Master Washing the Feet of a Servant
El Gobernante que sirve

El destello de esperanza

Autor: Ray C. Stedman


El Dr. Carl F. Henry, uno de los más destacados teólogos contemporáneos de los Estados Unidos, dijo recientemente acerca de Jesús: "Plantó el único destello de esperanza perdurable entre la extendida desesperación de un mundo sin esperanzas". Y es de esa frase de dónde he tomado el título del estudio de esta mañana: "El destello de esperanza". Como saben aquellos de ustedes que han asistido con regularidad a PBC, hemos estado estudiando el evangelio de Marcos y hemos llegado hasta el final del capítulo diez. Pero esta mañana quiero saltar hasta el capítulo dieciséis, que además es el último capítulo, y tomar el relato de la Pascua del evangelio de Marcos. En estudios posteriores cubriremos el resto de los pasajes.

Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirlo. Muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, recién salido el sol. Pero decían entre sí: "¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?". Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, aunque era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: "No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde lo pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo". Ellas salieron huyendo del sepulcro, porque les había entrado temblor y espanto; y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. (Marcos 16:1-8)

Marcos termina ahí el relato. El pie de página de la "Revised Standard Version" (en inglés) da otro final a esta historia, que tienen otras versiones. Yo no voy a comentar al respecto en esta mañana; eso será algo que estudiaremos en una fecha posterior, pero al llegar a ese punto es donde acaba el relato de Marcos, según los mejores de los más antiguos manuscritos.

Como vemos, el relato comienza con el día más lóbrego de la historia, ese oscuro sábado en el que Jesús estuvo en el sepulcro, pero termina con las mujeres que habían venido al sepulcro saliendo de aquel lugar con un gozo inmenso, un temor reverente y una esperanza sin límites, que ni siquiera se atrevían a contar a nadie. Cuando el final del pasaje nos dice que "tenían miedo", sería una equivocación leerlo como si quisiera decir que estaban aterrorizadas o que se sentían amenazadas, porque no fue así. La palabra "espanto" en el griego original significa literalmente "éxtasis". Estaban extasiadas de pura emoción y temblando de reverencia por lo que habían oído decir al ángel en el sepulcro. Fue precisamente esto lo que hizo que estas mujeres saliesen con un destello de esperanza en medio de una humanidad sin esperanza alguna.

Quiero repasar ahora con usted este breve relato de Marcos, para ver qué fue lo que hizo que aquellas mujeres cambiasen de la manera que lo hicieron.

La historia comienza con las palabras: "Cuando pasó el sábado... ". Los otros evangelios no mencionan el sábado, pero Marcos nos da este breve relato de él. Si tenemos aunque sea un poco de imaginación, será fácil entender que aquel sábado, antes de la resurrección, debió ser el día más lóbrego que jamás hayan experimentado los discípulos. ¡Que día tan deprimente e interminable debió ser! Un día en que se habían destrozado sus esperanzas, sus sueños perdidos, sus espíritus tristes y sus corazones heridos y atemorizados. Un día verdaderamente lóbrego y triste, en el que el futuro se presentaba sombrío y lleno de presagios. Sus más brillantes esperanzas se habían venido abajo; sus más dulces sueños se habían esfumado con la muerte de Jesús. Estos discípulos, sintiéndose destrozados, sus esperanzas desvanecidas y sus sueños perdidos, intentaron vivir aquel aciago sábado sin esperanza alguna para el futuro, sin creer en la resurrección. Para ellos, cada cosa que hicieron aquel día debió ser una tortura, y cada una de las fibras de su ser debió clamar: "¿De qué sirve? ¿Para qué seguir adelante?". Fue un día que no olvidarían durante el resto de sus vidas.

Creo que algunos de nosotros nos hemos sentido de ese modo. Y ¿sabe usted una cosa? En la actualidad hay más personas que viven en un constante estado de desesperación, de falta de esperanza, simbolizada por aquel lóbrego sábado, de las que jamás hayan vivido el drama del viernes o la victoria de la Pascua. Alguien ha llamado a la actual generación "los hijos del sábado", y es un término muy apropiado. Como sabe usted, nuestras grandes ciudades americanas son, en general, inmensos grupos humanos colmados de tristeza, en los que las gentes pasan sus días en una especie de danza ritual hacia la muerte, sin esperanza ni ilusión. En un mundo en el que hay cada día menos personas que creen en Dios, la desesperación se apodera por doquier de los corazones de los hombres. La desesperación y la falta de significado nos presionan por todas partes. Ni siquiera los más optimistas profetas y videntes de nuestros días, ya sean seglares o sagrados, ven ninguna esperanza para el futuro de los asuntos de los hombres tal y como se encuentran. Somos, sin duda, "hijos del sábado".

