El cristiano en el mundo

Fíjate cómo caminas

Autor: Ray C. Stedman

Hemos estado examinando juntos el gran pasaje en Efesios donde el apóstol Pablo está tratando con la preparación del cristiano para vivir en una sociedad enferma. Hemos visto que los problemas que los cristianos del primer siglo enfrentaban eran los mismos problemas que enfrentamos hoy, y el mundo en el cual vivían era esencialmente el mundo en el cual nosotros vivimos. Llegamos ahora al pasaje de resumen sobre este tema:

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. (Efesios 5:15-20)

Este pasaje tiene la naturaleza de un resumen. El apóstol está describiendo cómo caminar simplemente como una figura, un símbolo, de cómo vivir. Este pasaje comenzó en el capítulo 4, versículo 17, con la admonición del apóstol de no vivir ya como lo hacen los gentiles. Entonces describe cómo es eso y continúa exhortando, más bien, a que los cristianos vivan como se les ha enseñado a vivir en Cristo, eso es, a despojarse de la vieja naturaleza y vestirse de la nueva. Ese simple proceso de despojarse y vestirse es lo que el apóstol quiere decir con caminar. Todo el mundo sabe que el caminar consiste en dos pasos repetidos una y otra vez. Nunca das más de dos pasos al caminar, una pierna delante y después la otra pierna. Pero haz eso una y otra vez y estás caminando. Este es un símil acertado de cómo vivir la vida cristiana. Hemos de estar continuamente despojándonos de lo viejo y vistiéndonos de lo nuevo. De eso se trata el vivir cristiano.

Ahora, como ya hemos visto, ya ha ahondado en detalle sobre esto. Nos ha enseñado algo de la aplicación práctica de este proceso en varias situaciones normales y esperadas de la vida. Ya ha lidiado con algunos de los grandes asuntos de su tiempo y el nuestro, especialmente en el asunto de la moralidad sexual, la cual hemos estado examinando en los últimos mensajes. Ahora resume esto para nosotros en un intento de poner énfasis sobre las cosas supremas. Comienza con una declaración que dice todo: “Mirad, pues, con diligencia como andéis”. Esa es la cosa suprema, no a dónde caminas, sino cómo caminas. A dónde caminas es un problema relativamente simple, pero cómo estás aplicando este principio en cada momento de tu vida, eso es lo que es importante.

Anoche conduje desde el condado de Mendocino a través de la carretera de Redwood. No tuve ningún problema sabiendo a donde debía conducir. La carretera estaba bien marcada, sabía a donde iba, y había muy poco peligro de perderme. Pero cómo conducir, ese era el problema que se repetía constantemente: cómo relacionar los principios de la buena conducción a cada situación cambiante a lo largo de la carretera. Observa a un hombre caminando sobre una cuerda floja, y no tiene ninguna preocupación sobre a dónde se espera que camine; la cuerda está ahí. Pero el cómo es el problema. Esta es, pues, la exhortación del apóstol aquí: “Observa cuidadosamente cómo caminas”. Entonces continúa dándonos dos características de que consta el caminar correcta y precisamente. Podemos reunirlas alrededor de dos maravillosas palabras que describen la vida cristiana. La primera es con entendimiento, y la segunda es sobreabundantemente. Camina con discernimiento, y después, sobreabundantemente. Al desarrollar esto, verás cómo estas palabras describen lo que está diciendo.

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. (Efesios 5:15-17)

Primero, camina con entendimiento. Bueno, ¿entendiendo qué? Comprendiendo el carácter de la vida. Pablo lidia aquí con un problema que es personal y presente con todos nosotros. Está tratando con el asunto de los tiempos en lo que vivimos y dice: “Entended esto, sed sabios; no seáis insensatos sino actuad como un hombre sabio”. ¿Cómo? ¡Al aprovechar al máximo el tiempo, porque los días son malos!

Ahora bien, eso está presentándonos un principio que muy pocos cristianos parecen realmente entender en el vivir práctico. Lo que está diciendo aquí, esencialmente, es que los días malos crean oportunidades, y, por tanto, entendiendo esto, debemos aprovechar al máximo esas oportunidades que son creadas por los días malos. La palabra para “aprovechar bien” es una palabra que es utilizada en el Nuevo Testamento para redimir. Significa “acaparar”. Es una palabra de mercado. Vas a tu supermercado y buscas rebajas porque sabes que no durarán; están pasando, cambiando. Por lo tanto, aprovéchalas y acapáralas. Esto es exactamente la palabra que emplea aquí. Acapara las oportunidades que son creadas constantemente por los días malos.

