Antiguo Testamento

Nahúm: La terrible ira de Dios

Autor: Ray C. Stedman

El libro de Nahúm es uno que se descuida, debido a que es algo confuso y tan breve que rara vez se lee, y se entiende con menos frecuencia todavía, pero cada una de las porciones de las Escrituras es indispensable, ya que cada una tiene su propia contribución que hacer. Por eso fue por lo que el apóstol Pablo pudo decir: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para correjir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16-17). Y esta breve profecía de Nahúm no es ninguna excepción.

Al leer esto puede que le produzca la impresión de estar leyendo un relato insípido de historia antigua, pero de hecho esta profecía revela algo acerca de Dios con más claridad de lo que lo hace ningún otro libro de la Biblia, ya que es parte de la labor del profeta revelarnos el carácter de Dios. Los profetas nos muestran los atributos divinos, y cada uno de ellos ve a Dios bajo una luz diferente. Por lo tanto, al leer los profetas, lo que hacemos es ver una faceta tras otra, que brilla como si fuese un diamante a la luz del sol, del poderoso carácter y los atributos de un Dios eterno.

El atributo de Dios que le fue dado revelar al profeta Nahúm fue la ira de Dios. No hay actualmente doctrina que resulte más repugnante para las personas que la ira de Dios, y es la doctrina que a muchos les gustaría olvidar. Hay muchos que se imaginan a Dios como un caballero amable, que guiña alegremente el ojo y que no puede soportar pensar en castigar ni juzgar a nadie. Sin embargo, fue labor de Nahúm mostrar la ira de Dios, ante el cual deben presentarse los hombres en silencio y temblor. No es posible leer esta profecía sin sentir algo de la solemnidad de esta imagen impresionante de Dios.

Al comenzar este libro es importante saber por qué y hacia quién va dirigida la ira de Dios. Esta profecía va dirigida contra la ciudad de Nínive, a la cual Dios había enviado al profeta Jonás. Cuando Jonás predicó en Nínive, la ciudad se arrepintió en vestidos ásperos y ceniza, y la ira que Dios sentía contra ella fue contenida, y la ciudad se salvó porque, desde el rey hasta el más humilde de sus ciudadanos, se volvieron a Dios y se arrepintieron de sus pecados.

El libro de Nahúm aparece unos cien años después de la profecía de Jonás. Durante este tiempo, Nínive se arrepintió de su arrepentimiento y comenzó a hacer de nuevo las mismas cosas que habían suscitado la amenaza del juicio de Dios por medio del profeta Jonás. El profeta Nahúm fue enviado a llevar a cabo su ministerio en el reino del sur de Judá en los tiempos de la invasión del rey asirio Senaquerib. El rey Senaquerib, que venía de Nínive, la capital de Siria, invadió Israel en los tiempos del profeta Isaías, y fue de esta gran ciudad en el norte de donde vinieron con frecuencia los ejércitos sirios contra la tierra de Judá y de Israel; pero Dios se movió con el fin de proteger a Su pueblo, haciendo frente y destruyendo a estos enemigos del rey de un día para otro.

Nahúm significa "consolación", o "consuelo", y estando el ejército asirio extendido alrededor de la ciudad de Jerusalén, el profeta recibió un mensaje de consuelo. Podrán ustedes imaginarse el gran consuelo que sería, cuando los ejércitos se encontraban allí, con su terrible reputación como guerreros implacables, quemando y destruyendo, violando y saqueando, matando a los niños, sin perdonarle la vida a nadie, tener a este profeta en Jerusalén, declarándoles que Dios destruiría a Nínive, la capital de sus enemigos.

Esta es una de esas partes de la profecía en la Escritura que se ha cumplido ya, aunque todavía queda mucha Escritura por cumplirse, y muchas de las predicciones de los profetas del Antiguo Testamento van más allá de nuestro propio tiempo, a un tiempo en el que el Señor volverá de nuevo, pero al leer este libro nos encontramos con profecías que hace mucho que ya se cumplieron. Esta es una de las grandes pruebas de que el Libro de Dios es, efectivamente, de Dios, porque aquí tenemos una descripción exacta de cómo sucedería esta destrucción, que fue anunciada muchos años antes de que se produjese. Aquellos que están interesados en la apologética podrán usar esto para hablar con los que desafían el hecho de que la Palabra de Dios es profética.