Pero lo sorprendente de este relato es que cuando llegó el momento de poner estos acontecimientos por escrito, cuando llegó la hora en que los discípulos tuvieron que sentarse con el fin de escribir estos relatos, este lóbrego día se había de tal modo situado en un segundo plano, gracias al gozo de la resurrección, que lo más que consideraron necesario decir fue solo: "Cuando pasó el sábado... ", pues la esperanza que sentían había absorbido su desesperación.

Quiero examinar con usted el motivo por el que esto es cierto, lo que Marcos escribe acerca de este breve incidente sobre las mujeres que vinieron al sepulcro y que fueron de tal modo transformadas como para hacerles sentir esperanza en medio de la desesperación más completa.

Lo primero es que la piedra había sido removida de la entrada al sepulcro. Las mujeres se habían acercado preocupadas por lo de la piedra. Cualquiera que haya estado en la Tumba del Jardín en Jerusalén, donde creo que debió efectivamente de tener lugar este acontecimiento, sabe que la piedra ya no está allí, pero se puede ver la estrecha plataforma, en forma de ranura, sobre la cual había sido colocada la piedra, haciéndola rodar justo delante del sepulcro. Y la entrada misma del sepulcro es casi de la altura de un hombre. La gran piedra que cubría la entrada al sepulcro debió de pesar por lo menos unos quinientos kilos. Era realmente una piedra muy grande, como nos dice el relato, y era natural que a las mujeres les preocupase cómo podrían quitarla, haciéndola rodar, para poder ungir el cuerpo de Jesús con las especias y los ungüentos que habían comprado. Pero cuando llegaron, la piedra había sido ya removida.

Mateo nos dice que, muy temprano, antes de que amaneciese, había venido un ángel y la había quitado y se había sentado sobre ella. El rostro de aquel ángel era brillante como el relámpago, de modo que dejó a los guardas que montaban guardia junto al sepulcro aturdidos y consternados, quedando como hombres muertos en el suelo, y al recuperar el sentido se ocultaron en la oscuridad muy asustados. Todo eso había sucedido antes de que llegasen las mujeres.

Cuando llegaron, no había señal de nadie, y la entrada del sepulcro estaba abierta. Eso les hizo darse cuenta de que había pasado algo extraordinario, y aunque no sabían lo que había sucedido, sí se dieron cuenta de que era algo totalmente fuera de lo normal, porque había sido removida la piedra, y el sepulcro estaba abierto.

Y cuando entraron en el sepulcro se encontraron con que había desaparecido el cuerpo de Jesús. Lo que habían venido a ungir ya no estaba. Este sepulcro vacío ha sido la respuesta a los argumentos de los escépticos durante veinte siglos. Nadie lo ha podido explicar, aunque todas las generaciones lo han intentado. En la actualidad tenemos el libro escrito por Schonfield: The Passover Plot (El complot de la Pascua), como uno de los más recientes esfuerzos realizados por demostrar la falsedad de los acontecimientos relacionados con la crucifixión y la resurrección; pero esa mentira, como todas las demás, se basa en la mentira divulgada por los soldados durante el primer siglo, a los que pagaron para decir que los amigos de Jesús habían venido y habían robado el cuerpo. Nadie ha podido explicar nunca cómo sucedió esto. Que sus enemigos lo pudiesen robar es imposible de creer, porque con gusto hubiesen presentado el cuerpo. Y que lo hiciesen sus amigos resulta imposible de concebir, porque había una guardia junto al sepulcro, y la piedra había sido sellada con el gran sello de Roma.