¡Esto está a años luz de la perspectiva que muchos cristianos tienen de los días malos! La mayoría de nosotros consideramos los malos días como obstáculos, como circunstancias de derrota, como presiones que tienden a hacernos incapaces de ser cristianos. Recientemente, en una conferencia cristiana, hablé sobre ciertas relaciones dentro del hogar cristiano. Después de un mensaje sobre lo que cada esposa debería de saber, una mujer se acercó a mí y dijo: “¿Qué es lo que usted haría si, como una esposa, quisieras hacer lo correcto, y sabes lo que es lo correcto, y quieres ser una buena esposa, pero simplemente no puedes hacerlo porque tu marido no te deja? ¿Lo hace tan difícil que simplemente no puedes hacerlo?”. La mire a los ojos y le dije: “Te estás engañando a ti misma. La Palabra de Dios dice que puedes ser lo que Dios quiere que seas, sin importar lo que sea cualquier persona a tu alrededor. De hecho, es nuestra responsabilidad ser lo que debiéramos de ser sin importar lo que sean otros a nuestro alrededor. No podemos echarle la culpa a lo que otros nos hacen como una excusa para no ser lo que debiéramos de ser”.

Eso es exactamente lo que el apóstol está diciendo aquí. No hemos de ser insensatos, sino sabios, aprovechando al máximo la oportunidad, porque la situación a nuestro alrededor, que aparentemente está en contra de nosotros, está realmente haciendo posible la oportunidad. Si no estamos bajo presión, ¿cómo podrías manifestar la abrumadora gracia de Dios? Si no pasas por pruebas, ¿cómo podrías jamás enseñar que Él es suficiente para cada prueba? Si no estamos siempre necesitando pedirle ayuda, ¿cómo sabríamos que nunca podemos llegar a tocar fondo en los recursos que están en Cristo? Son los días malos los que crean estas oportunidades. Ahora, ya lo sé, si hubieras estado en Éfeso en el tiempo en el que Pablo escribió esta carta, y le dijeras a la gente de esa próspera ciudad, con su gran actividad comercial y su abundancia material: “¿No son estos días malos?”, se hubieran reído de ti. Te hubieran dicho: “Nunca hemos tenido tanta abundancia. ¿Días malos? Estos son los mejores días que hemos tenido”. Pero el apóstol está hablando la realidad. Está diciendo que cuando la prosperidad material abunda, las comodidades están en todas partes, y vives en una sociedad rica, entonces se está ejerciendo una tremenda presión para anular los verdaderos valores de la vida. El espíritu a menudo está hambriento, vacío y hueco. Esta es la explicación para el hecho de que, en nuestra propia sociedad rica, encontramos tantos que están experimentando vacío interior. Estos son días malos, no sólo a causa de los extendidos temores y la tensión y la violencia, sino también a causa del materialismo que crea tal falsedad y vacío interior. ¿Pero cuál es el resultado? Son los días malos los que hacen que la gente quiera saber la verdad sobre Dios. Son los días malos los que nos dan la oportunidad de demostrar la vida cristiana. Por lo tanto, acapara las oportunidades. Entiende, al observar la vida, que es así la vida.

Estas dificultades no vienen para complicarte la vida, vienen para hacerte avanzar. Por lo tanto, considéralas de esa forma. No las consideres como circunstancias extrañas e inusuales que solo tú debes de padecer, mientras que todo el mundo tiene una vida fácil y está pasando un tiempo encantador. No sientas que sólo tú estás siendo llamado a ser un mártir y debes pasar por circunstancias difíciles e inusuales y vivir con gente horrible. No, no. Pedro dice: “Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera” (1 Pedro 4:12). Oh, no, estas están diseñadas con un fin. Nunca podríamos demostrar lo que es ser un cristiano si no fuera por los días malos. Por lo tanto entiende esto. No seas insensato; no te vengues y te quejes y te irrites a causa de los problemas. Entiende esto. Esa es la primera cosa importante sobre vivir la vida: caminar con comprensión.

