Devoción diarias

Isaías: El profeta con vista de lince

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. (Isaías 1:18)

Si usted lee el libro de Isaías cuidadosa y detalladamente, usted sentirá inmediatamente la grandeza y el poder de Dios. Sentirá la insignificancia del hombre cuando se compara con el poder, la sabiduría y la majestad de Dios.

  1:  El problema humano Isaías 1:1-15
  2:   ¿Cómo podemos cambiar? Isaías 1:16-31
  3:  A la luz de Su majestad Isaías 6:1-5
  4:  ¡Ve! Isaías 6:6-13
  5:  Un lugar de limpieza Isaías 7:1-14
  6:  La gran Luz Isaías 9:1-7
  7:  El que viene Isaías 11:1-5
  8:  Una imagen de esperanza Isaías 11:6-9
  9:  El origen y la naturaleza del pecado Isaías 14:3-23
10: ¿Por qué se enfurecen las naciones? Isaías 23:1-18
11: Línea tras línea Isaías 28:1-15
12: Religión mecánica Isaías 29:1-22
13: La cura para el temor Isaías 36:1-37:20
14: Los peligros de la prosperidad Isaías 39
15: La verdadera consolación Isaías 40:1-2
16: Reconstrucción Isaías 40:3-8
17: ¿Quién es como nuestro Dios? Isaías 40:12-20
18: La paradoja del evangelio Isaías 44:1-5
19: Ídolos sin valor Isaías 44:6-20
20: Mirad a mí y sed salvos Isaías 45:9-25
21: Palabras para los que están desanimados Isaías 49:8-26
22: El siervo de Dios Isaías 50
23: ¿Dónde debemos buscar? Isaías 51:1-16
24: Nuestro Dios reina Isaías 52:1-12
25: Un impacto asombrante Isaías 52:13-15
26: El corazón del evangelio Isaías 53:1-6
27: El testigo silencioso Isaías 53:7-9
28: Una historia de amor Isaías 53:10-12
29: ¿Por qué no hace algo Dios? Isaías 61

Introducción a las devociones de febrero

Algunos de los pasajes más bellos del lenguaje humano se encuentran en la gran profecía de Isaías. Era verdaderamente un supremo maestro del lenguaje. También era un profeta con vista de lince que documentó algunas profecías notables centradas en la venida del Mesías de Dios. El capítulo 53 de esta profecía es un retrato tan claro de Cristo que este libro es llamado a menudo “El evangelio según Isaías”. El plan de redención de Dios y Su trabajo de redención son centrales en esta profecía. Esto está incluso sugerido en el nombre del mismo profeta: Isaías, que significa “Dios salva”.

El libro de Isaías, de hecho, podría ser considerado una Biblia en miniatura. Hay 66 libros en la Biblia, e Isaías tiene 66 capítulos. La Biblia se divide entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, e Isaías se divide en dos mitades. El Antiguo Testamento tiene 39 libros, y la primera división de Isaías tiene 39 capítulos. El Nuevo Testamento tiene 27 libros, y la segunda mitad de Isaías tiene 27 capítulos. El capítulo que abre la segunda división de Isaías, el capítulo 40, describe el ministerio de Juan el Bautista, el precursor del Mesías, cuya voz clamaba en el desierto: “¡Preparad el camino del Señor!”. Así mismo, en el Nuevo Testamento, la primera figura introducida es aquella de Juan, el Bautista, clamando en el desierto: “¡Preparad el camino del Señor!”. El capítulo que cierra Isaías tiene que ver con la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra. Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento, tiene que ver con el mismo tema: la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra. Por tanto, esta gran profecía de Isaías capta no sólo el mismo tema de todas las Escrituras y su enfoque centrado en el Salvador de la humanidad misma, pero también refleja las divisiones de la Biblia misma.

El versículo que abre el libro da una introducción breve al profeta: “Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá” (Isaías 1:1). En esa nota histórica aprendemos que Isaías llevó adelante su ministerio durante el reinado de cuatro reyes. (De hecho fue ejecutado durante el reinado del hijo de Ezequías, Manasés, que fue uno de los reyes más malvados de Judá, justo antes de que el reino del sur fuera llevado en cautividad a Babilonia por Nabucodonosor.) Así que Isaías vivió durante un tiempo de gran inquietud. Israel estaba rodeada de enemigos y entrecruzada por ejércitos invasores. Era un tiempo de amenaza, peligro y desolación. Este era el tiempo en el que el profeta fue mandado para declarar a su pueblo la causa de su miseria.

A menudo el pueblo judío es referido como “el pueblo escogido”. Sin embargo, a los judíos no se les dio tal sobrenombre porque fueran superiores a otros pueblos. La Biblia tiene mucho cuidado en señalar que Dios los eligió, no porque fueran más inteligentes, ricos o mayores que otros, pero como ejemplo de una nación, un retrato de cómo Dios se encarga de las naciones de la tierra.

Por supuesto, también los eligió como canal mediante el cual vendría el Mesías. Jesús mismo repitió la declaración del Antiguo Testamento a la mujer Samaritana: “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22b).

Algunos preguntarían: “¿Por qué hemos de preocuparnos con esta historia vetusta sobre un pueblo que vivió hace miles de años, una historia que no tiene ninguna relevancia sobre nosotros en este día?”. A eso, el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento diría: “Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros” (1 Corintios 10:11a). Nos vemos retratados en el Antiguo Testamento. Los problemas que presenta son los mismos a los que nos enfrentamos hoy en día.