Podemos dividir el libro de Nahúm en cuatro secciones, y cada una de ellas es una descripción de la ira de Dios. Creo que la manera más sencilla de describir esta primera sección, esta visión de la ira de Dios, es simplemente usando la palabra "terrible". Estas son preciosas expresiones poéticas, pero nos ofrecen una visión poderosa de la ira de Dios:

Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y está lleno de indignación; se venga de sus adversarios y se enoja con sus enemigos. Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha sobre la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies. Amenaza al mar y lo seca, y agota todos los ríos.; el Basán y el Carmelo languidecen; y la flor del Líbano se marchita. Ante él tiemblan los montes, y los collados se derriten. La tierra se conmueve en su presencia, el mundo y todos los que en él habitan. ¿Quién puede resistir su ira? ¿Quién quedará en pie ante el ardor de su enojo? Su ira se derrrama como fuego y ante él se quiebran las peñas. (Nahúm 1:2-6)

¡Qué tremenda descripción! El profeta ve a Dios en Su ira mirando sobre los ejércitos de Asiria. Hay algunos hombres y mujeres que viven con un perpetuo mal genio, y su genio se manifiesta a la menor provocación, pero lo interesante es que normalmente la gente no le teme a una persona así. Más bien les tienen lástima o hacen chistes a su costa. Hay otras personas que son más tranquilas y pacíficas por naturaleza, y cuesta mucho trabajo conseguir que se enfaden. Soportan la irritación durante mucho tiempo, pero cuando se les ha acabado la paciencia y su ira está a punto de estallar, mucho cuidado porque su ira es espantosa. Esa es la imagen que nos ofrece aquí el profeta, de un Dios infinitamente paciente. Como dice el profeta: "tardo para la ira", que no actúa de una manera precipitada. Le ha estado dando a esta ciudad una oportunidad tras otra para que se arrepienta y le ha mandado a un profeta tras otro. Hubo un profeta en el que sí creyeron, y se arrepintieron de sus malos caminos, y Dios desistió del juicio que dijo que habría de caer sobre ellos, pero se arrepintieron de su arrepentimiento, y esa es una de las cosas más terribles que pueden hacer los hombres. Habiéndose vuelto de su mal camino, volvieron a aquello que habían dicho que abandonarían, y eso es lo que hace que por fin caiga sobre ellos el juicio de Dios.

Dios está furioso, y no se trata de una ira caprichosa, como la de un niño. No hay nada de caprichoso ni de egoísta en la ira de Dios. Es una ira controlada, pero terrible y temible de contemplar. Puede usted hacerse una idea de lo terrible de la ira divina si se tiene en cuenta el hecho de que todas las palabras hebreas que significan ira aparecen en estos seis versículos. Las palabras son: celos, venganza, enojo, ira, indignación, fiereza y furor. Todas ellas describen la ira de Dios.

Los celos son ese celo consumidor por una causa que se siente en lo profundo del corazón. Y no se refiere aquí a esos celos tontos de los que en ocasiones hacemos gala, sino de la preocupación sobrecogedora que siente Dios por lo que ama. Su venganza o retribución; su ira, esa ira que se desencadena, que se describe aquí con toda su negrura. ¡La palabra ira significa literalmente "echar espuma por la boca"! Estos son términos muy pintorescos. La palabra ferocidad quiere decir literalmente en hebreo "calor", y la palabra furia, "que quema". Y todo ello para describir a un Dios que es terrible en Su ira, llevado por fin al punto de derramar Su ira sobre aquello que la ha despertado. Es decir, Dios en una pasión ardiente, llevado a una ira terrible y destructora.

La segunda sección, empezando por el versículo 8 del capítulo 1, nos muestra otro aspecto de su ira. Aquí se nos dice claramente que la ira de Dios, o Su furor, puede ser personal, porque va dirigida contra una sola persona. En el versículo 11, tenemos una referencia a Senaquerib, el general de los ejércitos asirios.

