhortación. “Deja de hacer las cosas de la vieja forma. No te sometas ya a toda la angustia, la miseria, la malicia, el odio, el resentimiento y la opresión que viene de la vieja creación. Más bien, rompe con eso y sé libre en Jesucristo.”

Cuando lo hagas, entenderás la importancia práctica de este fantástico misterio que está en el centro de toda vida y que Dios empezará a desvelarnos más y más a medida que continuemos, hasta que simplemente “nos asombre” con toda la maravilla de lo que nos está esperando. De esto se trata la navidad. Esto es lo que comenzó en Belén. El primer avance fue el día de navidad, cuando en la oscuridad del mundo ―sumido en la apatía, la miseria, la superstición, la ceguedad, y en la muerte― una luz irrumpió. “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz” (Isaías 9:2). Y esa luz ha estado alcanzando al mundo desde entonces, sacando al hombre de lo viejo y llevándolo a lo nuevo.

No sé cómo piensas de ti mismo, pero sé que ayuda en gran manera el personalizar estas grandes verdades, para acordarse de que es aquí donde Dios quiere que la aplicación finalmente se haga: justamente en el centro de vuestros corazones, de vuestras vidas, de vuestras familias. Sois una nueva creación en Jesucristo. Ya no sois parte de lo viejo sino parte de ese nuevo programa que, mirando al futuro, está esperando el amanecer de un nuevo mundo, una nueva vida y un nuevo día, cuando toda la gente de Dios será una en toda la tierra, y ningún daño o angustia ocurrirá en el mundo.

Este es el misterio, tal como Pablo nos lo describe, y como Dios quiere que lo entendamos. Que Dios nos ayude a hacerlo personal en nuestras vidas.