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Riquezas en Cristo

Riquezas secretas

Autor: Ray C. Stedman


Estamos tratando de nuevo con el gran misterio en el cual se gloría el apóstol Pablo, un misterio que comenzó en Belén con la canción de los ángeles a los pastores, y la belleza de la gran estrella brillando con su gloria plateada sobre la tierra que esperaba debajo de ella, y todo el prestigio de ese primer día de Navidad cuando la maravilla que había sido secreta durante siglos empezó a ser desplegada: la gloria de lo que Dios tenía en mente para el hombre.

En el tercer capítulo de Efesios, comenzando con el versículo 7, venimos a la explicación ampliada de lo que llama en el capítulo 6 “el misterio del evangelio”: las grandes buenas nuevas que han hecho tanto para cambiar las vidas humanas. Como vimos en nuestro último estudio, en las palabras iniciales del tercer capítulo, este gran misterio es la respuesta a las luchas que el hombre tiene con su ambiente. Pablo nos enseñó cómo judíos y gentiles juntos son hechos coherederos de Dios, capaces de entrar en todas las posesiones físicas que Dios tenía en mente cuando puso al hombre sobre esta tierra en el principio. También es la respuesta a los problemas de la humanidad, nuestra condición caída: la guerra, la enemistad y la crueldad. Pablo nos enseñó cómo en Jesucristo los hombres son hechos miembros de un solo cuerpo, y todos los muros intermedios de separación son derribados. Esto ha sido demostrado claramente una y otra vez cuando gente de distintos trasfondos, culturas y clases, diferentes perspectivas, diferentes razas, se han unido juntos en Cristo y han encontrado que todas las diferencias que una vez parecían tan tremendas han sido reducidas a nada, y son capaces de sobreponerse a ellas y ser sanados en su hermandad juntos.

Y entonces vimos que el misterio del evangelio es la respuesta a la impotencia del hombre, el hecho de que somos incapaces, a menudo, de cumplir nuestros ideales y de realizar nuestros sueños. Somos fracasos en hacer lo que sabemos que deberíamos de hacer: amar, perdonar, restaurar. Pero en el misterio del evangelio, judíos y gentiles son hechos copartícipes de la promesa del Espíritu de Dios. El poder de Dios es dado para poder hacer lo que de otra forma nunca podríamos hacer. Aquellos que han aprendido a recurrir a este poder encuentran que son capaces de amar y perdonar, cuando no podrían haberlo hecho de otra forma. Así que este evangelio alcanza el corazón de los problemas de la humanidad.

Al llegar a la sección comenzando con el versículo 7, aprendemos mucho sobre este gran misterio:

Por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la acción de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia... (Efesios 3:6b-8a)

La nota personal con la que comienza esta sección es explicada en el versículo 13, donde dice:

Por eso, pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. (Efesios 3:13)

La razón por la que escribió esta sección de la carta es que estos efesios cristianos estaban preocupados por su sufrimiento, no tanto porque sintieran pena por él, porque por supuesto que sí la sentían, sino porque su fe estaba siendo amenazada por ello. Estaban realmente preocupados que el gran apóstol ―la misma fuente de verdad, en lo que a ellos les concernía― debía de parecer una víctima indefensa de la crueldad de César, encadenado a un soldado romano día y noche. Su fe estaba siendo amenazada muy seriamente por esto. Pablo les vuelve a escribir, y dice: “Lo habéis entendido todo mal. Pues bien, no entendéis lo que es el sufrimiento. El sufrir por la causa de Cristo es el camino seguro a la victoria”. Este poderoso apóstol ha aprendido que la cruz es siempre el camino a una corona, y no hay forma de garantizar que la victoria sea cierta a menos que haya un elemento de sufrimiento de Cristo siendo completado dentro del cuerpo físico de un cristiano, un creyente en Jesucristo. Así que Pablo está escribiendo para que estén seguros de que todo está bien. No hay nada mal en su situación. Es perfectamente correcta, y se gloria en ese hecho.