De ti salió el que tramó el mal contra Jehová, un consejero perverso. (Nahúm 1:11)

Toda la ira de Dios fue dirigida contra este rey pagano que urdió deliberadamente un complot para destruir al pueblo, después de que Dios hubo visitado la ciudad con Su gracia y les hubo salvado de Su ira. El versículo 12 se refiere a la visita del ángel de la muerte, cuando Senaquerib descendió con sus ejércitos sobre Jerusalén. En Isaías, capítulos 36 y 37, tenemos la descripción de cómo descendieron los ejércitos y se extendieron ante la ciudad de Jerusalén. Entonces le dijeron al rey Ezequías con desafíos provocadores, que se iban a apoderar de la ciudad y que no había fuerza que se les pudiese resistir. Isaías nos dice cómo tomó Ezequías estos mensajes y los extendió ante el Señor, pidiéndole a Dios que salvase a la ciudad, incluso con los ejércitos asirios rodeándola. Y esa noche, se nos dice, pasó el ángel de la muerte sobre los ejércitos asirios y mató a 185.000 soldados (Isaías 37:36). A esto se refieren los versículos 12 y 13:

Así ha dicho Jehová: "Aunque tengan reposo y sean tantos, aún así serán talados, y él pasará. Bastante te he afligido; no te afligiré más, porque ahora quebraré el yugo que pesa sobre ti, y romperé tus cadenas". (Nahúm 1:12-13)

Como resultado de ello, los ejércitos asirios se volvieron atrás, y se salvó Jerusalén. (En hebreo existe una interesante construcción, pues dice: "Cuando se despertaron por la mañana, he aquí todos eran hombres muertos". Como es lógico, los que se despertaron fueron los israelitas y no los asirios.)

El versículo 14 se cumplió literalmente al ser asesinado Senaquerib. Cuando pasó el ángel sobre el campamento, se le perdonó la vida al general asirio, y regresó a Nínive, pero mientras estaba adorando a sus falsos dioses en el templo, después de haber estado luchando contra Israel, fue asesinado por sus dos hijos, que robaron la corona para sí mismos. Leemos aquí:

Pero acerca de ti mandará Jehová que no quede ni memoria de tu nombre: De la casa de tu dios destruiré escultura y estatua de fundición; allí pondré tu sepulcro, porque fuiste vil. (Nahúm 1:14)

Años antes de que esto sucediese, se le dijo al profeta Nahúm que Dios se encargaría de este hombre en su propio templo, en la casa de sus dioses, y allí estaría su sepulcro. La ira de Dios le buscó y le golpeó. En el versículo 15, tenemos el grito gozoso que surgió desde Jerusalén cuando llegó la noticia de la muerte de Senaquerib:

¡Mirad! Sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz. Celebra, Judá, tus fiestas, cumple tus votos, porque nunca más te invadirá el malvado; ha sido destruido del todo. (Nahúm 1:15)

¡Qué imagen es esta del hecho de que la ira de Dios puede dirigirse contra una persona! Esto es lo que les cuesta trabajo creer a las gentes que alegan que Dios es un Dios de amor. ¿Cómo puede entonces castigar a nadie? Ese es el argumento. Cuando se menciona que la justicia de Dios exige que nos castigue, dicen que eso no es posible. El amor de Dios es superior a su justicia, dicen, y, por lo tanto, bajo ninguna circunstancia puede la justicia de Dios hacerle que castigue; y son muchos los que viven creyendo en este engaño. Pero aquí tenemos a un hombre que fue elegido, como nos dice el profeta, para sufrir el impacto de la ira de Dios, y que fue responsable de los saqueos contra Judá.

