El cristiano en el mundo

¿Nueva moralidad o vieja ingenuidad? Parte 1

Autor: Ray C. Stedman

Uno de los asuntos apremiantes de nuestros días es la moralidad sexual. Un entrenador de una universidad en un colegio cristiano me contó no hace mucho tiempo de un hombre joven en su escuela que dijo: “Seguiré las reglas de la escuela en casi todo, pero nadie va a decirme lo que debo hacer con mi vida sexual”. En el pasado ese tipo de actitud hubiera sido una excepción, pero hoy es casi universal. Incluso las iglesias hoy en día están defendiendo lo que se llama la “nueva moralidad”, la idea de que lo que antes era considerado como mala conducta debe ser tolerado e incluso, en algunos casos, ser directamente aprobado por las autoridades religiosas.

Sin embargo, es profundamente significativo que el mismo problema surgiera en el primer siglo en medio de condiciones sorprendentemente similares a las que prevalecen hoy en día. Escucha este conocido pasaje de Romanos 1, una descripción del primer siglo de la vida en el imperio romano:

Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas, pues aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Del mismo modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no deben. Están atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y perversidades. Son murmuradores, calumniadores, enemigos de Dios, injuriosos, soberbios, vanidosos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia. Esos, aunque conocen el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. (Romanos 1:26-32)

Eso suena actual, ¿no es así? Eso podía haber sido escrito en esta década del siglo veinte. Está tan al día como los periódicos de mañana por la mañana. Frente a este hecho me gustaría preguntar: “¿Dónde está todo nuestro progreso tan aclamado del siglo XX?”. Si este documento del primer siglo puede describir tan precisamente lo que es la vida en el siglo XX, ¿entonces dónde está el progreso que decimos que hemos estado haciendo? ¿Qué ocurre con la declaración de que la educación apropiada curará situaciones como estas? ¿Por qué es que después de dos mil años de investigación, y de incremento en la sabiduría humana, estas situaciones están tan descontroladas como lo estaban en el pasado? Y no solo descontroladas entre la gente pobre e inculta, lo que llamamos las clases menos favorecidas, sino que están igual de descontroladas entre la gente refinada, los privilegiados, y entre aquellos que tienen un alto nivel de educación. Con esas preguntas sonando en nuestros oídos, volvamos al enfoque que Pablo hace sobre este tema en Efesios 5: el problema de la inmoralidad sexual. Leeré el pasaje completo para que podamos compararlo con la descripción que acabo de leer de Romanos 1, y para que podamos ver cómo de diametralmente opuesta es la posición cristiana:

Pero fornicación y toda impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. Tampoco digáis palabras deshonestas, ni necedades, ni groserías que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Sabéis esto, que ningún fornicario o inmundo o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.

Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos, porque en otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas, porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas, porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. (Efesios 5:3-14)

El apóstol está declarando aquí la absoluta incompatibilidad de la laxitud sexual con la fe cristiana. No pueden mezclarse los dos. El apóstol no se muerde la lengua en este pasaje. Aquí tenemos la verdad como es en Jesús, o sea la realidad de las cosas como son. Esto es una ampliación por el apóstol de las enseñanzas del Señor Jesús mismo. Acuérdate de eso, en el sermón del monte Jesús enseñó que el adulterio y la fornicación eran malvados. Incluso el ojo que se siente atraído o la mano que está implicada deberían ser cortados (en un sentido figurado), no sea que nos lleven a la maldad. Incluso el pensamiento, dice, que lleva a estas actividades, está mal. Pablo está simplemente ampliando esta enseñanza de nuestro Señor. La intención de Dios para el hombre es o el matrimonio, con una completa fidelidad al esposo o esposa, o la abstinencia total del sexo. La Biblia no permite ninguna desviación de esto. Deja claro que esta es la posición del cristiano: nada más, nada menos.