Notarás que hay un sentido de asombro y sorpresa al escribir estas palabras: “Por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la acción de su poder”. Dos cosas son citadas aquí que nunca dejaban de asombrar al apóstol: Una era el valor del don que Dios le había dado. Este don, que le abría su tremendo ministerio, le vino, dice, por la gracia y el poder de Dios. Dios mismo dio este don. Te acuerdas que, en 1ª de Corintios 12 y Romanos 12, Pablo describe los dones del Espíritu, y dice que estos son dados a cada creyente, a cualquiera que es miembro de la nueva creación en Jesucristo. Esto está bastante en armonía con lo que Dios ha hecho en la vieja creación. Cuando nacemos a esta vida humana, esta vida natural, recibimos ciertos dones. Los llamamos talentos. Algunos de ustedes tienen dones musicales. Algunos de ustedes tienen dones artísticos. Algunos de ustedes tienen habilidades de liderazgo. Algunos pueden hablar. Algunos pueden escribir. Tienen varios talentos. Son parte de los dones de Dios a Adán, y, en su naturaleza caída, nos han sido pasados a nosotros. Por lo tanto, está bien que cuando hay una nueva creación, un nuevo hombre, a él también se le dieran talentos. Así como descubres y cumples tu vida natural al descubrir tus talentos naturales, así cumples tu nueva vida al descubrir los dones del Espíritu que Dios te ha dado. He aquí uno de los dones que Pablo disfrutaba. Al leer esta lista de dones del Espíritu, creo que es muy probable que este gran apóstol tuviera cada uno de los dones del Espíritu. Encuentro varios que sin duda poseía. El don del que está hablando aquí es el don de evangelismo. Donde dice en el versículo 8:/p>

A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles... (Efesios 3:8a)

La palabra traducida como anunciar realmente significa “evangelizar” a los gentiles. Así que Pablo tenía el don del evangelismo entre sus muchos dones, y esto es lo que le motivaba y le hizo desear alcanzar los lejos confines de la tierra para predicar a Cristo a la gente que nunca había oído sobre Él anteriormente. Tenía esta hambre dentro, que es característica del don del evangelismo. Y este don le llevó a este ministerio particular, que era a los gentiles. Un don es la habilidad de hacer algo. El ministerio es el área en la cual se hace. Es la prerrogativa del Señor Jesucristo el asignar ese ministerio a cada uno de nosotros. Todos tenéis dones, si conocéis a Jesucristo. Tu don ha de ser descubierto. Entonces el Señor Jesús te llevará al sitio para ejercer ese don. Y ese es tu ministerio. Cada creyente debería de tener un ministerio. Esto es lo que hace que funcione la iglesia como Dios tenía la intención de que lo hiciera, como cada uno de nosotros hemos descubierto nuestros dones y ministerio que el Señor Jesús nos ha dado. Ambos Pedro y Pablo tenían dones de evangelismo. Pero el ministerio de Pedro era para los judíos y el de Pablo para los gentiles. Algunos de ustedes puede que tengan un ministerio para los niños. Algunos puede que tengan un ministerio para las personas más mayores. Algunos para los negros. Algunos para los hispanos, quizás. Pero, verás, un don particular puede ser ejercitado en todos estos ministerios. Así que el don abre la puerta a un ministerio. Pablo nunca se sobrepuso a la maravilla de ese don. Qué cosa más gloriosa era, dijo, que Dios le había dado el gran don de predicar este tremendo mensaje a hombres que nunca habían oído las buenas nuevas antes.

La segunda cosa a la que nunca se sobrepuso fue su asombro por la debilidad de su propia persona. Fíjate en su lenguaje aquí: “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia…”. Conozco a algunas personas que piensan que Pablo está siendo meramente amable aquí, despreciándose a sí mismo, como quizás lo hiciéramos nosotros. Pero estoy seguro que el apóstol sintió profundamente en su corazón lo que escribió en palabras. Esto no era un mirar atrás a cuando era un fariseo. Esta es una evaluación en el presente de su valor: “el más pequeño de todos los santos”. Esto es lo que Pablo pensaba de sí mismo.