La segunda cosa es: “no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Es decir, estad conscientes de lo que Dios quiere en cada situación. Bien, casi siempre, cuando uno usa la frase “la voluntad del Señor”, la mayoría de la gente, incluso la mayoría de los cristianos, entiende esto en términos de dirección. Piensan que te estás refiriendo a lo que debes hacer a continuación, donde deberías vivir, que trabajo debieras tener, con quien debieras casarte, o cómo decidir sobre un problema que está frente a ti. Pero la dirección no es el problema mayor ni el factor mayor en entender la voluntad del Señor. Dios no está tan interesado en lo que haces sino más bien en lo que eres. Por lo tanto, la voluntad del Señor no está interesada primariamente en lo que haces. Ese es un asunto bastante simple. Una vez que arreglas el asunto real, lo que haces es relativamente insignificante y puede ser manejado muy fácilmente. Lo que eres, esa es la cosa importante, lo que eres en cada situación. Es de esto de lo que está hablando el apóstol.

Al pensar sobre tu vida (no tan solo tu vida en la iglesia, sino tu vida en casa, en tu negocio, en el trabajo, en la relación con los amigos que se juntan contigo o la multitud con la que vas, tu vida social), entiende qué es lo que Dios quiere en esa situación.

En el versículo 10, el apóstol dice: “comprobando lo que es agradable al Señor”. Esa es la misma cosa que comprender lo que es la voluntad del Señor. Aprende lo que es agradable al Señor. Bueno, ¿qué es agradable al Señor? Sólo una cosa: ¡Fe! “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Fe es creer a Dios, creer lo que dice sobre la vida, creer lo que dice sobre la gente, sobre ti mismo, sobre la necesidad de la gente, analizando y entendiendo lo que está ocurriendo alrededor de ti en términos de los que las Escrituras han revelado; eso es la fe: actuando sobre esa base. Es a esto a lo que el apóstol se está refiriendo: no intentando conseguir dirección en cuanto a donde debes de ir a continuación o lo que deberías de hacer o cuál debería de ser tu trabajo, sino acordándote en cada situación que debes de actuar en base a lo que la Palabra de Dios dice sobre ello; reflejando el punto de vista de Dios, Su análisis de lo que la necesidad de la vida humana es, Su evaluación de lo que los grandes valores de la vida son. Actuando en fe significa el rechazar la imagen de éxito que el mundo está constantemente mostrándonos, la imagen del hombre que es capaz de manipular a la gente, moverlos a su orden y, por tanto, ganar riquezas para sí mismo y todo lo demás que quiera. Esa es la evaluación del mundo. Pero Dios es bastante diferente. Él dice que puedes tener todas estas cosas y todavía ser un individuo asolado por la pobreza. Si vas a medir la vida por sus verdaderos valores, entenderás que aquello que realmente cuenta es ser una persona amable, llena de amor en medio de circunstancias desafiantes, manifestando la gracia de Dios hacia otros, el amor de Cristo, la compasión y la dulzura y el control propio. He aquí una cita muy acertada de Keith Miller, tomada de su libro, El sabor del vino nuevo. Ayuda tremendamente a ilustrar lo que estoy buscando decir:

Nunca ha cesado de maravillarme que nosotros los cristianos hemos desarrollado un tipo de visión selectiva que nos permite estar profunda y sinceramente involucrados en alabanza y actividades de la iglesia y, sin embargo, ser casi totalmente paganos a diario en nuestras vidas de negocio… y nunca darnos cuenta de ello.

¿Qué es lo que eso está diciendo? Está diciendo que vivimos por fe los domingos y en asuntos religiosos, pero no lo aplicamos a los negocios ni a nuestras relaciones con nuestros vecinos o nuestros hijos o nuestros hogares. Tenemos una extraña dicotomía de visión que divide la vida y dice que en los negocios actuamos de una forma y con unos principios bastante diferentes de como lo hacemos en la iglesia o en relación a los cristianos. Continúa:

Sigmund Freud ha dicho, muy perceptivamente, pienso, en su Introducción general al psicoanálisis, que estas áreas inalteradas en nuestras vidas son como parques vallados que los concejales de la ciudad en grandes áreas metropolitanas permiten que crezcan silvestres, como siempre lo han hecho, para que los ciudadanos tengan un pequeño pedazo de la vieja vida por la que deambular para acordarse de cómo era.