Lo más asombroso de todo, aquello con lo que se encontraron las mujeres al entrar en el sepulcro, fue el hecho de que, a pesar de que el cuerpo había desaparecido, todavía estaban allí los lienzos mortuorios, como si todavía estuvieran colocados alrededor de un cadáver, en el lugar donde había sido colocado el cuerpo. Aparentemente el cuerpo se había esfumado a través de aquellos lienzos y había desaparecido. Era evidente que el cuerpo no estaba allí, pero la forma de los lienzos mortuorios era como si aún estuviesen colocados alrededor de un cuerpo. Los otros evangelios nos dicen que cuando estas mujeres salieron del sepulcro fueron corriendo a darle la noticia a los discípulos, y Pedro y Juan vinieron corriendo al sepulcro. Cuando entraron en él y vieron los lienzos, se convencieron de que Jesús había, efectivamente, resucitado. Nunca se ha podido explicar lo de los lienzos mortuorios. Nadie ha podido explicar satisfactoriamente los acertijos y los rompecabezas que rodean al tema de los lienzos mortuorios de la sepultura vacía.

Y las palabras del ángel a aquellas mujeres contienen la respuesta a todos los escepticismos de estos veinte siglos. Porque el ángel les dijo algunas cosas que responden a la mayoría de las afirmaciones que jamás se han suscitado al pretender poner en duda la verdad de la resurrección. Lo primero que dijo el ángel fue: "buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado. Ha resucitado". Muchos de los que intentan defender la idea de que las mujeres fueron al sepulcro equivocado o que dicen que se encontraron a la persona equivocada o que los discípulos inventaron otra persona, no al mismo Jesús, que el Jesús que había vivido y caminado a través de las páginas de los evangelios fue crucificado y todavía se encuentra en alguna tumba siria desconocida, como dijo Matthew Arnold: "Sobre su sepultura, con ojos brillantes le contemplan las estrellas sirias... ", queda claro gracias a la respuesta del ángel, que les dice a las mujeres: "Este mismo Jesús, al que conocíais de Nazaret, al que acompañasteis por las colinas de Galilea y de Judea, el Jesús que fue crucificado, al que visteis en la cruz, con clavos en sus manos y con la sangre que le corría por el costado; este mismo, al que buscáis, ha resucitado de los muertos". Eso establece la identidad de Jesús.

Entonces les dijo: "No está aquí". Es decir, "No sólo ha resucitado; es que no está aquí". Y al decir esas palabras deja muy claro que, aunque Jesús ha resucitado, existe, sin embargo, un verdadero vínculo con nuestra humanidad, y no es sólo un espíritu. No es una resurrección espiritual, sino una resurrección corporal, y el que resucitó de entre los muertos fue el cuerpo de Jesús. En la actualidad existen sectas y grupos que intentan argumentar en contra de este hecho, que afirman que lo que sucedió fue que resucitó el espíritu de Jesús y que ahora vive sólo espiritualmente, pero la Biblia defiende, de manera consistente, la proposición que fue el mismo cuerpo que fue colocado en el sepulcro, muerto, el que también resucitó de los muertos. "No está aquí". Aún es una persona, una persona humana con un cuerpo humano, transformado, es cierto, pero aún humano. Y con ese cuerpo humano resucitó de entre los muertos. Eso es lo que afirman las Escrituras. Además, dijo el ángel: "Él va delante de vosotros a Galilea". Hay una región geográfica concreta en la faz de la tierra, que conocéis bien y donde le veréis y estará allí cuando lleguéis. "Id, decid a sus discípulos que va delante de vosotros a Galilea". De manera que el ángel subraya las afirmaciones de las Escrituras en el sentido de que Jesús está vivo, que resucitó corporalmente y que se le puede encontrar en un lugar muy concreto.

La tercera cosa que dice el ángel se expresa a través de estas magistrales palabras, de las que sólo deja constancia Marcos: "Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotras a Galilea". Esta es una nota excelente. ¡Qué mensaje tan tierno y dulce! La última vez que nos encontramos a Pedro en el relato de este evangelio, se encontraba en el patio del sumo sacerdote durante el juicio de Jesús, cuando una muchachita, una mozuela, no hacía más que seguirle y decirle: "Te conozco. Tú estabas con él, ¿verdad?". Pedro no hacía más que negarlo; lo negó hasta tres veces. La última vez que la muchacha le acosó, le dijo: "Sé que eres uno de ellos porque hablas como un galileo". ¡Su acento era tan notable como lo sería el de un tejano! En esta ocasión Pedro lo negó con imprecaciones y juramentos: "¡No, no le conozco! ¡No he conocido nunca a ese hombre!". Justo en ese momento el gallo cantó, y Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: "Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces". Y la última vez que vemos a Pedro, le encontramos ocultándose en las sombras de la noche, llorando amargamente. Por eso, resulta de una gran ternura que el ángel le dijese a las mujeres: "Id y decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea". Con estas palabras "a Pedro" se le sitúa de nuevo con el grupo apostólico.