Hay una tercera sección, que abarca todo el capítulo 2, que revela un aspecto más de la ira de Dios: Él es concienzudo. Aquí Dios está tratando el problema de Nínive, la capital de Asiria, y dice:

¡Un destructor avanza contra ti! ¡Monta guardia en la fortaleza! ¡Vigila el camino! ¡Cíñete la cintura! ¡Reúne todas tus fuerzas! (Nahúm 2:1)

De qué modo tan dramático se expresa esto, como si el vigilante estuviese a la expectativa y viese venir a los ejércitos de los babilonios viniendo a destruir la ciudad de Nínive. La historia nos dice que vinieron contra Nínive los ejércitos combinados de Ciaxares y Nabopolasar, el padre de Nabucodonosor, al que se le llama el "destructor": "¡Un destructor avanza contra ti!". Así comienza el relato de la batalla en la ciudad:

El escudo de sus valientes está enrojecido, los hombres de su ejército visten de grana, el carro flamea como fuego de antorchas; el día que se prepare, temblarán los cipreses. Los carros se precipitan a las plazas, con estruendo ruedan por las calles; su aspecto es como de antorchas encendidas, corren como relámpagos. Se convoca a los valientes, se atropellan en su marcha, se apresuran hacia el muro donde se prepara la defensa. (Nahúm 2:3-5)

Este cuarto versículo suena como si estuviese describiendo una autopista: "Los carros se precipitan a las plazas, con estruendo ruedan por las calles; su aspecto es como de antorchas encendidas, corren como relámpagos". De hecho, ese versículo se ha interpretado con frecuencia como si fuese una predicción acerca de los automóviles, que es un excelente ejemplo de lo insensato de sacar un versículo de su contexto, puesto que no tiene nada que ver con automóviles, aunque parece como si los describiese al decir "su aspecto es como de antorchas encendidas, corren como relámpagos". Pero no es otra cosa que una descripción que predice la batalla que se desencadenó en las calles de Nínive al venir los babilonios contra ellos.

En el versículo 6, tenemos una profecía asombrosa y directa de la manera en que sería tomada la ciudad de Nínive:

Las puertas de los ríos se abren y el palacio es destruido. (Nahúm 2:6)

El historiador griego Diodoro Sículo dejó constancia de un relato acerca de cómo cayó la ciudad de Nínive, y esto es lo que dijo:

Había una antigua profecía, según la cual Nínive no sería tomada hasta que el río no se convirtiese en el enemigo de la ciudad; y en el tercer año del sitio, el río comenzó a incrementar su caudal debido a las continuas aguas de las lluvias que se juntaban de todas las partes de la ciudad y que caían por la muralla a lo largo de veinte estadios. Entonces el rey [de Nínive], creyendo que se había cumplido el oráculo y que el río se había convertido en enemigo de la ciudad, construyó una gran pira funeraria en el palacio y reunió toda su riqueza y sus concubinas y su eunuco, y se quemó él con su palacio y todos ellos. Y el enemigo entró por la rotura que habían hecho las aguas y se apoderó de la ciudad.

En otras palabras, entraron a través de las puertas del río. Los ejércitos babilonios entraron a través del palacio donde el río se había introducido y había inundado a la ciudad, y debido a esta idea equivocada del rey; los babilonios los encontraron reunidos en el palacio, y allí los mataron; y esto es exactamente lo que Nahúm había predicho años antes.

Las puertas de los ríos se abren y el palacio es destruido. (Nahúm 2:6)

La ira de Dios se manifiesta en toda su plenitud cuando comienza a convertirse en juicio, y no hay nada que escape a ella. Recordemos el antiguo dicho: "Aunque los molinos de Dios muelen lentamente, lo hacen triturando".

Hay una historia de un agnóstico que se burló de un granjero cristiano por negarse a trabajar en sus campos en domingo. El agnóstico tenía por costumbre salir siempre en domingo a trabajar en sus campos, y al final del año fue a ver a su vecino cristiano y se burló de él, diciendo: "Oiga, usted es cristiano y no trabaja los domingos, a pesar de lo cual tiene una buena cosecha, pero fíjese de qué modo me bendice Dios. He trabajado todos los domingos, y fíjese en la abundancia del grano que tengo. De hecho, esta ha sido una de las más abundantes cosechas de grano de Octubre que jamás he conseguido". Y el granjero cristiano se volvió a él y le contestó: "Sí, pero Dios no siempre hace las cuentas en Octubre". Cuando Dios comienza a actuar, nada escapa a Él, nada. Nosotros estamos en Su universo y aquí somos criaturas. No hay manera de que podamos escapar, ni tenemos dónde ocultarnos. Debemos tratar con un Dios que nos ha dicho una y otra vez que si Su gracia se ve frustrada, se elevará por fin en juicio.