He oído a gente decir, al leer algunos de los escritos de Pablo: “Este hombre era un egoísta. Habla sobre su santidad, su fidelidad, su ternura y su compasión. Dice: ‘Sed imitadores míos, así como yo lo soy de Cristo’ (1 Corintios 11:1)”. Están asombrados de lo que piensan que es la arrogancia del apóstol Pablo. Pero si realmente quieres saber lo que pensaba de sí mismo, aquí está. De hecho puedes detectar un cambio gradual de la idea que este apóstol tenía de sí mismo. En la carta de 1ª de Corintios, que fue escrita antes que esta, dice: “Yo soy el más pequeño de los apóstoles” (1 Corintios 15:9). Eso es solo el último en una lista de trece. Aquí dice: “Soy menos que el más pequeño de todos los santos”. Esa estimación es bastante más baja. Pero cuando escribió 2ª de Timoteo, su última carta, dijo: “… los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15). ¡Pues, eso es progreso! Está justo en línea con lo que nuestro Señor dijo que ocurriría. Te acuerdas que dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí” (Mateo 11:29a). ¿Qué es lo que has de aprender de Él? Bueno, “que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29b). Aquí estamos cara a cara con el fenómeno que es frecuentemente visto en los grandes líderes y santos del pasado. Es que cuanto más mayores se hacen, más agudo se vuelve su sentido de pecado y de debilidad en sí mismos. Ven que lo que una vez pensaron que eran las fortalezas naturales son en realidad debilidades. Así que si esto está comenzando a ocurrirte a ti, estás creciendo como cristiano.

Me acuerdo que cuando comencé mi vida cristiana, como un hombre joven, pensaba que estaba muy cercano a ser aceptable. La mayoría de mi vida había sido bastante buena. Había algunas áreas que sabía que no estaban bien, pero pensé que si Dios podía enderezarlas, todo estaría bien. Pero gradualmente Dios ha abierto mis ojos para ver que, en esas áreas donde pensaba que estaba bien, era totalmente repugnante en la presencia de Dios, totalmente rechazado por Él. Mis fuerzas eran realmente mis debilidades, he tenido que aprender a través de los años. Encontré casualmente una cita del gran psicólogo, Carl Jung, que dice esto muy bien:

En la segunda mitad de la vida [Algunos de vosotros no habéis llegado ahí. Pero llegaréis, si seguís viviendo. Así que eso queda por adelante.] se impone la necesidad no ya de reconocer la validez de nuestros primeros ideales, sino de lo contrario, de percibir el error en lo que eran nuestras convicciones previas, de sentir la mentira de lo que era nuestra verdad, de pesar el grado de oposición e incluso de hostilidad en lo que una vez percibimos como amor.

Esta es una declaración precisa de la experiencia de aquellos que comienzan a verse a sí mismos. Y a medida que Pablo comenzaba a entender la plena revelación del misterio que es Jesucristo, la claridad de su conocimiento le hizo capaz de verse a sí mismo como era. Y cuanto más se vio a sí mismo, más dijo: “Soy totalmente dependiente de la gracia de Dios. No hay ninguna fuerza en mí”. Algunos de nosotros estamos comenzando a decir con Pablo: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” (Romanos 7:18).

La gloria del misterio está ahí mismo: de la debilidad viene la fuerza. Y cuando este poderoso apóstol pudo decir de sí mismo: “Soy el menor de todos los santos”, ahí fue cuando pudo seguir adelante y describir un ministerio fantásticamente efectivo. En los próximos versículos lo tienes explicado en bellos términos:

A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las insondables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea el plan del misterio escondido desde los siglos en Dios, el creador de todas las cosas, para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. (Efesios 3:8-10)

Lo que está diciendo es que este ministerio tenía un fantástico efecto, y era tripartito en sus dimensiones. Primero, estaba el descubrimiento por aquellos a quienes predicaba de riquezas insondables en Cristo. ¿De qué está hablando? Bueno, está diciendo que el primer efecto del ministerio del evangelio es el enriquecimiento de la vida ahora mismo. Donde fuera que Pablo predicara, los corazones eran cambiados, las heridas eran sanados, las familias restauradas, los malos hábitos de una vida eran rotos, y el júbilo, la esperanza, el amor y la paz comenzaron a entrar en la vida de la gente. En cada sitio que fue, Pablo formó colonias de personas íntegras, de gente sanada que estaban regocijándose en un maravilloso sentido de libertad en Cristo. Esas son las insondables riquezas de Cristo, ahora mismo; ¡no en los cielos algún día, sino ahora mismo!