¿Qué es lo que nos dice esto? Nos dice que Jesús está a la disposición de los individuos, no sólo de las multitudes en masa, no del mundo en general o de la iglesia, sino de usted. Ponga usted ahí su propio nombre, si quiere. El hacer el acceso fácil a las personas ha sido la característica del cristianismo desde entonces. Cada uno de nosotros podemos conocerle personal e íntimamente, no sólo como una figura de la historia, ni como un Rey que ha de venir, ni en un sentido general, como podemos saber nosotros acerca del presidente de los Estados Unidos, sino en un sentido íntimo, personal, real y consciente de conocimiento, que compartimos, teniendo la comunión más íntima que es posible tener entre los hombres.

La última cosa que dijo el ángel fue: "él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo". Estas son palabras fieles, y Jesús ya había prometido que lo haría. Por lo tanto, ese hecho no debería de haberles pillado por sorpresa, porque Él les había dicho que iría delante de ellos a Galilea cuando se levantase de entre los muertos, y allí se reuniría con ellos. Lo que está haciendo el ángel, por lo tanto, es enfatizar las palabras de Jesús. Es absolutamente digno de confianza; hace lo que dijo que haría exactamente, y podemos creer en Sus promesas. Sea lo que fuere lo que dijo, también las cumplió, y podemos confiar que Él cumple las cosas al pie de la letra.

Eso fue lo que produjo el cambio en aquellas mujeres, lo que las llenó de esperanza, lo que las sacó de lo más profundo de su oscura desesperación al éxtasis tembloroso, de manera que salieron con gozo a transmitir el destello de esperanza por el mundo entero, el único destello perdurable de esperanza que el mundo jamás ha conocido.

Usted conoce bien la historia, como nos dice el relato del evangelio, que pocos minutos después, al quedarse atrás María Magdalena, con los primeros albores de la luz de la mañana, Jesús se le apareció. Al principio, ella se creyó que era el hortelano, pero cuando Él pronunció su nombre, ella supo Quién era. Al primero al que se le apareció vivo fue a María, que fue corriendo a dar las noticias, y Pedro y Juan se acercaron al sepulcro y vieron los lienzos mortuorios, y se convencieron. Y por la tarde, se apareció de camino a Emaús a dos de Sus discípulos, y ese extraño encuentro se produjo, y fue en él cuando les abrió las Escrituras y les enseñó lo que decían acerca de Él. Esa noche, en el aposento alto, donde estaban reunidos diez de los discípulos, de repente Jesús apareció en medio de ellos y se mostró a ellos vivo.

Entonces estaba Pedro presente. Jesús les había dicho que fuesen a Galilea y que Él les vería allí. Creo que eso se refiere al relato íntimo que nos cuenta Juan, en Juan 21:15-17, donde en la playa del Mar de Galilea Jesús le dice a Pedro: "¿me amas... ?", y Pedro le contesta: "Sí, Señor; tú sabes que te quiero". Y nuevamente le pregunta: "¿Me amas?". Pedro le dice: "Si, Señor, sabes que te quiero". Y la tercera vez: "Me quieres?". Y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero". Fue entonces cuando el Señor le dio su comisión, diciéndole: "Apacienta mis ovejas". Debía convertirse en pastor del rebaño de Dios, que Pedro consideró como su obra para toda la vida, desde ese momento en adelante. Por eso fue por lo que el ángel le envió el mensaje personal a Pedro, al hablar a las mujeres junto al sepulcro.

Se nos dice que una semana después, estando aún en Jerusalén, Jesús se les apareció a los once discípulos, cuando le pidió a Tomás, el que había dudado, que le tocase, que pusiese su mano sobre Sus cicatrices, y éste se convenció después de hacerlo. Juan nos ofrece la escena de Galilea que mencioné con anterioridad, en la que Jesús preparó el desayuno para Sus discípulos en la playa. Pablo nos dice que después de eso se le apareció a más de cinco mil personas de una sola vez, sobre un monte en Galilea. De nuevo, en Betania, Jesús apareció por última vez, y llevó a Sus discípulos desde Betania al Monte de los Olivos; y desde la cima de esa montaña, mientras ellos caminaban juntos, le vieron ascender a los cielos y desaparecer detrás de una nube, y ya no le vieron más. Lo que señala Marcos aquí es que las mujeres creyeron a pesar de no ver.