Bien, aquí Pablo enseña por qué esto debe ser así. Este es uno de los pasajes más útiles en toda la Biblia para habilitarnos a encontrar nuestro rumbo en medio del pensamiento confundido y embrollado que existe hoy en esta área de la moralidad sexual. Aquí el apóstol nos da cinco razones reveladoras y consistentemente lógicas de por qué la laxitud sexual es completamente incompatible con un testimonio cristiano. Las examinaremos una por una. No intentaré cubrirlas todas en un solo mensaje, pero hagamos un comienzo. La primera de estas razones nos es dada en el versículo 3:

Pero fornicación y toda impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. (Efesios 5:3)

Aquí está diciendo que la disolución sexual es incompatible con el cristianismo porque está contaminando y degradando al ser humano. Mira los términos que utiliza para definir lo que llamamos, en general, la laxitud sexual: Inmoralidad; ese es el uso más común y extendido en la Biblia para cualquier tipo de mala conducta sexual. Es el término utilizado con más frecuencia para la mala conducta sexual. La impureza es literalmente “suciedad” y se refiere a cualquier cosa que está podrida o sucia o es obscena. “Toda impureza”, dice. La palabra avaricia frecuentemente se refiere a la avaricia en cuanto al dinero, pero aquí se refiere a la avaricia en cuanto al cuerpo de otra persona. Quizás una mejor traducción fuera pasión o lujuria. Se explica en relación con eso en el versículo 5, donde se refiere a “avaro, que es idólatra”. Uno que hace un ídolo del cuerpo de otra persona, esa es la idea. Todo esto lo juntaremos bajo el término “laxitud sexual”. Notarás que a los santos se les prohíbe incluso mencionar estas cosas. No son solo las acciones las que están prohibidas, sino también hablar sobre ellas.

Todos estos términos, por supuesto, se refieren al sexo fuera del matrimonio. Nunca hay prohibiciones en contra de deliberar sobre sexo. La Biblia nunca condena eso. Son las distorsiones del sexo las que están prohibidas. Se nos dice que no debemos hablar de ellas ni discutirlas en conversación general, pero nunca se nos dice que no debamos de mencionar o deliberar sobre sexo. El concepto pervertido de muchos sobre el cristianismo es que prohíbe incluso el debate sobre el sexo, pero cualquiera que haya leído la Biblia sabe que lo aborda de la forma más abierta, y nunca autoriza la mojigatería victoriana sobre ello. La Biblia revela el hecho de que las facultades sexuales son dadas por Dios. A Dios le gusta el sexo. Él lo diseñó. El hecho de que nuestros impulsos sexuales están entre los más poderosos en la vida humana es idea de Dios, no nuestra. Él nos hizo así; por lo tanto, tiene un propósito para ello. La Biblia se enfrenta a estos hechos. Nunca trata el sexo como algo deplorable o vergonzoso. El cristianismo, casi únicamente entre todas las grandes religiones del mundo, da el visto bueno al cuerpo plenamente. Nos dice que Dios entró en el tiempo en un cuerpo humano, un cuerpo completo con órganos sexuales, y no encuentra ninguna vergüenza o causa de vergüenza en ese hecho. La Biblia deja claro que dentro del matrimonio el sexo es bello, saludable y aprobado por Dios.

Pero la Biblia es igualmente clara en su declaración de que el sexo fuera del matrimonio es degradante y contaminante; es dañino para nuestra humanidad esencial. Las prohibiciones de Dios sobre el sexo, por lo tanto, no están diseñadas para mantenernos alejados de algo que es útil y bueno, sino para hacer posible algo que es útil y bueno. Han de mantenernos alejados de aquello que nos impediría disfrutar de lo mejor. El sexo fuera del matrimonio es tan perjudicial, de hecho, que, como deja claro el apóstol, incluso referencias casuales a ello entre cristianos pueden ser exacerbantes y peligrosas. La postura cristiana es exactamente lo que el apóstol Pablo dice aquí. Debemos despojarnos incluso del deseo de hablar sobre los detalles sórdidos, sensacionalistas de estas acciones equivocadas.

Ahora, esta declaración fue hecha en un tiempo cuando el desenfreno sexual estaba incluso más extensamente tolerado y aceptado de lo que lo está hoy en día. En esta misma ciudad de Éfeso, a la cual esta carta está dirigida, había un templo a una diosa pagana, la adoración a la cual se hacía posible a través de una multitud de jóvenes sacerdotes y sacerdotisas que daban sus cuerpos a cualquiera que pudiera pagar el precio, como un acto de adoración. Toda la ciudad aceptaba las relaciones sexuales como un acto de adoración y lo consideraban como algo normal y apropiado, incluso algo religioso, un signo de devoción. Eso estaba ocurriendo en esta ciudad de Éfeso. Con ese tipo de tolerancia consideraban estas cosas. Sin embargo, para estos cristianos, viviendo en tal entorno, el apóstol dirige esta amonestación:

Pero fornicación y toda impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. (Efesios 5:3)

Esa orden a los cristianos debe de haber sido todavía menos realista e imposible de cumplirse para los paganos de Éfeso de lo que es para los americanos hoy. Pero ahí está. Bueno, ¿por qué está ahí? No porque, como se nos dice a menudo, el cristianismo es negativo y mojigato. Nunca es eso. Toda la Escritura completa está escrita para el bienestar del hombre. El propósito completo de decirnos la verdad es que podamos entrar plenamente a la vida. Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b). Ya hemos visto que el cristianismo no es negativo sobre el sexo.

Bueno, entonces, ¿por qué está este pasaje aquí? Es porque, como dice Pablo, la ausencia de este tipo de actividad y de este tipo de conversación entre los cristianos conviene entre los santos. La palabra que escoge es una palabra que significa “favorecedora”, “íntegra”, “atractiva”, “refrescante”. ¿Quién de nosotros no ha tenido una experiencia de ser expuesto, o deliberadamente o involuntariamente, a algo sucio, obsceno, o inapropiado en los asuntos sexuales, y viniendo de esa experiencia sentirse sucio e inmoral? Qué cosa tan refrescante ha sido estar en compañía de gente que habla de cosas sanas. Su tiempo y conversación está llena de aquello que es íntegro, sano y refrescante. Eso es lo que quiere decir el apóstol. En consecuencia, por supuesto, permitirse la conversación inapropiada es moralmente malsano, impropio, feo, degradante, contaminante.

Esa es una idea que está siendo directamente cuestionada en nuestros días. Se nos está diciendo hoy en día que todo sexo es bello y natural, que es de la misma clase que cualquiera de los otros deseos y ansias de nuestro cuerpo; por lo tanto, deberíamos sentirnos libres de satisfacerlo tan abiertamente como cualquiera de nuestras otras necesidades corporales, sin vergüenza y sin disculpa. Somos sometidos a un torrente continuo de propaganda que conecta los actos sexuales con la idea de integridad, naturalidad, sinceridad, juventud y vitalidad. Por lo tanto, nos dicen que podemos llevar a cabo el acto sexual con quien queramos y cuando sea que encontremos que es mutuamente aceptable. La única cosa mala en ello, se nos está diciendo, es si lo forzamos de cualquier forma sobre otra persona. Pero mientras que sea mutuamente aceptado, está bien. Esa es la propaganda de nuestros días.

Bueno, esta idea de que el sexo, todo sexo, cualquier sexo, es natural y bello es una mentira. Nunca fue verdad. Como todas las mentiras poderosas, deriva su fuerza de estar basada en una verdad parcial. Es cierto que el sexo es un deseo natural. Es cierto que el sexo está relacionado con nuestro cuerpo físico, así como el hambre o la sed, o la necesidad de orinar, o de dormir, o cualquier otra necesidad física. Pero lo que nunca se dice es que estas otras necesidades también requieren regulación y control. No nos permitimos estas cosas a voluntad, en cualquier momento, en cualquier sitio. No comemos de cualquier forma que elijamos. No nos sentamos a la mesa y comenzamos a agarrar la comida con las manos y nos la metemos en la boca; aprendemos a comer con un cuchillo y un tenedor para no ser desagradables. Aprendemos a regular nuestro apetito, y controlamos incluso la forma en la que comemos así como lo que comemos. No dormimos cuando nos place, aunque estemos realmente cansados. (¡Algunos de ustedes puede que estén controlando ese instinto justo ahora mismo!) Y aunque vemos muchos letreros y manifestantes demandando el derecho a la libertad sexual, nunca vemos a gente organizando manifestaciones por el derecho a orinar en público, o en cualquier momento que quieran. Incluso insistimos en que nuestros perritos y gatitos aprendan a controlar esa necesidad también.

Por lo tanto, precisamente porque el sexo es como nuestras otras necesidades naturales, porque no es algo de lo que haya que avergonzarse, entonces, como estas otras necesidades naturales, requiere regulación y control. ¡Y la regulación planeada del sexo es el matrimonio! Eso es lo que dice la Biblia. El matrimonio es la forma de regular el sexo para que sea bueno, sano y beneficioso. Cualquier otra cosa se convierte en un quebrantamiento, no solo de la decencia en la sociedad cristiana, sino de la esencia de lo humano también. Una cosa es claramente verdadera: El sexo es obviamente mucho más complicado que cualquiera de las otras necesidades naturales. Requiere un compañero/a, lo que no necesita ninguna otra de las otras necesidades. Y no es sólo una unión física, sino una unión psicológica, que es la más importante de las dos.