La misma cosa está pasando hoy. Esta semana pasada, Bob Smith, uno de nuestros pastores que está en casa recuperándose de un ataque cardíaco severo, escogió un montón de cartas de las miles que ha recibido, y las mandó al resto de nuestros empleados para que pudiéramos compartir su júbilo. Reflejaban las bendiciones que la gente ha experimentado al ser ayudadas por el ministerio de Bob Smith a lo largo de los años:

Había una carta de un marido que había sido liberado de la adicción a la heroína y ha disfrutado de un tremendo cambio en su hogar a causa de eso. Había una carta de un hombre joven en el servicio militar, que escribió para dar las gracias por todo lo que se le había enseñado a lo largo de los años. Nunca se había dado cuenta que era tan importante hasta que se estaba enfrentando a una vida en un mundo frio, cruel y miserable. Había una carta de una antigua líder de la Liberación de las Mujeres, que había encontrado el secreto de la femineidad en Jesucristo y se gloriaba como nunca antes lo había hecho con sus anteriores ideas. Había cartas de gente que habían sido cristianos durante un largo tiempo, que estaban rebosantes con la gloria de treinta años de vivir con Jesucristo. Mi correo ha sido muy similar. Quiero compartir con vosotros los párrafos iniciales de una carta de una persona que era miembro de la iglesia aquí que se ha mudado a otra área. Esto es lo que escribió:

Estas navidades son muy especiales para mí. Nunca me olvidaré de este año. Este es el año que el Señor se reveló a mí en una forma de lo más notable. El año pasado perdí una parte sustancial de mis ahorros en una aventura de negocios fraudulenta. Este año la tendencia continuó deteriorándose, con problemas en mi salud, mi trabajo y dentro de la iglesia que asisto. Entonces me llegó noticia de que el matrimonio de mi hija se estaba deshaciendo. Todo coincidió para hundirme más. Realmente estaba dolido. Todo parecía estar yendo mal. Y estaba en un estado de desesperación total.

En ese momento clame: “¿Dónde estás Dios? ¡Ayúdame!”. Contestó a mi oración gloriosamente, y me llenó de seguridad. Mis problemas no habían desaparecido, pero soy capaz de enfrentarme a ellos, y mi entendimiento de Dios se ha expandido. Estoy jubiloso. [¿Qué es lo que produjo ese cambio? Dice:] Era totalmente el don de Dios. También le doy las gracias a amistades que conocían mi apuro, aunque no sabían lo malo que era, y estaban orando por mí; y al nuevo pastor de nuestra iglesia, quien es muy eficaz. También había un ministerio en la radio de transmisiones cristianas que escucho, ya que estoy en la carretera 95 millas todos los días viajando al trabajo y de vuelta. Le doy gracias a Dios que me está enseñando cómo ha de vivirse la vida. Y mi deseo es ahora vivir de esa forma, sin importar las circunstancias externas. [Entonces resalta:] Sé que mi Redentor vive.

Estas son las riquezas insondables de Cristo. ¡Cuántos miles, e incluso millones, viviendo hoy podrían añadirse a esta historia! ¡Cuántos en nuestra propia congregación podrían ponerse de pie y contar la enorme riqueza de la vida! Eso es parte de las insondables riquezas en Jesucristo, cuando irrumpe la gloria de este tremendo misterio en los corazones humanos, y la gente comienza a descubrir cómo se pretendía al principio que se viviese la vida. La historia nunca puede ser totalmente contada hasta que no lleguemos a la gloria. Solo entonces sabremos alguna vez algo de las increíbles profundidades de las riquezas de Jesucristo.

Entonces Pablo habla de la segunda dimensión del efecto de este ministerio: la distribución de un conocimiento universal. Dice que le fue dado “aclarar a todos cuál sea el plan del misterio escondido desde los siglos en Dios, el creador de todas las cosas…”. Isaías en ese capítulo noveno de su profecía, predijo que la gente que caminaba en oscuridad vería una gran luz, que aquellos que vivían en el país de la profunda oscuridad, sobre ellos brillaría la luz. Y entonces sigue en ese capítulo a escribir el conocido versículo:

Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre “Admirable consejero”, “Dios fuerte”, “Padre eterno”, “Príncipe de paz”. (Isaías 9:6)