¡En el caso de demasiados de nosotros, estos no son pequeños parques, son como parques Golden Gate que ocupan la mayor parte de la ciudad y en los cuales todavía vivimos la mayor parte del tiempo! Pablo está diciendo: no seáis insensatos, esa es la forma en la que viven los gentiles; esa es la forma en la que el mundo que no es cristiano vive, tragándose ciegamente las evaluaciones y los códigos morales que son propagados y aceptados por todo el mundo, sin comprobar si son genuinos o no. Esta palabra “insensato” es la misma palabra que Pablo utiliza en su carta a los gálatas: “¡Gálatas insensatos!” (Gálatas 3:1a). (O como dice una versión: “¡Gálatas estúpidos!”. “Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar por la carne?” (Gálatas 3:3b). ¿Entendiste que habías de comenzar tu vida cristiana creyendo en Dios por fe, pero ahora vas a intentar vivirla al aceptar los principios del mundo alrededor de ti y su forma de pensar, y por tanto tener éxito? ¡Oh, gálatas insensatos! Nunca funcionará. No seas insensato, sino entiende que en cada situación, día o noche, veinticuatro horas al día, Dios espera que tengas fe. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).

Si estás intentando vivir tu vida como cristiano amoldándote al carácter general de aquellos a tu alrededor, no estás viviendo por fe. Incluso aunque estés intentando lo mejor que puedas arreglar las cosas con las mejores intenciones de tu parte, y sientes que estás haciendo lo mejor en intentar analizar cada situación y planear de antemano e intentar tener la mejor ventaja, no estás agradando a Dios. Tu vida está fallando el blanco totalmente. La vida que le place es la vida que cree lo que dice y actúa sobre ello. Mira más allá de lo inmediato a las cosas eternas; mira más allá de lo visible a lo invisible y camina en la luz de aquello que es real. Eso es lo que quiere decir nuestro apóstol. Ve con cuidado como caminas. Camina de forma inteligente, con discernimiento. Como cristiano tienes inmensas ventajas sobre cualquier otra persona que no es cristiana, porque tú sabes la verdad, la verdad como es en Jesús, la realidad básica y fundamental de la vida. Camina de esa forma. Ahora la segunda palabra que da tiene que ver con nuestros recursos. Lo he expresado con esta palabra, sobreabundantemente. Vive la vida, no sólo con comprensión, sino sobreabundantemente. Dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu Santo”. Es interesante que ponga esas dos cosas en contraste, una a la otra. “No os embriaguéis con vino”, dice. Eso reconoce que hay cosas en la vida que tienden a llevarte a beber. Hay presiones en la vida; se te hacen demandas tan severas que te harán sentir la necesidad de alguna estimulación, algo que te apoye un poquito, que te dé un poco de confianza en ti mismo y te ayude y te fortalezca. Pero no dejes que sea vino o cualquier otro estimulante artificial porque, dice, hay problemas con eso; tan fácilmente lleva a una falta de control. La palabra aquí traducida “disolución” en nuestra Biblia es la palabra griega asotia, que significa “sin ningún límite, con abandono imprudente”. Se refiere al escapismo y a la tendencia a deshacernos de toda restricción y vivir sin control.

Pero en contraste a eso dice: satisfaz tu necesidad de algo para estimularte y fortalecerte siendo llenos del Espíritu, ya que esa es la provisión de Dios para esta necesidad de la vida humana. No hace falta sentirse avergonzado por el sentimiento de necesidad. No fuimos hechos para ser autosuficientes, criaturas independientes. Fuimos hechos para tener un sentimiento de necesidad. No te preocupes porque sientas que necesitas algo que te ayude, que te fortalezca, que te haga sentir adecuado para enfrentarte a la vida. Necesitas algo. Pero no te tragues ninguna de esas mentiras sin sentido que están a todo nuestro alrededor hoy de que puedes ser independiente y autosuficiente y tener todo en ti mismo y que no necesitas nada más. Sí, necesitas algo. Ah, pero que sea la cosa apropiada: “sed llenos del Espíritu”.