Todo lo que necesitas para demostrar esto es sentarte en una habitación donde se esté llevando a cabo consejería de matrimonio y escuchar las deprimentes historias, repetidas sin fin, de parejas casadas que experimentan una unión física pero nunca han sabido lo que significaba participar en una unión psicológica en el sexo. Sus vidas están vacías y estériles como resultado. El sexo es un proceso complicado, planeado para ser una unión total de dos seres, y sólo en un matrimonio es posible tal unión. No es meramente una unión física; es una unión primordialmente psicológica. Es el darse mutuamente de dos personas totalmente, en cuerpo, alma y espíritu, con todas sus posesiones, su nombre y todo lo que poseen. Sólo en el matrimonio es posible ese tipo de unión. C. S. Lewis dijo algo muy útil en cuanto a este tema:

La monstruosidad de las relaciones sexuales fuera del matrimonio es que aquellos que se permiten esto están intentando aislar un tipo de unión (la física) de todos los demás tipos de uniones que fueron planeadas para acompañarlas y así hacer una unión total. La actitud cristiana no significa que haya nada malo en el placer sexual, así como no hay nada malo en el placer de comer. Significa que no debes de aislar ese placer e intentar conseguirlo sólo así como no debes de conseguir el placer de saborear sin tragar o digerir, masticando las cosas y escupiéndolas.

C. S. Lewis continúa explicando que, hoy, nuestros instintos sexuales están horriblemente enardecidos y distorsionados, incluso en las mejores personas, a causa de la época en la que vivimos, y la producción de distorsiónes sexuales a las cuales hemos sido expuestos. Imagínate que tratáramos nuestras otras necesidades como hacemos con la necesidad sexual. Imagínate un país, dice, donde pudieras llenar un teatro trayendo un plato cubierto al escenario y lentamente levantar la cubierta para que todos vieran, antes de que las luces se apagarán de pronto, una chuleta de cordero o un poco de jamón. Imagínate a todos los espectadores excitados por la vista por un instante de comida expuesta ante ellos. ¿No pensarías que hay algo terriblemente mal con su apetito por la comida y que se ha vuelto extremadamente distorsionado? No hay nada de lo que avergonzarse en disfrutar de la comida, pero es vergonzoso que la comida sea tu interés principal en la vida, y que pases todo tu tiempo mirando fotos de comida en las revistas, relamiéndote y haciéndosete la boca agua con cada página.

El apóstol tiene más que decir sobre este carácter enardecedor de la maldad sexual en el próximo versículo. Pero antes de dejar esta aseveración que hace aquí, que todo el sexo fuera del matrimonio es denigrante y contaminante, mira un argumento más a fondo sugerido en este versículo: Fíjate que el versículo 3 es una continuación del pensamiento del versículo 2. Comienza con una conjunción, pero, y es realmente parte de la misma frase. Su pensamiento completo demanda que sean leídos juntos:

Y andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. (Efesios 5:2-3)

Esa conjunción adversativa pero pone todo en el versículo 3 en contraste al versículo 2. Lo que el apóstol está diciendo es que cualquier laxitud sexual es una agreción al amor. No podéis realmente amaros mutuamente y practicar el sexo con él o con ella fuera del matrimonio. Es imposible; son posturas mutuamente contradictorias.

Ahora, eso contraviene directamente una de las mayores disputas de la secta de la Nueva Moralidad de nuestro día. Dicen que las relaciones sexuales están justificadas mientras que el amor esté presente, que el verdadero amor lo hace todo bueno. Eso se oye en todas partes hoy en día. Pero, Pablo dice, eso es imposible. Si una persona realmente ama a otra, nunca practicaría el sexo fuera del matrimonio. El hacerlo heriría a la otra persona, porque el sexo fuera del matrimonio es incompleto, abortivo, no satisface, hiere. Por lo tanto, no puedes combinar los dos. No hay tal cosa como las relaciones sexuales fuera del matrimonio llevadas a cabo en amor.