Él es la luz que ilumina la oscuridad, y esto es exactamente lo que Pablo dice. La palabra traducida como “aclarar” realmente significa “iluminar” a todos, el traer luz a todos sobre el conocimiento de Su misterio. Y debería ser literalmente la “administración” del misterio más que el “plan” del misterio. Pablo se gloriaba en iluminar a los hombres con este tremendo secreto, porque sabía que el alcance del buen gobierno, de paz internacional, de ley y orden, de educación iluminada, de control de fuerzas demoniacas, de verdadero progreso en el ámbito de la tecnología y la ciencia, es proporcional al grado al cual este misterio es conocido y entendido, y creído, por el hombre. Esto es lo que cambia la vida.

Y es por esto que enlaza con esta frase “el creador de todas las cosas”. Dios ha decretado vida con este propósito, y es Él quien capacita al hombre para alcanzar, para aprender, para entender, conforme al grado en que el secreto de la vida se extiende en una sociedad.

Solo tienes que mirar la historia de nuestra nación en los últimos diez años para ver cuan cierto es esto. Cuando la luz del evangelio comienza a oscurecerse, entonces inmediatamente la anarquía, la rebeldía, la violencia y la revolución comienzan a incrementarse. La superstición, el ocultismo y la oscuridad vuelven a inundar tan pronto como la luz comienza a oscurecerse. Dios nos enseña esto al nivel físico. Pon una vela en una habitación oscura, y es casi todo oscuridad con un poco de luz. Entra en una habitación donde hay amplia iluminación, y la oscuridad se ha ido completamente. Pero deja que esa iluminación se oscurezca, y la oscuridad se incrementa en todas partes. Pablo sabía este gran secreto. Sabía que el disfrute de la vida humana, del placer y la recreación, es enteramente dependiente del grado en el cual el evangelio penetra a un pueblo. Por lo tanto, se glorió en extender esta palabra en la comunidad oscura y cansadamente pagana a la cual vino en ese primer siglo.

Necesitamos entender, como nos dice este versículo, que este misterio estaba escondido por Dios hasta que este mundo estuvo listo para él. El mundo necesitaba ser preparado para este gran secreto. Y todas las edades de la historia antes de la venida del Señor Jesús eran simplemente la forma en la que Dios estaba preparando al mundo para el desvelo de este tremendo misterio: la gloria de un hombre, Jesús, que cumple la maravilla de unificar a Dios y al hombre, y hacer al resto de los hombres partícipes de la naturaleza divina. No hay nada en todo el mundo como este gran secreto. Y Dios nos tenía que preparar para ello. Me encontré una cita muy útil del Dr. Arthur Custance, un científico canadiense muy piadoso. Dice:

Los procesos de la historia tienen un significado especial, porque la crucifixión no podía ser meramente un acontecimiento aislado en alguna edad oscura de rebeldía y barbarismo, o en algún confín de la tierra donde el conocimiento de ello pudiera filtrarse al resto del mundo solo por accidente. Era un acontecimiento que tenía que ser apropiado, atestiguado, y registrado, que tenía que ser llevado a cabo en una forma ordenada y legal, de acuerdo a un patrón aceptado de comportamiento y juicio al cual la humanidad entera daría un consentimiento racional. Tenía que ocurrir en un tiempo cuando el acontecimiento mismo fuera suficientemente público, uno podría decir publicado, que nunca pudiera haber ninguna duda de que había ocurrido. Tenía que pasar cuando había un medio suficientemente sofisticado y fiable de comunicar las noticias a una población grande, que no fuera solamente numerosa sino también fluida, para que palabra de ello pudiera ser difundida lejos y ampliamente.

Continúa hablando de la necesidad de un código legal, y de una fuerza de policía con suficiente fuerza para prevenir un linchamiento, y un lenguaje universal, para que el mensaje pudiera ser culturalmente universal. Y entonces dice:

Estas circunstancias puede que hayan ocurrido repetidamente desde entonces, y quizás de vez en cuando de una forma más efectiva. Pero es casi cierto que esta era la primera vez que las circunstancias habían ocurrida todas juntas. El Imperio Romano garantizaba, al menos por un tiempo corto, un mundo idealmente ordenado como un marco apropiado, tanto cultural como legalmente.