¡Qué maravilloso poder haber visto al Señor resucitado! Todos aquellos que le vieron fueron después considerados con un respeto y una reverencia extraordinaria por la comunidad cristiana, pero no todos tuvieron el privilegio de conseguirlo. Cuando Jesús se le apareció a Tomás, el que dudó, y le pidió que tocase las heridas en Sus manos y en Su costado, le dijo: "Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron" (Juan 20:28). Al pronunciar estas palabras estaba mirando a lo largo de los siglos, incluyéndonos a nosotros, al decir "bienaventurados los que no vieron y creyeron". Pedro escribe algo por el estilo:

Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso. (1 Pedro 1:8)

Esa ha sido la experiencia de miles, incluso de millones, desde ese día en adelante. Ahí es donde nos encontramos actualmente. No hemos visto al Señor resucitado, porque dejó el ámbito de lo visible en la tierra hace muchos siglos, pero tenemos el testimonio. Tenemos esta evidencia, todas estas pruebas infalibles acerca de las cuales habla Lucas, que son convincentes para el intelecto y que animan a nuestras emociones, para despertar la esperanza dentro de nosotros, de la misma manera que fue despertada la esperanza por la palabra dicha por el ángel a aquellas mujeres.

Esto nos trae al punto final: si le invita usted a este Señor resucitado a que entre en su vida y en su corazón, también usted le conocerá, le sentirá, y estará presente en su vida. La pregunta que tenemos ante nosotros al final de este mensaje de Pascua es: ¿Dónde se encuentra usted? ¿Ha aprendido a adorar al Señor resucitado? ¿Le ha encontrado usted con el fin de pedirle que entre en su vida y en su corazón y que le cambie? Eso es lo que hace que la vida sea diferente; es lo que hace que haya gozo en su corazón y ponga una sonrisa en su rostro. Eso es lo que hace que el cristianismo sea realmente el cristianismo. No es más que un ritual vacío, sencillamente un dogma religioso, sin la experiencia de un Señor resucitado y vivo.

Quiero compartir con usted un relato que me ha contado esta semana un amigo mío, llamado Jay Kessler, presidente de Juventud para Cristo Internacional. Me dijo:

No he visto nunca un ejemplo más claro del milagro del poder de la resurrección de Dios que el que se produjo en la vida de Lonnie Chapman. Cuando Lonnie no era más que un niño robó en la tienda de comestibles, porque sus padres se negaron a darle de comer. Le pegaron una paliza, le encerraron, y su padre, que era un alcohólico, le maldijo. A la edad de doce años fue testigo de cómo su padre violaba a su hermana de diez años, y en una ocasión su padre intentó matarle con una viga de madera. En otra ocasión su padre le rompió los dedos con un ladrillo, pero Lonnie sobrevivió. Abandonó los estudios, viajó por muchos lugares y acabó en California, donde formó equipo con un amigo que se llama Galen, que le ayudó a convertirse en un ladrón y un asesino. Después de haber robado en una docena de gasolineras, Galen, Lonnie y otro hombre robaron en una gasolinera de California. Secuestraron al que trabajaba en la gasolinera, para que no llamase a la policía, le llevaron en el coche al campo y le ataron con un cordón eléctrico. En ese momento, según cuenta Lonnie, se enfureció Galen y gritó: "¡Mátalo! ¡Mátalo!". Según Lonnie, no quería hacerlo. Disparó el rifle al suelo, junto a l os pies de la víctima. Galen le gritó: "¡No le has matado, no le has matado! Temblando y temiendo por su propia vida, Lonnie se acercó a donde estaba la víctima impotente y le disparó. Le pegó un tiro con el rifle en la cara y otro en la parte baja de la espalda, y acabó con su vida. Lonnie se encuentra actualmente en la cárcel, cumpliendo cadena perpetua por asesinato en primer grado. No quiero decir que la tragedia de Lonnie sucedió sólo porque le influenció Galen, pero la influencia está ahí.