El Dr. Henry Brandt dice: “El involucrarse sexualmente cortocircuita el juicio, y una de las más importantes decisiones de tu vida ―con quien te casarás― se hace bajo la presión de la decepción, el afecto parcial, o la implicación excesiva”. Cada psicólogo, psiquiatra o consejero matrimonial ha oído historias sin fin de lo que ocurrió cuando la gente joven, negándose a creer esto, piensa que porque los dos o tres primeros actos fueron tan maravillosos, y se sintieron tan bien, que no va a pasar nada, que nada va mal, y continúan para acabar con las inevitables consecuencias de los sentimientos heridos, el compromiso excesivo, la frustración y, a menudo, la impotencia en asuntos sexuales. Es fácil para un chico decirle a una chica que la ama. Pero si eso no se acompaña de un deseo de no hacerle ningún daño y una voluntad de ejercer un dominio propio hasta que se obtengan las condiciones apropiadas, entonces simplemente se está engañando a sí mismo y a ella. No la ama. Se ama a sí mismo, y quiere que ella satisfaga sus propios deseos. Es por eso que el sexo fuera del matrimonio es, como deja claro el apóstol, totalmente incompatible con el amor cristiano. El amor verdadero se interesa en el bienestar mutuo y desea no dañar de ninguna manera al otro individuo. Por lo tanto, la laxitud sexual y el amor son irreconciliables.

A veces oímos que es necesario el experimentar con el sexo antes del matrimonio para ver si el matrimonio funcionará o no. Este es otro argumento común de nuestros días. Pero, de nuevo, esto es una mentira. Equivoca la unión física del sexo como la cosa primordial en el matrimonio, lo cual, como ya hemos visto, no es el caso. La unión física no es la cosa más importante en el matrimonio de ningún modo. Segundo, es imposible probar el matrimonio de esa forma, porque las condiciones esenciales que forman el matrimonio no están ahí. Por lo tanto, es imposible saber si el matrimonio funcionará o no al formar una unión sexual antes del matrimonio. No demuestra nada. No tiene nada que ver. Como alguien bien ha sacado a relucir, es como intentar probar un paracaídas lanzándose de un edificio de 10 metros de alto. Este simplemente no es espacio suficiente para que el paracaídas funcione. La única forma de probar un paracaídas es subir y lanzarse desde un avión. Y la única forma de probar la función apropiada del sexo es casarse. El apóstol continúa demostrando otra razón para la incompatibilidad de la laxitud sexual y el cristianismo:

Tampoco digáis palabras deshonestas, ni necedades, ni groserías que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. (Efesios 5:4)

Eso es, la laxitud sexual es incompatible con la fe cristiana, porque incluso las palabras que llevan a ella son inconsistentes e inútiles. Dice que no convienen. En el versículo 3 había dicho: “ni aun se nombre entre vosotros”. Pero esta es una palabra distinta a la del versículo 3. La primera palabra significaba algo que era deshonroso, una cosa contaminante, como ya hemos visto. Esta palabra significa algo que es inconsistente, que es inapropiado, superfluo, inútil. O sea, el apóstol está esencialmente preguntando: ¿Qué ganan los cristianos con este tipo de exposición? ¿Qué puedes esperar ganar al leer literatura erótica o al ver películas escabrosas o discutir las perversiones sexuales o permitirte las historias sucias o los chistes de doble significado? ¿Qué puedes ganar con eso? La respuesta es: “Nada. Es inútil, un desperdicio. No aprendes nada de valor de este tipo de conversación”.

Aquí de nuevo, esto contradice uno de los argumentos comunes de nuestro día. Se nos está diciendo que si no exploramos estas distorsiones del sexo, que si no vemos películas eróticas, que si no entendemos lo que la gente está haciendo y por qué lo hacen, no podemos defendernos apropiadamente. No podemos entender lo que es el sexo y, por lo tanto, no podemos defendernos de estos abusos. Debemos exponernos, se nos dice. Debemos aprender lo que piensa el mundo. Debemos compartir sus opiniones hasta un cierto grado, para poder entender e incluso ayudar. Pero el apóstol directamente contradice eso. Dice que no es verdad. Esas cosas “no convienen”. No son apropiadas. Son inútiles. Son una pérdida de tiempo. No aprendes a evitar el desorden sexual al hablar sobre ello o al hacer chistes sobre ello, riéndote de ello, o exponiéndote a ello. Dice que esto es un callejón sin salida. Es una pérdida de tiempo y esfuerzo. Nunca aprendes la verdadera naturaleza del sexo al estudiar sus perversiones o sus distorsiones. Aprendes la verdadera naturaleza del sexo de la revelación de Dios. Ahí vemos cuál era la naturaleza planeada del sexo. Es ahí donde aprendemos la verdad, la verdad como es en Jesús. Alguien bien ha dicho: “La virtud, incluso el intento de virtud, trae luz, pero la indulgencia trae niebla”. La verdad de esto se manifiesta ampliamente en los tiempos en los que vivimos.

