Devoción del 9 de febrero

La ambición

He visto asimismo que toda obra bien hecha despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Eclesiastés 4:4

¡De qué manera tan exacta deja esta constancia de lo que está sucediendo en la historia humana! Las personas no quieren realmente cosas; lo que desean es ser admiradas por las cosas que tienen. Lo que quieren no es el coche nuevo en sí sino escuchar a sus vecinos decir: “¡Qué suerte tiene usted teniendo un coche tan bonito!”.

Yo he recortado un artículo de la revista Newsweek escrito por una periodista acerca de la vida en Washington, D.C. He aquí lo que dice esta periodista sobre lo que seduce a las personas en la capital de la nación: “La ambición es la bestia furiosa e insaciable que con más frecuencia exige ser alimentada en esta ciudad. El lugar posiblemente no sea algún restaurante elegante o un club nocturno conocido sino más bien un edificio corriente de oficinas de cristal o un despacho interior en el complejo federal. La recompensa en la transacción no es casi nunca de carácter económico sino el requisito indispensable del poder y el alimentar el ego de las personas. Para esto, toda la aglomeración de los resultados psicológicos implica que las personas tienen que vender prácticamente cualquier cosa, incluyendo el respeto a sí mismas, si es que tienen alguno, así como el bienestar de miles de otras personas”.

Esta cita confirma exactamente lo que está diciendo este antiguo Buscador. El deseo de ser admiradas es el verdadero objetivo de la vida. Pero, dice, también esto carece de significado porque es como perseguir al viento.

Sin embargo, en algunas ocasiones cuando las personas son conscientes de esto, se van al otro extremo: se apartan de la sociedad y permiten que el estado las saque adelante. Pero eso tampoco es la respuesta. El Buscador dice: “El necio se cruza de brazos y se arruina” (4:5). Muchos jóvenes que formaron parte de la revolución juvenil, de la sociedad de la contracultura, se han encontrado con que esto es verdad: que cuando la persona permanece ociosa, desaparecen sus recursos, así como el respeto que sentía por sí misma. Entonces la persona se ve obligada a aprender la dolorosa lección que la única manera de poder mantenerse, incluso desde el punto de vista físico y no digamos psicológico, es salir a trabajar y dejar de arruinarse.

Sería mucho mejor, dice el Buscador, tener unas expectativas inferiores y un estilo de vida menos ambicioso. “Más vale un puño lleno de descanso, que ambos puños llenos de trabajo y aflicción de espíritu” (4:6).

Sin embargo, la ambición y el deseo de ser envidiados son tan poderosos que las personas siguen de hecho trabajando y esforzándose incluso cuando no tienen a nadie a quien dejarles sus riquezas. “Me volví otra vez, y ví vanidad debajo del sol. Un hombre está solo, sin sucesor, sin hijo ni hermano. Nunca cesa de trabajar, sus ojos no se sacian de riquezas, ni se pregunta: ‘¿Para quién trabajo yo y privo a mi vida de todo bienestar?’. También esto es vanidad y duro trabajo” (4:7-8).

¡Qué verdad tan grande! Algunas personas siguen esforzándose a pesar de no tener a nadie por quien trabajar y nada que hacer con el dinero que ganan. Incluso se niegan a sí mismas los placeres de la vida con el propósito de seguir acumulando dinero. ¡Qué tremendo ejemplo nos ofrece la historia del billonario Howard Hughes, que no sabía qué hacer con su dinero! Sus herederos, a los que nadie ha podido identificar con seguridad, se dedican a pelear por el dinero. Tal es la insensatez de esforzarse denodadamente por las riquezas.

Señor, perdóname cuando el motivo de mi trabajo es sencillamente que se fijen en mí y me lo agradezcan. Enséñame a invertir mi vida en lo que realmente tiene importancia.

Aplicación a la vida

¿Hasta qué punto son la admiración y la ambición la fuerza que impulsa nuestra actividad en la vida? ¿Necesitamos encauzar nuestra motivación y nuestros recursos a fin de invertirlos en lo que realmente tiene importancia?

Esta devoción diara fue inspirada por un mensaje de Ray

¿Por qué Dios permite esto?

Lea el mensaje de Ray