En la tercera sección, Dios se dirige a la ciudad de Nínive. Hemos visto ya de qué modo pinta este retrato de la derrota de la ciudad, y ahora dice:

¿Qué queda de la cueva de los leones [este es un símbolo de los asirios, de igual manera que el oso es el símbolo de Rusia y el león de Gran Bretaña] y de la guarida de los cachorros de los leoncillos, donde se recogían el león y la leona, y los cachorros del león, y no había quien los espantara? El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y despedazaba para sus leonas, llenaba de presas sus cavernas, y de robo su guarida. (Nahúm 2:11-12)

Esta es una burla en relación con la derrota de la ciudad. Si hubiera usted visitado el lugar donde estuvo la ciudad de Nínive hace 60 años, se hubiera encontrado en medio de un desierto, no sabiendo ni mucho menos que aquel había sido el emplazamiento de la antigua y gran ciudad. Los arqueólogos han empezado a desenterrar esta ciudad, y sabemos dónde se encontraba Nínive, pero durante siglos estuvo perdida, enterrada en las arenas movedizas del desierto.

El último capítulo revela lo irresistible que es la ira de Dios. En el versículo 4, se nos dice una de las razones por la que iba a ser destruida Nínive:

Y todo por culpa de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia, maestra en hechizos, que seduce a las naciones con sus fornicaciones y a los pueblos con sus hechizos. (Nahúm 3:4)

Esta es una referencia a la brujería que se practicaba en Nínive. Y en respuesta a estas costumbres, Dios dice:

¡Aquí estoy contra ti!, dice Jehová de los ejércitos. Te levantaré las faldas hasta el rostro y mostraré a las naciones tu desnudez, a los reinos tu vergüenza. Echaré sobre ti inmundicias;, te avergonzaré y te pondré como estiércol. Todos los que te vean se apartarán de ti y dirán: "¡Nínive ha quedado desolada! ¿Quién se compadecerá de ella? ¿Dónde te buscaré consoladores?". (Nahúm 3:5-7)

Y Dios le recuerda a Nínive lo que sucedió antes en la ciudad egipcia de Tebas:

¿Eres tú mejor que Tebas, que estaba asentada junto al Nilo, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar y tenía aguas por muro? Etiopía y Egipto eran su fortaleza, y eso sin límite; Fut y Libia fueron sus aliados. (Nahúm 3:8-9)

Tebas también parecía inexpugnable:

Sin embargo, ella fue llevada en cautiverio; también sus pequeños fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles; sobre sus nobles echaron suertes, y todos sus grandes fueron aprisionados con grillos. (Nahúm 3:10)

Dios controla la historia, y cuando decide actuar en contra de una nación, una ciudad o una persona, no hay escapatoria posible, porque es totalmente irresistible. Él insta a la ciudad, con palabras irónicas, a que se fortifique:

Provéete de agua para el asedio, refuerza tus fortalezas, entra en el lodo y pisa el barro, y refuerza el horno. [Haz cualquier cosa, lo que se te ocurra, pero] Allí te consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como el pulgón. ¡Multiplícate como la langosta! ¡Multiplícate como el saltamontes! (Nahúm 3:14-15)

Aquí tenemos una imagen de la ira de Dios. De una ira terrible, personal e irresistible, y hoy las personas corren peligro de tener que enfrentarse con esta clase de ira, que nos encontramos por todas las Escrituras. Huid de la ira venidera. Evitad la ira de Dios, Cuya paciencia se ha visto ultrajada, Cuya gracia es dejada de lado. Hay dos pecados que suscitan de igual manera la ira de Dios; son el orgullo y la impenitencia. Cuando una nación o una persona se deja llevar por el orgullo y se considera suficiente, diciendo que puede hacer frente a todos sus asuntos y ocuparse de su propia vida, esa nación o persona está condenada. Cuando Dios muestra Su misericordia, y ese hombre o esa nación sigue mostrándose impenitente, se manifiesta la ira de Dios en toda su plenitud.