Cuando nos permitimos este tipo de conversación o este tipo de actividad, por medio de películas, libros y literatura procaz, entonces la libido que está diseñada para que su cauce se mantenga dentro de unos límites, para hacernos hombres y mujeres como Dios tenía la intención que fueran los hombres y las mujeres, se desborda fuera de sus límites, inunda sus orillas, y se convierte en una riada que anega todo el paisaje, en el cual nos encontramos continuamente sumergidos. Finalmente, el sexo pierde su atractivo y su poder para atraer.

¿Qué revelan los hechos? Si el problema fuera la mojigatería cristiana, si es cierto, como se nos dice, que la causa de la moral en declive es que hemos silenciado el sexo y nadie ha hablado sobre estas cosas, si lo que se necesitaba era el conocimiento de las prácticas sexuales y el conocimiento de lo que está ocurriendo en los sitios secretos de nuestras grandes ciudades, entonces Dios sabe que durante los últimos treinta años hemos tenido bastante exposición. ¿Cuáles han sido los resultados? Bueno, para empezar, no sabemos más del sexo que lo que sabíamos hace treinta años. No entendemos el verdadero sexo más de lo que lo hacíamos entonces. No sabemos más del verdadero sexo después de que el informe Kinsey fuera publicado de lo que lo hacíamos antes. Como Pablo dice, estas cosas han probado ser vacías, vanas e inútiles. En vez de detener estos abusos, se han incrementado hasta que hoy en día nuestras ciudades están inundadas de bombardeo sexual, y nuestra propia zona ha ganado la reputación por todo el país de ser uno de los centros de perversión sexual.

He aquí dos de las cinco poderosas razones que Pablo da de por qué cada tipo de licencia sexual es totalmente incompatible con la fe cristiana. Deja la postura totalmente clara. No hay lugar para duda. Si tomamos sus palabras por el valor que tienen, los cristianos no tienen ninguna elección en este asunto. Si cualquier hombre toma cualquier otra posición que la que el apóstol toma, está, de este modo, declarando que sabe más sobre la vida de lo que los apóstoles de nuestro Señor sabían y de lo que Jesús mismo sabía. La posición de los apóstoles es solo una ampliación y una explicación más a fondo de lo que el Señor mismo ha dicho. Cualquiera que tome una posición diferente está desafiando la autoridad del Señor Jesús mismo, Aquel que conoció la vida como ningún otro la ha conocido.

Cristianos, este es un tema importante, y debemos considerarlo con toda solemnidad. Estamos siendo envueltos por un maremoto de propaganda sexual diseñada para socavar los fundamentos de la moral y la fe cristiana. A menos que los cristianos estén preparados para tomar una posición en obediencia a lo que Dios ha dicho, no hay nada que podamos hacer para detener esta marea.

La historia ha mostrado que donde el evangelio de la gracia de Dios ha ido, y los hombres y las mujeres han creído este evangelio, entonces, incluso en medio de las más depravadas prácticas sexuales, islas de pureza se han creado y extendido, y han alcanzado ciudades enteras y finalmente han transformado las prácticas sexuales de imperios. Es aquí donde el poder de la iglesia radica, en la voluntad de su gente de obedecer la Palabra viva de Dios.

Oración:

Padre nuestro, oramos para que podamos hacer caso a estas importantes palabras y que las tomemos en serio, que no las leamos ligeramente como las hemos leído en el pasado, u olvidarnos de ellas y darnos a prácticas inapropiadas, a pensamientos inapropiados, a ver cosas inapropiadas. Concédenos Señor que seamos libres, abiertos y sinceros en nuestros debates sobre el sexo mismo, pero enséñanos Señor a ser conscientes de estas áreas peligrosas, estas áreas de contaminación, de degradación, de daño. Lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.