Esto es lo que Pablo quiso decir cuando, en Gálatas, dijo: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4-5). Este era el comienzo del desarrollo de un fantástico misterio que es el secreto de la gobernación de las vidas humanas.

La última cosa que el apóstol dice es que su ministerio tenía el efecto de demostrar una sabiduría única: “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”. Esto ha de ocurrir ahora, mientras que la iglesia está siendo formada. Es una revelación por la cual estos “principados y potestades” están aprendiendo algo al observar a la iglesia. ¿Qué quiere decir? Bueno, esta es una de las ocasiones en las cuales las Escrituras claramente declaran que estamos rodeados por un reino espiritual invisible que contiene tanto demonios como ángeles. En Efesios 6 Pablo dice: “porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Pero también aprendemos de otros pasajes que los ángeles nos están observando. Es como si estuviéramos en un escenario en un gran teatro, con los ángeles reunidos en filas y filas, observándonos, aprendiendo de lo que está ocurriendo aquí en la vida de los creyentes. Es por esto que, en 1ª de Corintios 11, Pablo les dice a las mujeres que su vestimenta y su actitud hacia sus maridos enseña algo a los ángeles. Dice que debería ser correcto “por causa de los ángeles” (1 Corintios 11:10). Los ángeles están observando y aprendiendo. ¿Qué están aprendiendo? Déjame compartir contigo otra cita del Dr. Custance:

La clave a la existencia de tal universo como este estribo, creo, en el hecho de que Dios deseaba presentar ese aspecto de Su ser que los ángeles nunca han comprendido, es decir, Su amor, sin al mismo tiempo rendir esa parte de Su ser que sí comprenden, o sea, Su santidad.

Así que la revelación del misterio es esencialmente la revelación del amor de Dios, en formas que asombran y sorprenden a los ángeles al aprender los tremendos secretos del amor de Dios. Es por esto que el apóstol Pedro dice en su primera carta que nuestra salvación es tan tremenda que los ángeles deseaban observar estas cosas. ¿Qué quiere decir? Bueno, que el amor increíble de Dios está siendo demostrado por la iglesia de tal forma que asombra y sorprende a los ángeles, al presenciar la sabiduría “multicolor” de Dios. La palabra traducida multiforme aquí es literalmente la “multicolor” sabiduría de Dios.

¿Por qué eligió el apóstol este adjetivo poético, que es muy escaso en el Nuevo Testamento? Es porque, como sabemos, la vida consta de muchos colores. ¿Alguna vez has tenido un lunes azul [en inglés la palabra azul es sinónimo de depresión emocional]? Sí, todos tenemos días azules. Y horas rojas de pasión. Y momentos dorados de gloria. Y valles oscuros y sombríos por los cuales hemos de pasar. Y pastos verdes y exuberantes, a los cuales somos guiados a veces. Todos estos, sugiere el apóstol, son elegidos por el amor del Padre. Eso es lo que quiere decir. El amor de Dios es manifestado en todos los tonos de la vida. Los muchos colores de Su sabiduría son aspectos de Su amor. Así que, cuando pases por un tiempo azul, es el amor de Dios que estás aprendiendo. El amor de Dios lo eligió para ti. Cuando pasas por un tiempo de oscuridad y presión, sombrío y de desánimo, el amor de Dios está siendo manifestado ahí. Quizás no lo veas, pero Dios sabe cómo hacerlo claro. E incluso los tiempos de júbilo son manifestaciones de la multicolor sabiduría de Dios. Y, al observarnos los ángeles, nos ven perdiendo gradualmente nuestra ansiedad. Aprendemos a confiar en Dios, a alejarnos de nuestros temores, y a renovarnos a nosotros mismos con la fuerza divina, para recurrir a las grandes y poderosas promesas de Dios en la hora de presión y peligro. Al ver ellos esto, su alabanza comienza a sonar con asombro y sorpresa a un Dios ―un Dios de justicia, un Dios de infinita santidad que conocen― quien también es capaz de encontrar una forma en la cual puede prodigar Su amor sobre los mismos que merecen Su ira. Esto hace que los ángeles alaben a Dios. Dan gloria como lo captó Charles Wesley en ese gran himno que me encanta cantar: “¡Todo un misterio, el Inmortal murió!”. Imagínate eso: ¡El Inmortal murió! “¿Quién puede explorar Su extraño diseño? ¡En vano el primer serafín trata de sondear las profundidades del amor divino! ¡Es pura misericordia! ¡Que la tierra adore y que las mentes angélicas dejen de preguntar!”. Nunca puedes resolver completamente el misterio del asombroso amor de Dios, manifestado en la multicolor sabiduría que nos guía a las circunstancias de nuestra vida. Pero es esto lo que edifica a los ángeles, y enseña a los demonios, sobre la naturaleza de la grandeza del Dios al que servimos. Pablo nunca nos deja olvidarnos de donde viene todo. El versículo 11:

Conforme al propósito eterno [literalmente, “la ordenación de las edades”] que hizo [llevó a cabo] en Cristo Jesús, nuestro Señor, (Efesios 3:11)

Todo viene por medio de Él. En Cristo, Dios ha ordenado las edades para producir el desvelamiento de este gran misterio. Esto significa que todo el tiempo y toda la historia están tejidos juntos por la mano de Dios para llevar a cabo todos estos acontecimientos. Pablo y los otros apóstoles lo proclamaron. Y ahora es nuestro fantástico privilegio el declararlo entre los hombres. Y Pablo procede a enlazarlo con estas palabras:

… en quien [en Jesucristo nuestro Señor] tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él. (Efesios 3:12)

Nosotros criaturas humanas débiles, frágiles, torpes, tenemos seguridad y acceso con confianza frente a tal Dios para derramar todas nuestras necesidades frente a Él, y para encontrar que es un compasivo, tierno y amante Padre que está interesado en aplicar todo el poder de Su omnipotencia para resolver los problemas de nuestras vidas. ¿Hay algún mensaje más grande que este que el hombre jamás pudiera oír? ¡Qué mensaje tan glorioso! No es de asombrar que este apóstol estuviera tremendamente excitado y asombrado por la maravilla de que este mensaje se le debiera entregar a él, que él debiera de proclamar esta palabra y encontrar a gente descubriendo estas insondables riquezas de Cristo, el conocimiento universal del gran secreto que explica cómo desenredar toda la miseria y la angustia y los problemas humanos, y finalmente, que debiera de resultar en esta tremenda demostración que enseña a los seres celestiales ―los ángeles y los demonios, los principados, las potestades― las verdades sobre Dios que nunca conocerían de otra forma. No es de extrañar que Pablo clamara en asombro por la gloria de este misterio.

Pues bien, este era el misterio que comenzó a ser revelado en Belén, al desarrollarse en ese diminuto Bebé humano, descansando sobre el pecho de Su madre en el pesebre de un establo, la plena gloria de lo que Dios ha hecho para el hombre. Quizás nunca has encontrado a Jesucristo como tu Señor. Es bastante posible, por supuesto, haber venido a la iglesia regularmente y haber oído estas verdades una y otra vez, pero nunca haberlas hecho tuyas personalmente. Pero su efecto completo se pierde hasta que, personalmente, vuelvas a nacer, nacer a esta nueva creación por fe en Jesucristo. Así que puede que desees, en la calma y la soledad de tu propio corazón, simplemente invitar a Jesucristo y pedirle que sea tu Señor y Salvador, tu Redentor y tu Rey, estas navidades.

Oración:

Señor Jesús, te damos las gracias por esta maravillosa historia de Tu nacimiento en Belén, que te trajo a nuestra solitaria y rota raza. Te damos las gracias por la gloria de este misterio que rompe el poder de la oscuridad, nos libera del reino de Satanás y nos lleva al reino de Tu amor, nos suelta de las cadenas y los hábitos que nos atan y nos trae a la libertad de los hijos de Dios. Oramos para que no nos quedemos este secreto para nosotros mismos, sino que gustosamente contemos la historia a otros, para que ellos también puedan encontrar las insondables riquezas de Cristo. Que nuestros corazones, Señor, alaben Tu nombre con tal júbilo y acción de gracias que Tu corazón sea deleitado, Padre nuestro, al leer los pensamientos de nuestras mentes y las expresiones de nuestros corazones. Que te sean agradables, para que, al mirarnos, sea como los ángeles cantaron hace tanto tiempo: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”. Oramos en nombre de Jesús. Amén.