Ahora aquí presenta el gran secreto del cristianismo real: la posibilidad de ser llenados con el Espíritu. Estoy seguro que todos ustedes saben que cuando convirtieron cristianos, cuando creyeron en Jesucristo y le recibieron como Señor, el Espíritu Santo vino a vivir en ustedes. Tienen el Espíritu, pero la paradoja interesante es que, aunque todos los cristianos tienen el Espíritu Santo, constantemente necesitamos ser llenos del Espíritu Santo. El ser lleno del Espíritu es el tomar momentáneamente de Él los recursos que necesitas para la situación en la cual estás. No tiene nada que ver con una experiencia, o con un sentimiento o una crisis; es el beber una y otra vez del suministro interior de fuerza.

Nuestro Señor Jesús lo dijo bellamente cuando se sentó en el pozo en Samaria, polvoriento y cansado después de haber estado andando todo el día. Una mujer vino a tomar agua del pozo y Él le dijo: “Dame de beber” (Juan 4:9). Esto era contrario a las costumbres aceptadas del día. Jesús dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10). Ella dijo: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?” (Juan 4:11). Habiendo despertado su curiosidad, ahora dice lo que quizás sea la cosa más reveladora que jamás se haya dicho en el oído de la humanidad, hablado a una mujer solitaria junto al pozo en Samaria: “Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed” (Juan 4:13), es decir, tendrás que volver al pozo una y otra vez. Sabes cómo es eso; todos los días debía ir al pozo y después de vuelta a casa. Debes volver una y otra vez, “pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14). Las palabras claves son dos pequeñas palabras “en él”. El pozo, dice, ya no va a estar fuera de ti, para que tengas que ir a algún otro sitio, sino que estará en ti.

Esto es una verdad, de nuevo, que muchos cristianos parecen perderse. Piensan que el cristianismo significa venir a la iglesia, conseguir una bendición, y entonces irse a intentar vivir en la luz y la calidez de la bendición hasta que se agote, y entonces deban volver y llenarse de nuevo. Pero eso no es el cristianismo. El pozo ha de estar en ti, y has de tomar de él en cualquier momento, todo el tiempo. El Espíritu Santo es el pozo. Cuando Jesús dijo del hombre que bebe de Él: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva” (Juan 7:38), Juan dice: “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él” (Juan 7:39a). Eso es el fortalecimiento que viene desde dentro, y hay bastante ahí para cualquier situación. Hay recursos adecuados para cualquier demanda que se te presente.

No estoy hablando ahora sobre las demandas religiosas. Estoy hablando sobre mañana por la mañana cuando estés trabajando y suene el teléfono, y tu jefe esté en línea y te esté pidiendo que hagas algo difícil. Justo entonces tu lápiz se rompe, y descubres que alguien ha perdido todos tus papeles, y no puedes encontrar nada, y ya tienes un dolor de cabeza, y las cosas no están saliendo bien. Ese es el momento cuando reclamas al Espíritu Santo, el pozo de agua viva que está dentro de ti.

Nuestro problema es que todavía estamos viviendo en base a lo que esa mujer en el pozo hacía, pensando que debía ir a una reunión para conseguir algo de Dios. Sentimos que a menos que estemos leyendo nuestras Biblias no podemos tomar de sus recursos. O que si no estamos con amistades cristianas en un ambiente cristiano, no podemos vivir la vida cristiana. No, no, Pablo dice que la vida ha de ser vivida constantemente con el reconocimiento de que esas demandas y presiones vienen todo el tiempo. No intentes cumplirlas con medios artificiales, con alcohol o tranquilizantes o con más sustitutos modernos, sino cúmplelas al ser lleno del Espíritu, recurriendo al pozo que está en ti, el cual va contigo a todas partes a donde vas. Bebe de él. Las señales de que lo haces se evidenciarán por lo siguiente; da tres cosas que resultarán:

… hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. (Efesios 5:19-20)

Fíjate en los tres verbos ahí: hablando entre vosotros, luego cantando y dando gracias. Esas son las marcas de uno que está tomando a cada momento del pozo del Espíritu dentro de sí: “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales”. Tenemos más ayuda si miramos el pasaje paralelo en Colosenses: “La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros. Enseñaos y exhortaos unos a otros con toda sabiduría” (Colosenses 3:16a). En otras palabras, una señal de la vida que está llena del Espíritu es que estarás hablando sobre lo que has leído en las Escrituras, lo que el Señor te ha enseñado de Su Palabra. Hablaréis los unos con los otros sobre estas cosas que Dios os ha enseñado en la Palabra y cómo relacionarlas con la vida. Esa es la primera señal.