¿Cuál es, pues, el mensaje de Nahúm para nuestros corazones? Hay una interesante aplicación, que se puede considerar tanto a nivel nacional como individual. A nivel nacional es un mensaje de consuelo para nosotros hoy. De igual modo que la palabra de Nahúm sirvió de consuelo a una nación que se veía amenazada por un enemigo cruel e impío, semejante al que nos enfrentamos nosotros actualmente. Porque lo interesante es que en la Biblia los asirios no eran solo el pueblo que era enemigo de Israel, sino que eran además un tipo de la nación que habría de venir y que habría de amenazar la paz de la tierra y desempeñaría un importante papel en el escenario de la historia mundial de los últimos días. Los asirios son, en la profecía, una imagen de la Unión Soviética o de las naciones comunistas, los pueblos del norte. Si quiere usted un estudio interesante, sugiero que compare Ezequiel, en sus capítulos 38 y 39, con la profecía de Nahúm. En el versículo 13 del capítulo 2, Dios dice:

"¡Aquí estoy contra ti!, dice Jehová de los ejércitos". (Nahúm 2:13a)

Y en el versículo 5 del capítulo 3, dice:

"¡Aquí estoy contra ti!, dice Jehová de los ejércitos". (Nahúm 3:5a)

Y cuando Ezequiel comienza su gran profecía en contra del rey del norte, el Gog de la tierra de Magog, según le llama, comienza con las mismas palabras:

"... Yo estoy contra ti, Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal". (Ezequiel 38:3)

Esta es una palabra de consuelo para nosotros, que profetiza el juicio de Dios y la destrucción de estas gentes del norte en las montañas de Israel.

Pero también tiene una aplicación individual. Para aquellos que creen que Dios no es más que un Dios de amor y nunca de ira, que aprendan de Nahúm que un Dios que no es capaz de enfurecerse tampoco es capaz de amar. ¿Ha pensado usted alguna vez en eso? La ira de Dios es el resultado de Su amor. Es precisamente porque ama por lo que se pone furioso, y por el amor por lo que ha de manifestarse el furor de Su ira. Eso es algo que puede usted demostrarse a sí mismo. ¿Qué es lo que le enfurece? ¿No es casi siempre cuando algo o alguien al que usted ama se ve amenazado o herido? Puede que sea usted mismo, porque todos nos amamos a nosotros mismos. ¿Qué es lo que nos pone furiosos? Alguien nos hiere, y debido a que nos amamos a nosotros mismos, nos ponemos furiosos con esa persona. O alguien hace daño a nuestro hijo, y se desencadena nuestra ira. Y si no es usted capaz de ponerse furioso cuando oye o ve el mal y la injusticia, eso demuestra que no es usted capaz de amar, porque el que no se puede enfurecer tampoco puede amar. Si puede usted leer historias de atrocidades y opresión y el tráfico de drogas o narcóticos que destruyen al cuerpo y al alma entre los jóvenes, y no se siente usted movido a una terrible ira, puedo decirle que hay algo muy mal en usted, y es usted incapaz de amar. Si Dios no puede aniquilar, si no puede destruir en Su venganza, entonces es que no tiene capacidad de amar.

Es ciertamente verdad que Dios ama al pecador pero odia el pecado, como decimos a veces, pero eso es solo parte de la historia. La Biblia nos dice que si un hombre ama su pecado y se aferra a él a toda costa, rechazando la gracia de Dios, entonces se identifica con el pecado y, a la postre, la ira de Dios en contra del pecado se dirige también en contra del pecador.