Más adelante y estando ya en la cárcel, Lonnie conoció a otra clase de amigo, a Rod Burke, que forma parte del personal de Juventud para Cristo, que le habló a través de una retransmisión radiofónica. Lonnie le escribió a Rod, y éste fue rápidamente en su coche a visitarle, llevando bajo el brazo un Nuevo Testamento para regalárselo a Lonnie. Jóvenes adolescentes y cristianos comenzaron a apoyar con sus fervientes oraciones las visitas de Rod, y Lonnie se leyó aquel Nuevo Testamento de la primera hasta la última página. En la actualidad, en el informe de libertad condicional de Lonnie, se encuentra esta curiosa y cuidadosamente escrita frase: "A juzgar por las conversaciones mantenidas con el acusado, y cartas procedentes de varios lugares, parece ser que, efectivamente, el acusado ha pasado por una experiencia de conversión cristiana. ¡No se queda corta la frase ni nada! Incluso en la celda de la cárcel es posible ver la transformación que se ha producido en la vida de este joven. Tiene paz interior, ha recibido el perdón y no siente la más mínima amargura. Sabe que es posible que pase el resto de su vida en la cárcel, pero, a pesar de ello, ha encontrado significado y propósito a su vida. Da testimonio al resto de sus compañeros de la cárcel y les ha regalado Nuevos Testamentos a todos ellos. Escribe cartas a personas a las que cree que puede ayudar. Si le pregunta usted, le contará que ha nacido de nuevo y que tiene una esperanza viva, gracias a la resurrección de Jesucristo, y con eso basta. Es todo lo que necesita, incluso estando en la celda de una cárcel.

Estoy seguro de que aquí en esta congregación podríamos encontrar un testimonio paralelo, posiblemente una docena de ellos. Aquellos de ustedes que estuvieron aquí en el culto del Viernes de Pascua saben que dos o tres personas compartieron su testimonio y dijeron que habían conocido al Señor Jesús el año anterior aquí mismo en el culto de Pascua, cuando entendieron este fabuloso rumor o destello de esperanza que comenzaron aquellas mujeres en Jerusalén: Jesús está vivo, disponible, y Él hará lo que ha dicho que haría. Y esta es Su promesa. Él dijo: "Yo estoy a la puerta [del corazón] y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo" (Apocalipsis 3:20). Esa es Su promesa, y Él hace lo que ha dicho que hará. Millones de personas están descubriendo actualmente este gran hecho: que Él puede cambiar una vida y que, a pesar de las circunstancias, aunque sean sombrías y desesperadas, puede llenar el corazón de gozo, de paz y de gloria, haciendo de nosotros personas nuevas.

Al llegar al final de este culto, los que nos reunimos aquí semana tras semana esperamos y pedimos en oración que esta sea su experiencia hoy. Tal vez algunos de ustedes no han sabido nunca lo que significa el mensaje de Pascua. Va dirigido a ustedes, para que puedan hallar la paz, el gozo, el perdón y la esperanza de un Jesucristo vivo, que vivirá en su vida y en su corazón y puede darle a usted vida. Le invitamos, al concluir en oración, a que diga usted en su corazón: "Señor Jesús, entra en mi vida". Ábrale la puerta y dígale: "Entra, lléname y tómame". Puede que haya sido usted una persona religiosa, puede que se haya criado en un hogar cristiano, pero que no haya encontrado todavía al Señor vivo. Su presencia es lo que hace la diferencia entre la muerte y la vida, las tinieblas y la luz.

Oración

Señor Jesús, te damos gracias porque eres, verdaderamente, lo que prometiste ser: un Señor vivo, un Dios omnipotente, fuerte, poderoso, compasivo, tierno, misericordioso, lleno de gracia y perdurable, y porque puedes entrar en nuestras vidas y puedes empezar a tomar todos los hilos de nuestra desesperación, y puedes tejer nuestras vidas y recomponerlas con tu amor, sacándonos de las tinieblas a la luz, de la desesperación a la esperanza, de la muerte a la resurrección. Te pedimos que muchos, en estos momentos, en el silencio de sus corazones, te pidan en oración que hagas en sus vidas lo que prometiste hacer, para que también esas personas puedan nacer de nuevo a una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Te damos gracias en Tu nombre. Amén.