Ahora bien, si no tienes amor por la Biblia, no intentes sacarlo de dentro de ti mismo; no intentes forzarte a ti mismo. Bebe del pozo del Espíritu, porque el amar la Biblia es una manifestación de algo que está ocurriendo dentro de ti. Le damos la vuelta a todo el proceso y ponemos el carro delante del caballo al intentar sacar de dentro de nosotros mismos el amor por el estudio de la Biblia. Aprende primero a tomar de Su fuerza dentro de ti. Créete que está ahí y depende de Él para que Él obre por medio de ti.

La segunda cosa es: “cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”. Pues estoy seguro que eso significa de hecho cantando, pero estoy agradecido que el apóstol dice: “en vuestros corazones”, cantando desde el corazón. Tengo una gran dificultad cantando con la voz. ¡Solía cantar en un coro hasta que un día falté y alguien pensó que habían arreglado el órgano! Pero puedo cantar desde el corazón bellamente. Sabes lo que esto significa, ese burbujeo interior que significa que no importa lo malas que sean las cosas en el exterior, en el interior son maravillosas. Sabes que Dios está en control y Él está arreglando las cosas, y no puedes estar preocupado aunque todas las cosas estén mal en el exterior.

Tercero: dando gracias. Fíjate como lo dice: “dando siempre gracias por todo”. Bueno, si tomamos eso literalmente, descubriremos que eso elimina cada actitud de queja y murmuración.

Me acuerdo que cuando estaba en la Marina comíamos en la cantina. Me acuerdo de haberme sentado con un amigo cristiano, y al otro lado de la mesa había un intendente que era un hombre corpulento que era un pagano completo, con una de las bocas más sucias que jamás he escuchado; eso no es extraño en la Marina. Como siempre hacíamos, inclinamos las cabezas y dimos gracias por la comida. Ocurrió que a mi amigo no le gustó la comida y comenzó a quejarse sobre ella. De pronto este compañero al otro lado de la mesa dijo: “Mira, ¿no acabas de dar gracias por eso? ¡Entonces cómetelo y cállate!”. Esta era una observación oportuna. No puedes dar gracias y quejarte al mismo tiempo. La palabra a nosotros es: “en todo dad gracias”.

Bueno, ¿por qué dice eso? ¿De seguro que no significa en todo? Pero sí significa en todo, a causa de lo que acaba de decir aquí. La voluntad del Señor es que seamos puestos en situaciones difíciles y circunstancias desagradables para que podamos tener la oportunidad de manifestar la vida de Jesucristo. Por lo tanto, no te quejes de ello. Da gracias, porque te hará algo que nada más puede hacer. Esto es lo que Pablo nos dice en 2ª de Corintios: “pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17). También: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11). Dios tiene un propósito en todas estas cosas. Por lo tanto, da gracias en todas las cosas.

El Señor Jesús mismo hizo exactamente eso. En Mateo 11, vemos a Jesús enfrentándose a la cruz y enfrentándose al fracaso de su ministerio. No sé si alguna vez has pensado de ello en esa forma, pero su ministerio terrenal era, en cuanto a los patrones humanos, un fracaso total para el tiempo en que llegó a la cruz. En el capítulo 11 de Mateo, está enfrentado con la incredulidad y las preguntas de Juan el Bautista. Ahí declara que cuando predicó fue rechazado y los hijos de Israel se negaron a creerle. Reprende a las ciudades donde se hicieron las mayores obras y les dice que están en peligro de juicio a causa de esto. Entonces, en el versículo 25, las Escrituras dicen:

En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”. (Mateo 11:25-26)

Eso es, a pesar de todo el fracaso y la oposición, el Señor podía decir: “Te doy las gracias, Padre, porque nadie puede ver lo que estás haciendo. Has escondido esto de los sabios y de aquellos que entienden, pero puedo dar gracias, ya que es tu amable voluntad”. Eso es lo que es entender la voluntad del Señor. Es el dar gracias en todas las circunstancias.

Oración:

Padre nuestro, pedimos que nos enseñes a tomar del pozo del agua interior, que sepamos que cada demanda hecha sobre nosotros es una demanda hecha sobre ti, y que estás preparado para vivir tu vida por medio de nosotros en cada situación y, por tanto, manifestar Tu gracia. Te damos las gracias en el nombre de Cristo. Amén.