Recuerdo haber leído acerca de un hombre que fue acusado de robar, pero argumentó ante el juez, diciendo que la sentencia no era justa, y dijo que no había sido él quien había cometido el robo, sino que había sido su brazo, por lo que era injusto que el juez le condenase a la penitenciaria, y solo podía condenar a su brazo. Y de hecho pensó que el juez debía dejarle en libertad porque había sido su brazo y no él quien había cometido el robo. El juez resolvió el caso condenando al brazo a treinta años en la cárcel, diciendo que si el hombre le quería acompañar, dependía de él.

Nos identificamos con aquello a lo que nos aferramos, y esa es la imagen que nos ofrece la Biblia. Ha llegado la hora de afirmar que Dios tiene capacidad para la ira, manifestándola una y otra vez para advertir a los hombres que huyan de la ira venidera. Los hombres han estado diciendo que si solo hablásemos del Dios de amor, podríamos llenar las iglesias. Si tan solo pudiésemos apelar a los hombres acerca del Dios de amor, se volverían de su maldad y se sentirían atraídos a Él. Pero los hechos demuestran exactamente lo contrario. Durante los últimos treinta años o más el mensaje de la ira de Dios ha brillado prácticamente por su ausencia en los púlpitos cristianos. Las gentes hablaban acerca de un Dios de amor, pero eso se ha interpretado en la mente de los hombres como un Dios permisivo, un Dios que le permite a usted hacer cualquier cosa sin pagar las consecuencias. Como resultado de ello, las iglesias están más vacías que nunca, y en lugar de volverse hacia Dios, los hombres le han desafiado, negándose a creer en Dios y alejándose de Él.

Pero no podemos sencillamente predicar al Dios de la ira sin hablar del Dios del amor, porque la ira de Dios es el resultado de Su amor, como una manifestación de ese amor. Como dijo Charles Spurgeon: "El que no cree que Dios castiga el pecado, no creerá que lo puede perdonar gracias a la sangre de Su Hijo". ¿Pero de qué modo podemos escapar a la ira de Dios? Nahúm también nos dice cómo hacerlo, en el capítulo 1, versículo 7:

Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia, y conoce a los que en él confían. (Nahúm 1:7)

Nadie que se vuelva a Dios experimentará jamás Su ira. Esta queja de que Dios es un Dios de ira parece presentarnos una imagen de un Dios que se venga sin razón, como si se hubiera propuesto destruir a los hombres, pero no es nunca así. Dios solo destruye, solo manifiesta Su ira cuando los hombres han rechazado Su amor. Hay una manera de escapar, y siempre la ha habido, por lo que no es preciso que nos enfrentemos con Su ira, ni nadie tiene que hacerlo. El propósito de Dios es llamar la atención de los hombres a Su camino, para que lo puedan seguir, y acerca de él se nos habla aquí: "conoce a los que en él confían".

Recuerdo hace años cuando mis hijas eran pequeñas, y una de ellas y yo discutimos un día, y le pegué muy fuerte. Yo me puse furioso, y ella se echó a llorar, por lo que no supe qué hacer después de haberle pegado, porque no parecía arrepentida. Pero de repente vino corriendo y echó sus bracitos alrededor de mi cuello. ¿Qué tenía yo que hacer? ¿Debía continuar pegándole? ¡Oh no! No podría haber levantado un dedo contra ella, porque se había refugiado en mí.

Dios conoce a aquellos que se refugian en Él, y para ellos está siempre abierto Su corazón lleno de amor, y nunca conocerán Su ira. Eso es lo que nos dicen las Escrituras. Según dijo el Señor Jesús: "El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).

Oración

Padre nuestro, te damos gracias porque Tú conoces a los que confían en Ti. Dios mío, concédenos la sabiduría y el sentido común para creer en Ti, y para que no intentemos evadirnos de Tu amor y Tu gracia, para que no nos creamos que nos podemos salir con la nuestra, ni que podremos escapar y que de algún modo seremos una excepción. Señor, haz que entendamos que la misma persistencia e inmutabilidad que garantiza que no escaparemos nunca es la misma persistencia que manifiesta Tu gracia, y nos recuerda que el que acude a Ti no tendrá que ser juzgado, sino que ha pasado de muerte a vida. Te damos gracias en el nombre de Cristo. Amén.